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Adaptación al medio acuático y entrenamiento

Trucos y claves del cobro en agua

A partir de estas fechas, con aguas naturales más calientes y someras, es buen momento para empezar a introducir a nuestro perro en ese apartado tan importante del adiestramiento llamado cobro en agua.
Cobro_Agua_G Haremos ver alumno que no existe peligro y para ello entraremos en el agua nosotros mismos.
Habrá de ser un trabajo constante en forma de juego para que luego, en pleno mes de noviembre o diciembre, no se nos quede cara de idiotas al ver cómo ante un azulón o una perdiz flotando en las frías aguas, el perro rehúsa entrar en ellas para llevar a cabo el cobro de la pieza abatida.

Familiarizarse con el medio acuático

  1. Dejar a un lado el miedo. Frente a un medio desconocido, el perro responde con inseguridad y ansiedad al no controlar su cuerpo ni sus movimientos. Acabar con el miedo ha de ser algo progresivo, evitando en lo posible cualquier experiencia traumática y trabajando de manera lúdica y positiva. El perro nunca ha de sentirse forzado y trabajará de forma voluntaria a través de incentivos.
  2. Aceptar la variación térmica. Ante un cambio desagradable de temperatura la respuesta más habitual del can será la de rechazo. Cada perro responde de una manera distinta ante el frío, aunque son frecuentes aquéllos cuya negativa al baño tiene más que ver con la sensibilidad corporal que con la emocional.
  3. Aprender a respirar. Muchos ejemplares tragan agua, tosen, silban, se agotan... Con el trabajo y la experiencia dominarán la respiración y mantendrán un ritmo constante cerrando la boca y respirando entre el posterior de las comisuras y alargando la nariz para captar el rastro.

Entrenamiento

  • Es preciso elegir un lugar adecuado para llevar a cabo la iniciación. El primer contacto debe ser un sitio de agua somera donde el cachorro pueda corretear y pisar sin hundirse repentinamente. Y es que un primer susto puede ser suficiente para sensibilizarlo en contra del agua.
  • Haremos ver alumno que no existe peligro y para ello entraremos en el agua nosotros mismos. Dejaremos que nos siga voluntariamente sin excesivos requerimientos porque podemos promover el efecto contrario al buscado. Estimularemos al cachorro arrojándole objetos al agua cuya recogida le motive, aunque empezando con distancias cortas, donde pueda hacerse con ellos sin necesidad de flotar.
  • Nos podemos servir de perros experimentados en el cobro en agua para que el alumno, al observarlos, se guíe con confianza e intente emularlos.
  • Nunca lanzaremos al agua a un cachorro con la intención de forzarle a comprobar la ausencia de peligro. Esto generará en el perro una situación de pánico que difícilmente olvidará. Tampoco lo arrastraremos con la correa hacia el agua o lo abandonaremos en la orilla opuesta de un riachuelo cuando aún duda de entrar.
  • Preferiblemente elegiremos una estación cálida para las primeras sesiones con objeto de evitar una impresión fría y negativa. Cuanto más caluroso el día, mejor, pues la sensación de frescor para un animal acalorado es el mejor estímulo. Buscaremos riberas lentas, sin fuertes torrenteras que pudieran arrastrar al perro. También evitaremos orillas farragosas con vegetación ribereña en las que el perro pudiera enredarse y asustarse.
  • Lo ideal es trabajar una estimulación precoz en el medio. Hacia el tercer o cuarto mes, los perrillos ya estarán en condiciones de corretear por la orilla y de experimentar con pequeños chapuzones.
  • Si estamos ante un perro con cierta experiencia en la caza, será de gran ayuda efectuar una detonación al aire para estimularlo a entrar al agua.
(Texto: R. V. Corredera / Fotos: A. D. Domínguez)