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Tres preguntas a la hora de comprar un perro de caza

Ricardo Vicente Corredera nos propone tres preguntas que debemos hacernos antes de lanzarnos a adquirir un nuevo perro de caza. Al ser el can uno de los protagonistas del lance en la caza y generador de emociones, el cazador no quiere errar en su elección.
Perros de caza

Sacar un perro adelante supone una inversión en costes y dedicación considerables hasta que por fin cuaja, y eso cuando lo hace satisfactoriamente. Porque, ¡cuántos aficionados entran en la frustrante rueda de la desfortuna! Es decir, en la vuelta a empezar tras fiascos reiterados y temporadas perdidas envidiando el buen hacer del mayordomo cuadrúpedo del compromiso.

Pero difícilmente este compañero dio con el can soñado por el azar. Seguramente antes de adoptar al cánido reflexionó acertadamente sobre las tres preguntas clave que todo aficionado debe responder si quiere minimizar la posibilidad de volver a fallar.

¿Cruzado o puro?

Mucho se ha hablado sobre el “vigor híbrido”. Este término técnico defiende una mayor fortaleza inmunitaria de los perros cruzados y una menor tendencia a presentar ciertas taras genéticas arraigadas en muchas líneas puras donde la consaguinidad ha sido la base de la selección.

Si bien esto es cierto, también lo es el hecho de que el potencial cliente puede prevenir el problema exigiendo al criador la constatación de que sigue un protocolo minucioso de chequeo de displasias, problemas oculares, cardiopatías, alergias, etc., en su cabaña de cría.

He conocido garabitos, ratoneros, mixtolobos, capaces de poner el monte patas arriba y que no dejaban una alicorta en el campo. Pero qué duda cabe que debemos defender la pureza de raza por varias razones: eficiencia, especialización, estética y homogeneidad en el comportamiento. Un híbrido siempre será un albur y un sujeto poco fiable para la cría, ya que su producto así mismo será una incógnita.

¿Adulto o cachorro?

Si queremos asegurar el resultado la respuesta es evidente: el adulto. Un perro de más de un año no engaña. Pero no nos precipitemos en su adquisición, una sesión artificiosa de un ratillo en un campo intensivo donde el vendedor colocó un par de codornicillas atolondradas puede tapar muchas conductas indeseables, que sólo se evidencian con la caza real por delante. Probemos al perro en condiciones reales y acordemos un periodo razonable para constatar su potencial y efectividad.

Pero decantarse por un cachorro también tiene sus ventajas. Muchos cazadores escarmentados ante la oferta de un perro adulto “estrella” se acuerda del refrán que dice: “cuando el botero vende la bota, o sabe a pez o está rota”.

El buen criador rara vez se desprende de los mejores ejemplares y, aunque es verdad que todo tiene su precio, suelen mantenerlos para su prestigio y la consolidación de sus castas.

Un cachorro siempre deja una puerta abierta a la fortuna. Por muy ‘fino’ que el criador sea seleccionando al mejor de entre el seno de la tierna camada, a menudo se le escapa en un análisis precipitado y cae en manos del avispado o afortunado cliente.

Por otro lado, el cachorro es un ser moldeable, que en cierta medida podemos hacer a nuestra medida desde sus primeros pasos y disfrutando de ese encantador proceso constructivo para ambos, dueño y perro.

Lo que sí aconsejo es que a la hora de elegir un cachorro de la camada no ahorremos tiempo y minuciosidad, y si el criador pone trabas en ello, desconfiemos.

¿Macho o hembra?

Personalmente respondo a este interrogante con una respuesta pragmática: un buen ejemplar. La experiencia me ha ido despojando de innumerables prejuicios y tópicos al respecto.

A mí lo mismo me da, aunque me enamora la sutileza, empatía, expresividad y reflexión que muchas féminas transmiten incluso en una mirada; y me impresiona la fortaleza, belleza, capacidad resolutiva y arrojo de otros tantos machos. Lo que siempre busco es un buen perro o perra.

Pero no podemos obviar ciertos rasgos del carácter que sí influirán en la conducta del animal, condicionada por las hormonas, la testosterona y los estrógenos son los más influyentes como sabemos todos.

Así los machos tipo son más dominantes, independientes y activos por lo que se muestran más pendencieros, protectivos, distraídos, tardan más en asentar su carácter y tienden a la distracción y la excitabilidad demandando más control.

Las hembras, más apegadas, sensibles y mentalmente más frágiles, presentan el problema (si no tenemos objetivos de cría) de los celos, que además del efecto de molestia por el aislamiento necesario en este periodo o la preñez indeseada por accidente, conlleva cambios conductuales por oscilación hormonal.

¿Qué si es cierto que las hembras son más precoces y rompen antes a cazar? En muchas ocasiones así es. Pero no por causa de un mayor potencial cognitivo o cinegético, sino por una cuestión de sincronización con el proceso más largo de desarrollo general de los machos y por influencia de la dispersión mental que experimentan los machos en la pubertad y adolescencia, dos periodos en los que mantienen un interés en conductas jerárquicas, territoriales, sociales y sexuales más acusados que las hembras.

Los machos asimismo son más sufridos por lo general a la hora de bregar en terrenos farragosos, espinosos, o de afrontar el trabajo en el agua debido a una sensibilidad corporal más baja.

Las hembras por su parte son más prudentes ante la presencia de la caza y menos impulsivas, por lo que su adiestrabilidad aumenta. Al ser más contenidas y de menor peso son más ágiles y con frecuencia se dosifican mejor, fatigándose más tarde.

Todos estos apuntes son generalizaciones, encontrando individuos atípicos en uno u otro sexo, pero sirven como orientación a la hora de buscar un auxiliar compatible con nuestro propio carácter y nuestras maneras en el cazadero.

En lo que nunca debemos caer es en la extendida tendencia a hacerse con un macho llevado por la búsqueda de un compañero que impresione por su estampa viril y que nos adorne en el paseo con la correa. Si esta es nuestra prioridad estamos abocados al fracaso práctico.

(Por Ricardo Vicente Corredera (www.barking-up.com) Fotos: Shutterstock y Archivo).