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Así se estropea un buen perro (y II)

Lo que no debemos hacer con nuestros perros de caza

En un reportaje anterior ofrecíamos cinco aspectos con los que podemos llegar a estropear un buen perro de caza. Ahora publicamos otros cinco para que éstos y los anteriores sean muy tenidos en cuenta y valgan de ejemplo de aquello que no debemos hacer.
Pointer_Perdices_G Pointer junto a las perdices cobradas en una buena mañana de caza al salto.

6. Sin conexión no hay equipo. Abrir la puerta de la perrera, meter los perros rápidamente en el remolque, llegar al campo, equiparnos y soltar a nuestros perros con la pretensión de que cacen centrados y de forma muy productiva es una forma de proceder muy extendida en nuestros campos. Luego, ¡qué raro!, los perros no cobran, compiten entre ellos, no quieren montarse en el remolque una vez terminada la jornada, se hacen los sordos ante nuestras llamadas... El perro de caza necesita una jerarquía efectiva y tolerante con su dueño para que el trabajo en equipo sea efectivo, motivador para él y gozoso para nosotros; ahí radica el fondo de la mayoría de las relaciones deseables entre hombre y perro cazador. Además, un vínculo a nivel adecuado, la convivencia, la tolerancia y otros valores que a menudo olvidamos cuando tratamos con nuestros perros, son requisitos imprescindibles para que el equipo marche rodado.

7. La cuestión es que hagan ruido. Los cazadores al salto o en mano y sobre todo quienes cazan en postura, principalmente conejos en manchones y arroyos, vemos con frecuencia una disparidad muy llamativa en los perros que integran la recova o grupo de trabajo. Y rara vez esto obedece a la casualidad, pues se busca intencionadamente a menudo que los perros al menos hagan ruido en el campo para que podamos tirar caza. Un síntoma es claro en este sentido: veremos cómo los perros muestran muy escaso estilo en la búsqueda, aun teniendo una buena apariencia en cuanto a morfología en algunos casos. En el trabajo no vemos iniciativa provechosa y sí mucho ‘revoloteo’, los perros avanzan muy juntos, lo que provoca precisamente lo que algunos cazadores buscan: que se levante la caza amagada que tenemos al alcance de nuestra escopeta. Es cierto que llevando tres perros levantaremos piezas de caza que literalmente serán atropelladas en muchos casos o no aguantarán la presión de sentirse rodeadas por varios perros muy cerca de su encame, pero lo cierto es que renunciamos a tener perros de más nivel por temor a que tal vez no tiremos tanta caza.

8. ¡Qué bonito cazar con dos perros! “Para la temporada que viene me tengo que buscar una cachorrita para que cace con mi perra, la buena”. ¿Sabe ese cazador si a su buena perra de caza, veterana y que está en un nivel estupendo para seguir rindiendo, le hace falta compañera? En unos casos esa buena perra de caza acusará de variadas formas la presencia de esta nueva compañera, pero salvo casos excepcionales, casi nunca se logra mejorar la situación ni los resultados. Tan sólo se justifica integrar un cachorro o un perro joven iniciado a un perro adulto de gran nivel cuando éste se encuentra ya en una fase de merma debido a la edad, por lo que por un lado no debemos dejar de salir a cazar con él, y por otro debemos ir apostando por un nuevo ejemplar de cara a las siguientes temporadas.

9. Hoy saco a éste, el domingo que viene al otro. ¿Cuántas jornadas de caza vivimos cada temporada?, ¿ocho, diez, doce? Algunos podemos disfrutar algunas más cazando dos días por semana en algunas fechas, y solamente unos cuantos privilegiados saborean las exquisiteces de salir a cazar tres o más días en semana dentro de temporada. Así la situación, y considerando igualmente que no todos nuestros cotos tienen densidad de caza suficiente como para vivir muchos lances afortunados en cada salida, alternar en el campo a nuestros perros no parece lo más acertado, ya que es restar ocasiones, experiencias y oportunidades a cada uno de ellos, con lo que la progresión de todos se va a ver afectada de forma muy negativa. La limitación de horario en las jornadas también está en línea con lo que comentamos. Por ello, si cazamos unos cuantos días y cada uno de ellos unas horas, lo ideal y casi la mejor opción para todos será apostar por un único perro, dos en algunos casos, porque de esta forma podremos cazarlo desde el primer al último día, toda la caza será provecho para su experiencia y no limitaremos su avance.

10. Las malas compañías. Forzar una situación que es contraproducente para nuestro perro nos puede llevar a que éste cambie radicalmente su comportamiento. Me refiero a cazar en mano si nuestro perro no lo lleva bien, a cazar cambiando continuamente los compañeros -y sus perros- jornada tras jornada, a cazar en postura si nuestro perro no conoce o se adapta a esta dinámica por tener que compartir escenario con muchos más perros, etc. Cada cazador tiene sus límites y su término medio. A nuestro perro le pasa igual, pudiendo no cazar bien simplemente por llevarlo en un remolque con los perros de otro cazador, o por meterlo en un maletero con otro perro que lo intimida en el viaje. Parecen verdaderas tonterías, pero hay ejemplares para los que estas cuestiones pesan demasiado, inclinando la balanza hacia la zona más negativa.

(Texto: Miguel Soler / Fotos: Archivo)