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Epagneul bretón y setter inglés son dos de las razas que más satisfacciones dan en el campo o el monte

La alegría en la caza

Bretones y setters son dos de las razas más populares en los campos y montes españoles. Si el bretón es un perro codiciado para ir tras perdices y codornices, el setter es el elegido para hacer lo propio tras la esquiva becada.
setter y breton

No hay un perro de muestra más donoso, alegre y divertido en el campo que el epagneul bretón, perro de contextura fuerte y de enorme vitalidad. Cierto que es más lento que el setter o el pointer, pero lo que pierde en velocidad lo gana en técnica y método, y desde luego no es un perro lento, pues recordemos que es el más veloz de los continentales, con una búsqueda amplia y metódica. Hablar de sus portentosas cualidades cinegéticas puede parecer un tópico, pero ejerce su trabajo sobre la caza menor de pluma y pelo con precisión. La codorniz del estío, la becada invernal o la perdiz más batalladora no tienen secretos para este completo perro que destaca con igual soltura sobre la liebre y el conejo. Caza con energía insólita para su reducido tamaño, batiendo el cazadero con rapidez, la cabeza en alto, pura tensión nerviosa y potencia muscular. Sabe buscar con inteligencia, muy útil para el cazador a mano, y su olfato cumple con creces lo que cualquiera pediría para la codorniz o la perdiz roja.

Perro cuadrado

Como todos los perros galopadores, el bretón debe inscribirse en un cuadrado y así lo recoge el estándar: “La longitud escápulo-isquial es igual a la altura a la cruz (el cuerpo tiene forma de un cuadrado)”. El galopador debe recorrer grandes distancias con buena velocidad. Su estructura física se inscribe en el cuadrado con la finalidad de minimizar el esfuerzo de recogerse sobre el tren posterior en el galope. Podemos decir que entre velocidad y resistencia, el galopador dará siempre prioridad a la velocidad. La inclinación del metacarpo es moderada, como consecuencia de esa prioridad de la velocidad. También pide el estándar una espalda recta y grupa muy levemente inclinada. El galope es una marcha tremendamente fatigosa, es caminar a saltos. En el bretón encontramos un galope de tres tiempos conocido como galope medio, dos miembros moviéndose separadamente y dos en diagonal, y el galope puro, que se realiza en cuatro tiempos, uno de ellos en suspensión, sin que las extremidades del perro toquen el suelo. Cuando el bretón caza en el campo a todo ritmo el tiempo de suspensión es notablemente prolongado; es el galope volado, aunque generalmente lo veremos desplazarse en un galope medio, con menor consumo de energía y menos cansado, con un tiempo de suspensión menor y un apoyo de las patas traseras y delanteras casi simultáneo. El cruce de las patas traseras y delanteras es menor e incluso inexistente. El bretón al galopar está inmerso en un proceso de producción y consumo de energía. Las extremidades traseras generan energía empujando al perro hacia el frente y hacia arriba y esa energía es consumida por las extremidades delanteras cuanto tocan tierra. Las extremidades delanteras actúan como amortiguadores, absorbiendo la energía del impulso y reconduciéndola hacia el cuerpo, que se ve proyectado hacia el frente y el perro avanza. El movimiento es diferente en cada raza y por ello se considera un elemento definidor de la tipicidad. El bretón tiene una forma de moverse propia y característica que le define y diferencia de otros perros de muestra.

