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Nuestros auxiliares caninos nos necesitan más que nunca durante la veda

Perros: no hay 'parón' para ellos

Quien piense que esto de los perros de caza es algo que empieza en agosto u octubre y finaliza en febrero, es decir, que se mueve al compás de los periodos hábiles de caza, sabe poco de esto y, además, no se ha tomado la molestia de aprender.
Perros_Veda_G Braco alemán en pleno campeo.

Y no sólo se verá abocado a la mediocridad en términos cinegéticos, sino que condenará a unos estados de permanente frustración (durante la veda) y ansiedad (en temporada de caza) a todos y cada uno de los perros que tengan la desgracia de caer en sus manos.

Pocos días o semanas han transcurrido desde que se cerró la campaña general de caza, pero los suficientes como para abandonar esa actitud casi vegetativa que nos invade al término del ejercicio cinegético. Ahora más que nunca nos necesitan nuestros perros, por lo que se hace necesaria una constante actividad, física y mental, encaminada a revisar lo acontecido y a planificar lo venidero.

Desde aquí se ha tratado de formar e informar a los propietarios de perros de caza para que fueran conscientes del gran tesoro o privilegio que supone la tenencia y disfrute venatorio de un perro y obraran en consecuencia. Es decir, se ha pretendido nuestra mejora como dueños para mejorar las condiciones de toda índole que rodean a los perros.

De esta manera, en las fechas en las que nos encontramos, un buen dueño o propietario no abandona en casa o en la perrera a su compañero de caza excusándose en la concesión de un dudoso  descanso que empieza por unos días, continúa por unas semanas y acaba siendo por espacio de varios meses, hasta el siguiente desvede. Muy al contrario, y como antes comentaba, el propietario o dueño concienciado repasa lo vivido durante la temporada y, en función de ese análisis, que habrá de ser objetivo para que resulte valioso, pone en marcha en este tiempo de veda un plan de trabajo destinado a potenciar virtudes y erradicar fallos.

No sirven aquí sentimentalismos que nos hagan ver sólo el grano y encubran la paja. Es menester el rigor y la seriedad, pues de otro modo nosotros perdemos el tiempo y nuestros perros se estancan. Si busca y levanta las piezas de maravilla pero luego evidencia problemas de cobro, ya sé dónde tengo que aplicarme. Si encuentra caza pero luego comprobamos que por donde hemos pasado, otros cazadores y perros levantan más piezas, ya sé qué tengo que hacer. Si tiene un olfato excelente y una búsqueda metódica pero luego rompe la muestra con cierta frecuencia, ya sé en qué debo incidir. Si cazando no tengo problemas de contacto con él pero luego me las veo y me las deseo para que suba al carro o al coche, ya sé hacia dónde han de ir encaminados mis esfuerzos. Si estando solos caza de maravilla pero en cuanto hay otros cazadores y otros perros se descentra y no parece el mismo, ya sé lo que me toca.

Son sólo algunos ejemplos simplistas, lo reconozco, pero válidos para demostrar que el dueño o propietario implicado y entregado a su perro de caza siempre tiene tareas por delante en estos meses de parón cinegético. Y si esos fallos, errores o carencias ya los ha subsanado con el paso de los años y en la actualidad cuenta con auxiliar canino “hecho y derecho”, pues a campearlo para que llegue a la siguiente media veda o campaña general en óptimas condiciones físicas y con gran equilibrio mental, que no crean que “es moco de pavo”. 

(Texto: José María García / Fotos: Maite Moreno)