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Todos los pasos hasta llegar a la caza real

Podenco andaluz y adiestramiento

El podenco andaluz no es un perro que soporte mucha presión de adiestramiento. Ese lado salvaje que tiene, que es su mejor baza a la hora de cazar y que le hace rechazar la excesiva presión, debemos dejárselo casi intacto.
Adiestramiento_Podenco_G Cachorro de podenco andaluz durante un campeo.

Los objetivos primordiales que debemos fijarnos son únicamente la obediencia a la llamada e inculcarles el concepto de que somos el jefe de su grupo. El jefe nunca va tras uno de sus subordinados para quitarle una pieza, por ejemplo; es el subordinado el que debe portarle la pieza al jefe. Y, además, con presteza. Hay que aprender a ser jefe. Podemos perder jerarquía tanto por ser demasiado blandos y cariñosos, como por ser excesivamente duros y castigar desproporcionadamente o a destiempo, sin que el cachorro comprenda claramente el motivo.

Obedecer a la llamada

La mejor manera de que el cachorro acuda a la llamada es llamándolo a la hora de comer, ejercicio que debe hacerse individualmente con cada cachorro. En su defecto, si no se dispone de tiempo para realizar esta rutina, hay que recurrir al sucedáneo del premio con golosina y caricias cuando el cachorro acude a nuestra llamada. No debemos ser insistentes en este aspecto. Con practicarlo las dos o tres veces al día que debe comer un cachorro sería suficiente. Huyamos del atosigamiento y planteemos las cosas con naturalidad y a su debido tiempo.

En el campo

Una vez el cachorro está correctamente desparasitado y vacunado, podemos empezar a sacarlo al campo, para que se ejercite y se acostumbre progresivamente a las dificultades y desniveles del terreno. No debemos llamarlo cuando está campeando, hasta que hayamos comprobado que el cachorro tiene totalmente asimilada la orden de llamada con los ejercicios de casa. Es contraproducente provocar la desobediencia natural que se daría cuando llevamos al ‘niño’ al parque e intentamos llamarle cuando más distraído está. Simplemente, lo recogeremos en una de las veces que se acerque a nosotros cuando llegue la hora de irse. Un ejercicio muy adecuado para afianzar que cace para nosotros consiste, cuando veamos que se aleja en exceso en los campeos, en ocultarnos o cambiar de dirección para que nos busque. Esta acción tiene sentido si previamente hemos creado al cachorro esa dependencia que se consigue a base de contacto bien orientado. Si lo que hemos hecho es dejarlo en la perrera simplemente, poca necesidad tendrá el animal de buscarnos.

Correr piezas y detonaciones

Cuando en sus campeos el cachorro ya ha tenido oportunidad de correr alguna pieza salvaje (deseable) o, en su defecto, se lo hemos provocado nosotros con un animal de granja (poco deseable), podemos, con el auxilio de una detonadora, simular un disparo cuando el perro está ensimismado en la persecución de una pieza y la lleva a la vista. Si pretendemos que nuestro cachorro se integre en una recova, los campeos deben alternarse en solitario, para que desarrolle su iniciativa, y en grupo, con los adultos más dóciles y de cazar más cercano, para que vayan fijando su papel en dicho grupo.

Caza real

A partir de que el joven ya ha corrido piezas y ha escuchado detonaciones, estaría en condiciones de sacarlo en caza real. Los tiempos ideales de este proceso serían que el cachorro hubiera nacido al comenzar la veda, para que al arranque de la siguiente temporada tenga siete u ocho meses de edad y ya se encuentre, tras el proceso explicado, en condiciones de sacarlo a cazar.

(Texto: M. Pedrosa / Fotos: Maite Moreno y J. M. G.)