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¿Existe el perro de caza que lo cace todo?

Con la excusa del rodaje de un reportaje sobre el adiestramiento básico de los perros destinados a las pruebas “polivalentes” o de “tierra y agua”, nuestro colaborador Ricardo Vicente Corredera hizo algunas anotaciones que comparte ahora aquí con nosotros.
braco alemán, caza de patos

En un mundo como el del perro de caza, donde cada vez priman más las tendencias que marcan clubes, asociaciones, jueces, conductores de élite, divulgadores, etc., el aficionado se deja con frecuencia hipnotizar por la acción del perro especialista, espectacular pero con frecuencia efímera y sujeta a un contexto específico. Muchos de estos sorprendentes canes, de temperamento desbordante, caen manos equivocadas de personas que pronto can en la cuenta de que el “Fórmula 1” es para la pista y para el campo el “todoterreno”.

Y no es que el perro especialista no sirva para cazar, bien al contrario, pero siempre dentro de una situación especial sobre piezas específicas y con filosofía de la caza concreta: auxiliar al perro.

Es muy lícito y comprensible que la mayoría de cazadores de a pie deseen un perro que auxilie la escopeta, y si además esa labor la desempeña con la misma eficacia en el bosque que sobre el rastrojo y con igual eficiencia mostrando y portando dulcemente una codorniz, que pisteando un corzo herido, ¿qué más se puede pedir? También que no se achante ante el calor estival, o que no se amedrente si ha de romper el carámbano, para adentrarse en pleno enero en un pantano a recuperar un azulón alicorto, ni se arredre a la hora de plantar cara a las dentelladas de un zorro aculado en un chaparro.

La adaptabilidad

¿Pero qué hace de estos ejemplares animales versátiles por naturaleza o, como decía Paco Guzmán, perros que sin ser sobresalientes en nada son notables en todo? Sencillamente ese rasgo del temperamento tan importante llamado adaptabilidad. Biológicamente hablando, la adaptabilidad comprende diversos campos:

La adaptabilidad evolutiva. En este caso la selección genética realizada por la mano del hombre sobre una base primigenia natural, ha ido apartando para la cría los ejemplares más adaptables consiguiendo así, en un tiempo récord evolutivamente hablando, líneas de sangre portadoras de un genotipo y fenotipo al servicio de la versatilidad.

La adaptación fisiológica a través de la cual ha tenido lugar un proceso dinámico de cambio estructural y físico que ha desarrollado en el sujeto a fin de colocar el organismo en una posición más ventajosa de cara medio tanto interno como externo (entorno y nuevas situaciones) y a la capacidad de aprender nuevas tareas y estrategias.

La adaptación sensorial facilita la adecuación de los receptores sensoriales, en especial los determinantes en la acción predadora (olfato, vista y oído) a estímulos de diferente naturaleza, no ya sólo en cuanto a su sensibilidad sino también al modo en que estos son utilizados en cada situación para hacerlos más eficientes y dúctiles. ¿Es acaso cierta la creencia de que la persona ciega tiene un oído más desarrollado? No, simplemente sabe utilizarlo mejor.

El aprendizaje adaptativo. En contraposición al selectivo, busca a través de las vías y mecanismos de ajustamiento (como son los reflejos, condicionamientos, asociaciones, orientación, los niveles de alerta, la impronta, la sensibilización y demás comportamientos neurobiológicos adaptativos), dar respuestas eficaces a gran variedad de estímulos y situaciones. A un drahthaar se le puede y debe enseñarle a rastrear con seguridad; a un pointer ni se puede ni se debe, por poner un ejemplo práctico.

La ineficiencia o la inadecuación de las acciones de los perros especialistas en ciertos campos del trabajo tiene mucho que ver con el funcionamiento de su cerebro, mucho más marcado por los instintos y las pulsiones. De este modo, los perros polivalentes son menos impulsivos, más reflexivos y por lo tanto más capaces de acomodarse.

Durante el proceso adaptativo los medios puestos en juego son pues tanto de orden psíquico como fisiológico y buscan colocar en ventaja al individuo, satisfacer sus necesidades y en la naturaleza garantizar la supervivencia de la especie.

De hecho, si miramos a las especies salvajes son precisamente las especialistas, incapaces de adaptarse a los drásticos cambios del entorno que impone el humano, las que corren peligro de extinguirse (linces, águilas imperiales, nutrias…) mientras que las oportunistas y adaptables medran con más intensidad (urracas, zorros, jabalíes…).

En un supuesto retorno al estado salvaje, ¿quién tendría más opciones de sobrevivir? ¿Un setter inglés o un braco alemán?

Capacidades de bracos alemanes y drahthaars

Dentro de las razas de perros de muestra, bracos alemanes y drahthaars poseen los niveles más altos de funcionamiento de sus receptores sensoriales elementales generales y una gran sensibilidad en los mecanismos de regulación, que permiten la adaptación al medio y al estímulo.

La adaptación social que depende de un complejo proceso de interacciones dinámicas, de relación y comunicación permanente entre el perro y el humano, permite la adaptación del primero al entorno del segundo, y a reconocer y asumir su identidad, sus capacidades y su estatus. Como resultado, facilita la armonización entre dos complejos sistemas sociales regulados y el sometimiento de uno de ellos al dominante.

En este apartado estos canes germánicos de nuevo poseen un potencial de adaptación social superior y, si bien es cierto que por su carácter demandan una actitud firme, consistente y dominante del hombre, son menos excitables, nerviosos o hiperactivos que los perros británicos o franceses, lo que facilita el control cotidiano y la convivencia una vez establecido el liderazgo por parte del dueño.

La adaptación homeostática es una noción de equilibrio y de constancia interior a pesar de las modificaciones del ambiente. La homeostasis corresponde a la facilidad para mantener en equilibrio óptimo y adaptativo entre el organismo del perro y el entorno externo. Este balance se rompe o se mantiene mediante las regulaciones biológicas que tienden hacia un estado estable. Si, ante acontecimientos externos que impliquen cambios radicales, esfuerzos de aprendizaje o respuestas decisivas, el equilibrio se rompe, el animal cae presa de estados de ansiedad o estrés, llegando incluso a somatizar y a mostrar problemas emocionales. Lógicamente esto afecta al nivel de trabajo y a las relaciones.

En el campo comportamental, el perro “polivalente”, a partir de las señales externas, tiende a anticipar las consecuencias biológicas de los cambios, equilibrando con rapidez su templado cerebro y adaptando su conducta a las previsibles consecuencias de la misma. De este modo, un drahthaar o un braco, por su capacidad de anticipación, difícilmente se romperá durante el adiestramiento a pesar de los posibles errores del guía, y mostrará una capacidad de sobreponerse a la presión más alta que otras razas.

Como conclusión final, debo reiterar, que estas reflexiones no pretender convencer a nadie hacia una raza u otra, pero sí pretenden hacer reflexionar antes de decantarse por un determinado perfil racial. No es mejor un perro que otro, pero sí mucho más diferente de lo que al neófito le pueda parecer.
(Texto: Ricardo Vicente Corredera /www.barking-up.com. Fotos: Maite Moreno, Shutterstock y Archivo).