Pasar al contenido principal
Inteligencia y estupidez son valoraciones humanas y ajenas a su mundo

Los perros de caza y su estupidez

Es frecuente que libros y artículos escritos por adiestradores nos hablen de la inteligencia de los perros, pero nunca de su estupidez. Con esto no quiero decir que sean siempre estúpidos, pero desde luego así se muestran en muchas ocasiones cotidianas.
Estupidez_Perros_G Braco alemán en una prueba de trabajo de primavera.

Casi todos los perros poseen el incómodo talento de ladrar a todo lo que se mueve y lo consentimos pensando bobaliconamente que es su modo de defender nuestra propiedad, cuando lo cierto es que por cada perro que logre ahuyentar a un ladrón, mil duermen beatíficamente mientas los cacos nos desvalijan la casa. Otro ejemplo, el del perro que logra regresar a casa recorriendo cientos de kilómetros y pasando grandes dificultades, incluso la prensa diaria recoge la hazaña, pero nadie habla de los cientos de perros que estúpidamente se pierden a pocos metros de su casa durante el paseo cotidiano, y la prueba son los abundantes cartelitos de “perro perdido” que encontramos en farolas y tapias. Si el primero es inteligente, los otros cien deben motejarse de tontos.

Eso que llamamos inteligencia muchas veces no es más que rutina en el animal. El biólogo estadounidense Ray Coppinger realizó una curiosa prueba sobre la inteligencia maternal en las perras. Un cachorro muy pequeño separado de su madre y de sus hermanos emite un gemido agudo, característico y fácilmente reconocible, que impulsa a la madre a correr junto al cachorro, tomarlo con la boca y llevarlo nuevamente dentro de la paridera. Observamos este comportamiento con admiración ante el instinto maternal y protector de la hembra. Coppinger grabó en una cinta magnetofónica la llamada de desesperación del cachorro y luego colocó el casete fuera de la paridera. Al ponerlo en marcha la madre actuó exactamente igual que con el cachorro, agarró el casete con la boca y lo llevó a la paridera. ¡Qué fácil nos resulta confundir determinados comportamientos con inteligencia, cuando son la exteriorización de una conducta similar a la nuestra! Un podenco es mucho mejor cazador que un bulldog no porque posea más inteligencia cinegética, sino porque sus largos huesos nasales le permiten un análisis más minucioso de lo olfateado. A medida que el cachorro de podenco crece, examina y ve el mundo de manera distinta a como lo hace el cachorro de bulldog. Esta distinta percepción del mundo debería desarrollar un cerebro con una forma diferente a la que tiene el bulldog. Los cerebros de ambas razas habrán sido enriquecidos de manera distinta. Juzgar a una raza como menos inteligente que otra empleando mediciones estandarizadas significa olvidar que cada raza ha tenido una historia evolutiva muy diferente, contemplan el mundo a medida que crecen de un modo distinto y son troquelados por diferentes motivaciones. Esto ocurre porque la inteligencia es epigenética, es decir, unos genes se expresen o no dependiendo del medio exterior.

Los perros no evolucionaron desde los lobos para ganar galardones y premios en los concursos de caza. Los estudios realizados sobre otras especies, como los primates, demuestran que en los animales la diferencia no está en el nivel de inteligencia sino en la motivación, capacidad de atención y capacidad sensorial. Las grandes diferencias emocionales y motivacionales existentes entre las distintas razas nos confunden atribuyéndoles diferencia de inteligencia. Un braco alemán no es más inteligente que un podenco, del mismo modo que un podenco no es más inteligente que un sabueso; simplemente se motivan por diferentes causas. Los perros tendrán la inteligencia o la estupidez que nosotros queramos atribuirles, pues ambas son valoraciones ajenas a su mundo. Lo innegable es que el perro es un caso brillante en la cadena evolutiva, ha medrado en los cinco continentes, hay millones de perros en el mundo, se escriben más libros y revistas sobre perros que sobre el conjunto de los restantes animales en su totalidad y la mayoría de los perros no hace otra cosa que comer y dormitar a nuestras expensas. Pensándolo bien, si han conseguido una vida tan envidiable y con tan poco trabajo, va a resultar que son más inteligentes que nosotros, los humanos.

(Texto: E. de Benito / Fotos: Archivo)