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También para el cazadero rompe piernas

Perros para laderas y páramos

Inmersos en plena temporada de caza menor tras las más diversas especies, analizamos a continuación los mejores perros para cazaderos compuestos por laderas, cañadas y páramos, así como para esos terrenos conocidos por todos y denominados “rompe piernas”.
Reportaje_PerrosLaderas_G Cazador al salto con su pachón navarro en una ladera.

En estos terrenos el cazador requiere perros fuertes, con mucho vínculo con la escopeta y con sobrada capacidad para cazar en ida y vuelta. No nos asustemos, el perro que debe bregar con muchos obstáculos y viento cambiante ha de ser capaz de adaptarse continuamente, y cuando lo piden el campo y las piezas, avanzar, repasar a los lados e incluso volver y entrar de cara a la escopeta. Con esta tesitura será el ritmo del cazador el que marque qué raza le cuadra y cuál no. Un cazador lento con un perro rápido en este escenario roza el absurdo, pues rara vez logrará tirar caza brava; en estos terrenos este cazador rompe el ritmo, por lo que requiere de un perro capaz de adaptarse en todo momento a sus piernas y de sacar provecho allí por donde pase.

Me permito plantar aquí una pica a favor de algunas razas que a menudo no se tienen en cuenta y que dan un gran resultado tanto en el caso comentado de cazadores más bien reposados y que no abarcan mucho cazadero, como de quienes suben y bajan, repasan y vuelven a entrar por la ladera para sacar las piezas movidas. Como de fondo sabemos que bretones, bracos, pachones, perdigueros, pointers y setters dan aquí sus resultados según el cazador, me remito a razas también generalistas pero menos conocidas por muchos incondicionales de las mencionadas, razas valiosas y preciosamente productivas, como springer spaniel, grifón Korthals, drahthaar o podenco andaluz, las cuales lo mismo van a sacarnos la liebre en la solana, el conejo en una cañada, esa perdiz amagada en los tomillos o la becada que reposa en las piedras de la ladera resguardada del viento.

El cazadero rompe piernas

Me refiero a esos cotos de monte bajo, cañadas, sierras, labor, olivares, más monte, aquí un cortado, allí un arroyo. Son los cazaderos rompe piernas donde el cazador y su perro han de estar continuamente subiendo, bajando, moviéndose y calculando mucho cómo y por dónde entran a la caza para no tenerse que dar palizas innecesarias. En estos terrenos se caza de dos formas, bien eres el esforzado que recorre las zonas donde no entra nadie moviendo la caza, bien eres el que aprovecha el trabajo de los primeros para entrar donde sabes que la caza se amaga o se ha quedado. En ambos casos se necesitan perros muy duros, valiosos, tenaces, de nariz caliente y sensible a las referencias más pequeñas y capaces de cazar con calor a primeros de temporada y con viento helador en invierno.

Necesitamos perros que acompañen a la escopeta siempre, que no se desmarquen ni hagan el trabajo para ellos. Si somos de los que nos movemos más, nos vale un pointer o un setter, y un buen perdiguero o pachón si somos de los que nos movemos a menor ritmo o abordamos los escenarios de sesteo o de refugio.

¿Y las demás razas no valen? Por supuesto que sí. El podenco andaluz aquí nos va facilitar mucho la labor, pues es el rey del terreno quebrado y del apego a la escopeta cuando hay que centrarse y repasar los terrones, la cañada o la ladera de coscojas y lentiscos. Bretones, bracos, ¡por supuesto que sí!, pero precisamente atendiendo a lo que nuestros mayores utilizaban en estos terrenos hace muchas décadas: la dureza, la austeridad, la abnegación, la resistencia y esa dulce complicidad de nuestros perros autóctonos merecen una oportunidad en pleno siglo XXI. Y no sólo para cazadores lentos como a menudo se piensa, ya que el perdicero andarín de sierra arriba y sierra abajo, con un buen perdiguero o pachón, hace buena percha, os lo aseguro.

(Texto: Paco Mateo / Fotos: CCCPN y Archivo)