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Yo soy cazador de trofeo

Corzo fotografiado por una trail cam.

Al igual que el corzo de la fotografía ante el ojo crítico de la trail cam, estoy un poco sorprendido. Asisto últimamente a comentarios que parecen dejar caer que la caza de trofeos no es el camino, no está bien vista, la sociedad no la comprende o no es lo que se lleva actualmente. Vamos a ver si me explico de manera clara y concisa.

 

Soy cazador de trofeo, entre otras cosas porque el lance y las íntimas sensaciones que la caza nos transmite, las siento como cualquier otro tipo de cazador que no busque el trofeo, a las que uno el reto de la presumible dificultad que supone dar caza a un animal en su momento más álgido físicamente y, por extensión, con todos sus sentidos e instintos desarrollados en su máxima expresión, lo que supone más dificultad. Si a eso le sumamos escasez y hábitat complicado, “miel sobre hojuelas” para mi forma de entender la caza.

 

Cazo también por gestión, encaminada ésta a la mejora genética de la especie y, por extensión, a mejores trofeos en el futuro. Lo uno va parejo de lo otro, porque mi búsqueda de trofeo lleva aparejada la eliminación de defectos físicos y genéticos en la especie, lo que es ideal desde el punto de vista biológico en la perpetuación de una especie más sana.

 

Intento, además, repartir el cupo anual entre hembras y machos, y animales jóvenes, adultos y viejos, de tal manera que no se creen lagunas de edad y sus consecuencias. Sobra también decir que ayudo a regular densidades de población con incidencia en daños a la agricultura, ganadería, accidentes de tráfico, etc.

 

Explicado esto, parece que estamos en la necesidad de tener que justificarnos de lo que hacemos ante alguien, entiéndase sociedad anticaza, ecologistas, naturalistas..., colectivos éstos que seguramente, por mucho que les expliquemos e intentemos justificar, nunca van comprender nuestra pasión, y aunque la comprendan, nunca la van respetar.

 

Óscar Garriga con un espectacular corzo gallego.

 

Mi labor como cazador es satisfacer mis instintos (genéticamente atávicos) y cazar de manera legal, ética y digna, y a partir de ahí, tener el convencimiento moral de que estoy haciendo algo correcto y positivo para la especie, el medio ambiente y la sociedad. Como cazador de trofeo cuando es menester, y de gestión desde distintas perspectivas e incidencias cuando toca, estoy plenamente convencido de que así lo hago.

 

Y ciñéndome al motivo de este post, un animal de trofeo ya ha dejado sus genes más que de sobra en su área de campeo, por lo que no es necesario dejarlo “pasar de vueltas” para que siga haciéndolo. Cosa distinta es que los abates del Tecor sean todos de trofeo, en cuyo caso podrían crearse lagunas importantes en los rangos de edad, pero repartiendo los abates de manera ordenada y equilibrada, y dando preferencia a los jóvenes selectivos a la hora de extraer, estoy más que convencido de estar haciendo lo correcto, tanto o más que aquéllos que me critican por hacerlo así. A los resultados aquí, en Galicia, año tras año me remito.

 

Me siento orgulloso de ser cazador, lo proclamo siempre que puedo, lo llevo conmigo allá donde quiera que estoy, no me escondo de ello, tampoco me escondo de salir en fotografías con animales cazados, no necesito justificarme de lo que hago, ni tampoco estoy dispuesto a renunciar a lo que soy. Estoy plenamente convencido de practicar una actividad con múltiples consecuencias positivas en la sociedad, en la naturaleza y en las especies que cazo. También cuando cazo por trofeo. Lo mismo que aquéllos que lo hacen por otras razones, y lo hacen dentro de la legalidad, ética y dignidad de la caza verdadera. Principios éstos que le otorgan validez a cualquier tipo de caza.

 

Pretender establecer unas normas de conducta a la hora de apretar el gatillo, teniendo en cuenta la multitud de parámetros que tienen incidencia en la caza, me parece una temeridad pero lo respeto. Hagamos todos lo mismo.

 

Nota. Sigue a Óscar Garriga en su cuenta de Instagram (@garrigaoscar).