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Los 10 secretos para lograrlo

Cómo ser un buen adiestrador

Muchos son los aficionados a los perros interesados por el adiestramiento de los mismos, con bastantes cazadores que deciden adiestrar personalmente a sus canes. Para ellos y para los que estén pensando hacerlo, aquí va el decálogo del buen adiestrador.
Reportaje_Adiestrador_G Adiestrador y perro en una sesión de entrenamiento.

1. Conocimientos y experiencia. La formación es una de las facetas que más está emergiendo hoy en día. Creo que los adiestradores noveles se preocupan mucho más que hace años, donde eran la experiencia y el día a día los elementos que moldeaban a los grandes adiestradores y conductores. Un buen conocimiento de los utensilios y de los sistemas de educación ayudará a que los primeros contactos con el adiestramiento práctico sean menos traumáticos para los perros y permitan que la experiencia vaya creciendo poco a poco.

2. Paciencia. El trabajo con animales requiere de un estado emocional estable, ya que transmitir al alumno nuestras instrucciones desde una situación mental homeostática hará que el alumno participe más del aprendizaje. Hay momentos en los que la cabezonería del perro o nuestra falta de recursos harán difícil el aprendizaje de ciertas conductas, provocando una ruptura de nuestro estado emocional.

3. La imaginación. Hay ocasiones en las que el adiestramiento requiere de nuevas ideas que puedan ayudar al alumno a concebir aquello que queremos explicarle. La imaginación nos puede llevar a conseguir los objetivos por distintos caminos; los investigadores basan mucho su trabajo en esta característica, y los adiestradores no dejan de ser pequeños -¿o grandes?- científicos.

4. Ser resolutivo. Saber controlar las situaciones con rapidez y decisión será clave para salir airoso. Lo cierto es que la palabra timming lleva aparejadas las diferencias entre un buen adiestrador y otro malo. Solucionar un problema en nuestro perro es muchas veces cuestión de segundos y de decisiones resolutivas, que en caso de duda empeoran el problema y lo hacen doblemente grave.

5. Adaptabilidad. Adaptabilidad en dos sentidos: primero, porque cada perro tiene unas características temperamentales distintas, y segundo, porque cada pieza de caza tiene una manera de cazarse. Así las cosas, el adiestrador que adiestra a un perro de unas sensibilidades para cazar la becada, ha de trabajar de una manera distinta que cuando adiestra a otro perro de otras sensibilidades para cazar la perdiz en la estepa. Es importante reconocer las sensibilidades del alumno de forma previa al enfoque del método a usar; adelantaremos en el trabajo si estamos certeros en la correcta elección.

6. Empatía. Se trataría de la capacidad de ponernos en el lugar de aquél con quien tratamos de comunicarnos y de hacernos cargo de su sensibilidad emocional. La empatía optimizará nuestros resultados porque entenderemos la dificultad de lo aprendido y lo valoraremos mucho más.

7. Justicia. Al tratar con seres vivos, debemos tener en cuenta el estado emocional y la salud del perro. Una falta de proteínas en la alimentación, una carencia de vitaminas o un estado general de ansiedad bloquearán la capacidad de aprendizaje de nuestro perro, provocando problemas de estabilidad emocional e incluso enfermedades como el estrés. Por ello, el buen adiestrador ha de ser justo a la hora de exigir al perro según su capacidad y su estado de salud, ya que un buen ritmo de trabajo conduce a un buen nivel de resultados.

8. Constancia. Cuando comenzamos un trabajo, debemos continuarlo con constancia, es decir, los parones no ayudan en el aprendizaje. Fijarse unos objetivos de trabajo y cumplirlos de forma constante marcarán el éxito de nuestro resultado. Incluso cuando el alumno está cansado y notamos que su capacidad de aprendizaje se encuentra limitada por exceso de información en sesiones anteriores, una sesión de recreo y de liberación será necesaria, porque abrirá las puertas a seguir enseñando en jornadas venideras.

9. Consistencia. Debemos exigir al perro que realice los ejercicios que ya sabe y que se le piden. Uno de los mayores errores de la gente que trabaja con perros es el de dar por sentado que el perro ha realizado un ejercicio, cuando aún no lo ha terminado de hacer. Así pues, una llamada termina cuando el perro hace contacto con el conductor, no cuando vuelve y se queda a un metro de él. Un perro se sienta cuando sus posaderas descansan en el suelo, no bastando con botar en el mismo. Debemos terminar los ejercicios para obtener resultados seguros en momentos de distracción alta.

10. Carácter simpático. Creo que es fundamental para afrontar con optimismo las frustraciones que en un momento dado puedes llevarte con el resultado del trabajo de los alumnos. Muchas veces el aprendizaje te pone a prueba al minar tus emociones, siendo entonces cuando debemos actuar de forma relajada y, en ciertos momentos, hasta cómica para poder retomar con garantías la vuelta al trabajo con un animal que provoca desesperación.

(Texto y fotos: Amando D. Domínguez)