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Causas, reacciones y prevención

Los perros y el miedo a los tiros

El miedo a los tiros que sufren algunos perros es un comportamiento fóbico ante un sonido de gran intensidad y de naturaleza desconocida para el perro que puede desembocar, en último extremo, en el bloqueo corporal y emocional.
Miedo_Tiros_G Cazador a punto de disparar a una perdiz y perro con claros síntomas de evitar la situación por miedo a los tiros.

En este caso, como en otros muchos, es preferible prevenir que curar, ya que estamos ante un episodio de difícil solución, de ahí que la pronta detección de la patología sea de vital importancia, pues la angustia inicial del cachorro, sin un tratamiento adecuado, podría transformarse en una auténtica fobia con el paso del tiempo, algo que indudablemente descorazona al aficionado.

Fuentes del problema

  • Externas. Cuando en la aparición de ese miedo a los tiros existe una causa que lo desencadena, además del estímulo sonoro. Puede ser que un perro equilibrado experimente un suceso traumático relacionado con la detonación, por ejemplo una perdigonada accidental, y reaccione a través del miedo a los disparos. También está demostrada la reactividad temprana a ruidos violentos por parte de los perros en el seno de la madre, sensibilización que puede acentuarse durante la lactancia, etc. Es por ello que resulta aconsejable extremar las precauciones en la emisión de ruidos en el lugar de crianza. Así mismo, la estancia prolongada en la perrera es otro factor desencadenante del miedo a los disparos porque al perro se le priva de la posibilidad de habituarse progresivamente a los ruidos. Esto, a su vez, podría dar lugar al “síndrome de las perreras”, que define a los perros tímidos y suspicaces propicios al trauma sensorial. Sin un proceso previo de acostumbramiento al tiro cabe la posibilidad de que muchos perros  se ‘rompan’ ante una intensa sesión de tiros en su primera jornada de caza. Nunca esperaremos a la primera salida cinegética del perro para averiguar su reacción a los disparos.
  • Internas. Fruto de la transmisión biológica, como consecuencia del patrimonio genético heredable de padres a hijos. Aquí entra en juego un apasionante campo del que todavía queda mucho por conocer: el código genético del perro. Es más que probable que jamás se llegue a identificar el “gen del miedo a los tiros” como tal y aislado, ya que este temor no suele presentarse como una conducta aislada, sino que suele asociarse a cualquier otro sonido fuerte e intimidatorio. El perfil temperamental reconocible que puede poner en alerta a los educadores estaría compuesto por gran sensibilidad general; sensibilidad auditiva alta; mucha reactividad; nerviosismo y excitabilidad; y aprensión, inseguridad, desconfianza, baja adaptabilidad y sumisión. La reunión de varios o de todos estos rasgos predispone claramente al miedo a los tiros.

Tipos de reacciones

Según el grado y origen de la fobia, el perro de caza puede reaccionar de diversas formas:
  1. Buscar un elemento tranquilizador. El perro se niega a trabajar y se limita a acompañar al cazador.
  2. Evitar la situación. El animal se oculta ante la visión del arma o de la pieza, anticipando el tiro. Esto ocurre a través de una asociación negativa mediante la cual el perro rememora situaciones traumáticas vividas.
  3. Huir. Cuando el perro reacciona escapando tras el disparo, buscando alejarse y ocultarse.
  4. Huir hacia delante. Es poco habitual y ocurre en ocasiones que la respuesta emitida, si al animal se le impide la huida, será de carácter agresivo.

Cómo prevenirlo

Lo primero que habremos de hacer, cuando el cachorro entra en el periodo de la socialización, es iniciar un programa flexible de exposición a ruidos repentinos. No obstante, al menor indicio de ansiedad o inseguridad del perro, habremos de reducir la intensidad de los sonidos, su frecuencia y naturaleza. Para empezar, con palmadas de diferente intensidad tendremos suficiente. Si la reacción no es negativa daremos golpes con algún utensilio o haremos cualquier ruido que pudiera sobresaltarle. La explosión de un globo se asemeja a un tiro, de forma que los iremos introduciendo poco a poco para pasar más tarde a detonaciones con una pistolilla de seis milímetros. El siguiente paso será una detonadora de nueve milímetros, con un sonido ya muy semejante al que hace una escopeta de caza al disparar. Por último, iremos acortando de manera progresiva la distancia y aumentando la frecuencia e intensidad del sonido hasta que el perro acepte de forma natural una detonación a un par de metros.

(Texto: R. V. Corredera / Fotos: A. D. Domínguez)