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Perros de caza: 14 errores (y su solución) con la llamada

La respuesta a la llamada es la llave del manejo y control del can cuando éste se encuentra libre de la correa, ya sea en situaciones lúdicas y sociales como de trabajo, caza y campo. Con estas claves evitarás el problema de la desobediencia a la llamada.
llamada-web-G No llamar a un animal nada más soltarlo en el campo, recomienda nuestro adiestrador.

La llamada, considerada como uno de los ejercicios de la obediencia básica, trae de cabeza a la inmensa mayoría de dueños y, en especial, a los cazadores ya que su respuesta está sujeta a multitud de variables ambientales, genéticas, temperamentales y educacionales. De hecho hay que, para empezar, albergar expectativas realistas en lo que a este apartado se refiere: el perro que responde a la llamada de manera rápida, directa y sin dudas en el cien por cien de las ocasiones, no existe. Pero, de mantener cierta flexibilidad y tolerancia a permitir el libertinaje y la desobediencia general hay un abismo que podemos ir cerrando si tenemos en cuenta qué evitar y qué hacer cuando la desobediencia a la llamada se ha convertido en una conducta problemática.

  1. El sometimiento del perro hasta niveles tales que causemos inseguridad en sus respuestas e incluso respuestas de evitación o evasión ante la oportunidad que le brinda la libertad. El perro debe responder a la llamada con una actitud confiada y segura. El animal que acude emitiendo señales de subordinación excesivas tarde o temprano encontrará formas de evadirse.
  2. Jamás castiguemos ni reprendamos al perrote que remoloneó un rato antes de decidirse a venir a nuestro requerimiento. Entenderá su aproximación como merecedora de castigo sin llegar a discernir que la causa del mismo fue la demora. De ese modo cada vez retrasará más la venida. No queda otro remedio que ponerse en la mente del cánido y tragarse el enfado.
  3. Mucho cuidado con la utilización del castigo propiamente dicho (presentación de un estímulo aversivo después de una conducta indeseada con la intención de suprimirla) cuando el perro hace oídos sordos a la llamada. Una pedrada, a parte de los riesgos físicos que conlleva, o una emisión eléctrica a modo de castigo, puede parar al perro e inhibir cualquier momento pero difícilmente entenderá que tiene relación con no acudir al dueño. Además genera dudas sobre su conducta de campo y en determinadas ocasiones, por la ley de estímulos paralelos, podemos generar una conducta problemática nueva.
  4. Jamás basar la llamada en el efecto del miedo. Este es uno de los errores más frecuentes: la amenaza continua. El perro que teme al amo siempre encontrará una excusa para no acercarse a él. Una cosa es el conocimiento de las posibles consecuencias negativas de no acudir y otra bien distinta es percibir a quien debe ser sentido como un refugio como un agente generador de pánico.
  5. Evitar establecer asociaciones negativas con la ejecución de la llamada tales como que el animal anticipe el final del paseo, la imposición de la correa o el traslado forzoso al coche. Es conveniente alternar la llamada con la correa y con la suelta. De no ser así, el perro demorará el regreso al dueño.
  6.  No abusar del uso del silbato. Los típicos’ conciertos campestres del silbido’ sólo sirven para que la extinción del condicionamiento se produzca a medio plazo. Dosificar la emisión del estímulo sonoro con la intención de que no pierda valor para el perro.
  7. Si hemos optado por el uso del collar electrónico, hagámoslo correctamente, es decir, en base al reforzamiento negativo como proceso de aprendizaje (estímulo aversivo presentado antes de la conducta que se desea reforzar y que cesa cuando ésta es emitida).
  8.  Evitemos a toda costa la inconstancia si hemos comenzado con el collar electrónico con el objeto de que el perro no llegue a discriminar cuando lo lleva puesto y cuando no, actuando así en consecuencia.
  9. Evitar el estatismo cuando el perro permanece suelto. Si nos sentamos en un banco a comer pipas o permanecemos por largos periodos parados al acecho en una peña, el perro terminará por seguir su instinto exploratorio. Si nos movemos erráticamente se verá obligado a permanecer alerta y a mantener nuestra posición controlada para no extraviarse.
  10. Una vez hemos llamado al perro debemos ser muy escrupulosos en cuanto a la ejecución total del ejercicio. No dejemos la respuesta a medias de concretar. Muchos perros aprenden a volverse a medio camino ya que sus dueños no son minuciosos a la hora de exigirles finalizar con el contacto. Lo que empieza por volverse a medio metro del dueño, pasa por hacerlo a cuatro, para terminar por hacer un corte de mangas al dueño.
  11. No llamar cuando la situación no nos permite reforzar la respuesta. Es decir, cuando el perro está fuera de la vista, demasiado lejos, o no tenemos las herramientas de control dispuestas. En caso contrario el can aprenderá que puede desobedecer y cuando hacerlo.
  12. No llamar cuando es evidente  que el perro está poco receptivo por la causa que sea: distracción con olores, con otros congéneres, dando rienda suelta a sus pulsiones de caza… Las posibilidades de que desoiga nuestros comandos son altas con lo que, de nuevo, aprende a desobedecer. Esto, lógicamente, es aplicable a perros jóvenes en proceso de educación temprana. Idealmente un perro ya adiestrado debe ser testado en estas situaciones para reforzar sus respuestas.
  13. No llamar a un animal nada más soltarlo en el campo. Su nivel de excitación y activación es tal que resulta tan estéril como injusto pretender cortar de cuajo ese minuto de galopada, de desfogue. De hecho, en los concursos de trabajo se concede un minuto a los perros participantes después de su suelta y antes de comenzar a ser juzgado su comportamiento.
  14.  No llamar al perro sin el convencimiento y la determinación necesaria. Es frecuente ver al dueño llamas a media voz o con silbidos casi ahogados, como sin esperanza. El perro, ya lo hemos dicho, no debe percibir ira, pero sí coraje y firmeza. El uso de la voz es importantísimo, no sólo para que el animal la oiga, sino para que la escuche y llegue a él en modo comando y no de requerimiento amable.

(Texto: Ricardo Vicente Corredera. Fotos: Shutterstock y archivo).