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Para cazar codornices cada uno tiene sus preferencias en cuanto a rapidez del perro

La velocidad del perro, importa

Acostumbrados a ver el espectáculo de los perros más rápidos, muchos cazadores acuden a buscar determinadas líneas muy fuertes y ansiosas de caza como mejor opción para tener un buen perro de codorniz.
perroscodorniz9711g La velocidad del perro, importa

Pointers y setters son los más buscados en este aspecto, aunque en estos últimos años los bretones están destacando igualmente por la velocidad (no sé de dónde la habrán sacado...) que tienen, impropia de los bretones de hace años, cuando, digo yo, había más en manos de cazadores-cazadores.
A lo que vamos, la codorniz, ¿puede cazarse con perros rápidos?, ¿es adecuado mantener un ritmo de búsqueda elevado para cazar codornices en los terrenos habituales? Respondamos por partes, que esto es algo complicado y hay que matizar. Lo que está claro es que el perro debe realizar una búsqueda efectiva y mantener una velocidad acorde a su capacidad para detectar emanaciones, eso siempre. Partiendo de ahí, si cazas codornices en zonas muy templadas y calurosas, si el terreno es básicamente de huertas, parcelas de maiz o girasol, si el monte guarda también codornices, lo ideal desde luego no es un perro que cace rápido, aunque pueda ser tu “mejor elección”, pues va a tener que estar variando continuamente su ritmo, esquivando obstáculos, y puede acabar por no entrar en lo más intrincado, pues ha de bajar mucho el paso.

Para emplear un perro de búsqueda amplia y algo rápida (recordemos que estamos cazando y que la jornada dura más de quince minutos) hay que tener en cuenta que debemos cazar en terrenos adecuados para ello, rastrojos abiertos, extensos, zonas donde la codorniz coma y duerma en el rastrojo y donde el perro pueda poner en práctica su forma de trabajar sin trabas. Por eso siempre se ha dicho que los perros ingleses eran los mejores para la zona más cerealista de la España codornicera, y se ha dicho con razón porque pointers y setters cazan maravillosamente bien, y sin alterar su estilo, allí donde pueden mantener una dinámica de busca rectilínea en el laceo, sin tener que recortar continuamente para salvar obstáculos.

Sin embargo, para los terrenos donde hay mucha lindera, arroyos, bancales, parcelas de perdido, maizales y campos de girasol, el perro muy rápido tiene desventaja con perros que, aun de la misma raza, son más dados a un ritmo más bajo, alegre pero sin excesiva velocidad, pues estos perros, más templados, pueden adaptarse mucho mejor a la configuración del cazadero.

Y yo uno que cace debajo de la escopeta

Ahora vamos a la otra cara de la moneda, a quienes buscan un perro que cace cerca o muy cerca y que nunca se aleje más de lo que alcanza de forma efectiva la escopeta. Esto es complicado por dos motivos; porque un perro de poco recorrido en la búsqueda será un perro que saque menos caza, y porque nosotros nos volvemos demasiado “amarrones” con los lances y coartamos al animal para que no se salga nunca de esa distancia, tal vez la más cómoda para tirar, pero la menos efectiva para localizar caza. Pensemos que de donde no hay, poco podemos sacar, pero que de donde hay en exceso, podemos recortar algo; esto viene a decir que si buscamos un perro demasiado corto y escaso en cuanto a amplitud en la búsqueda, nos estamos limitando para muchas temporadas buscando solamente la comodidad y no la efectividad.

Un buen perro de codorniz debe mantener un ritmo alegre, de ida y vuelta, de zigzag, de sacar recursos en función de lo complicado que esté el día; los perros listos muchas veces cambian de ritmo de búsqueda cuando notan que no detectan rastro en buena parte del cazadero y amplían su distancia para intentar localizar alguna pieza. Un perro “cortito” esto no lo hará nunca. Vínculo, ése es el misterio y el punto de equilibrio entre ritmo y efectividad; si nuestro perro mantiene una velocidad buena, que le permita cazar con alegría y amplitud suficientes, y si nosotros somos capaces de acompañarlo en la caza de forma que podamos tirar las piezas que él muestre, entonces esa velocidad será adecuada. Pero si basamos nuestra expectativa de caza en el hecho de que el perro nunca vaya más allá de los quince metros, entonces las limitaciones que nos imponemos incidirán directamente en nuestra evolución como cazadores (que no se producirá), y posiblemente cazaremos menos -y de forma menos emocionante- que si tuviésemos un perro con más garbo y alegría.

Yo no soy de perros rápidos, lo reconozco, pero admito que el perro debe tener mucha alegría en la caza, y seguramente en más de un momento se salga de la “buena distancia”, pero esto es simplemente una acción de su duro trabajo, ya que lo hace porque siente que debe elevar el ritmo para intentar así encontrar caza. Lo hace para cazar más para nosotros, pensemos en ello. Un buen perro de codorniz no debe ir con el cazador talonándolo, eso nunca, pues es claro síntoma de mucha tendencia al rastro o de poca alegría de nariz, por lo que por cada codorniz que detecte, seguramente dejará muchas alrededor sin tocar, y eso no se puede calificar como una prestación de calidad en el mundo de la caza con perro.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).