Setter inglés, el ‘rey’ de becadas

La becada se presenta cada año como una codiciada presa para miles de cazadores en toda Europa. El silencio del sotobosque otoñal se ve perturbado por el tintineo del cascabel. Avanza agazapado un perro, entre las sombras y luces descubrimos que es un setter inglés, cuya cola parece bailar al ritmo que marca la campanilla. De pronto todo se detiene, la musiquilla del cascabel, el perro, el tiempo... Son segundos que tienen la intensidad de una eternidad. El cazador se aproxima cauto hacia su can, pues sabe que por delante, en algún sitio, agazapada e inmóvil, se encuentra una becada. La becada debe cazarse con perro de muestra, es de buena ley hacerlo así. Pero cazar la becada con perro de muestra exige al cazador una actitud mental muy diferente a la que debe tener con las restantes piezas. Las buenas perchas son muy raras, por no decir inalcanzables, por lo que serán los lances inmanentes a la acción de cazar, el placer de la búsqueda y el manejo de un perro adecuadamente adiestrado las principales fuentes de placer. Estas características hacen de la becada una caza para puristas o, como la definió Julián Settier, “manjar de los fuertes y premio de los hábiles”. Para el prolífico periodista valenciano, el cazador frente a la becada sólo tiene dos opciones: ser, o no ser, porque la becada es el lujo de la caza, y el que no posee un capital de riqueza física y moral, como el cazador de pura sangre, desiste pronto de una pieza tan dificultosa. Lo mismo ocurre con el perro; el animal blando, el perezoso, aquél que rehúye las condiciones adversas, las zarzas, el sotobosque y la humedad, no será nunca un buen becadero. La pieza pide auxiliares con empuje, afición y buena inteligencia funcional.  La capacidad psíquica para el aprendizaje del perro actual es el resultado de un largo proceso evolutivo al lado del hombre, de adaptación a las necesidades de su propietario antes que a las propias de la especie, puesto que sus necesidades básicas le eran cubiertas por el ser humano. Esto ha permitido la aparición de un animal con una inteligencia especializada para trabajos muy concretos. La condición física que impone la caza de la becada descarta muchos perros, ya que la aptitud y la constitución del animal han de ser las adecuadas, con un alto grado de exigencia. La aptitud es la disposición del perro para resultar útil en una caza concreta con el máximo rendimiento y un mínimo gasto energético. La constitución es la manera en que se ha construido el perro (peso, altura, longitud, etc.) y su idoneidad para esa concreta actividad cinegética. Son muchas las razas que se pueden utilizar en esta modalidad a la que nos estamos refiriendo y en la mayoría de ellas vamos a encontrar tanto buenos como malos ejemplares becaderos, puesto que las aptitudes cinegéticas son una consecuencia tanto racial como individual. Hay bretones o drahthaars que son buenos becaderos, del mismo modo que los hay para otras piezas, pero una raza parece destacar sobre el conjunto: el setter inglés.

Los 10 mandamientos del bretón

1. Se adapta a cazar en todas las circunstancias climáticas y en todo tipo de terrenos, desde el bosque cerrado y húmedo hasta los secarrales toledanos o la serranía andaluza.
2. Cuando caza se muestra alegre, vivaz y confiado, infundiendo confianza y ánimo al cazador, aunque no se halle caza. Sus correteos, el continuo ir y venir, los zigzagues y vueltas, que a quien no conozca la raza le pueden confundir haciéndole creer que encontró una pieza, cuando son sólo una expresión de su vital modo de cazar, hacen las delicias del cazador aficionado a este perro.
3. Caza con energía inusitada para su reducido tamaño, con rapidez, batiendo el cazadero con la cabeza en alto, mostrando que todo él es pura tensión nerviosa y potencia muscular.
4. Sabe buscar con inteligencia, por lo que es muy considerado por los cazadores a mano, y aunque su olfato dista mucho de la agudeza de las razas británicas, cumple con creces lo que cualquier cazador exige para la codorniz, la perdiz roja o el conejo.
5. Muestra con firmeza, siendo el único epagneul que hace tal cosa, y aunque su muestra no sea tan espectacular como la de los británicos, tiene la misma fijeza. Su parada es con la cabeza bien alzada, captando las emanaciones de la pieza que señala al cazador. Entonces vemos su cuerpo tenso vibrar ante la emoción, de modo que casi juraríamos que contiene la respiración para no romper el encanto de ese momento mágico.
6. Tiene de natural el instinto de cobrar, por lo que no precisa el trabajo de adiestramiento que a veces nos exigen los británicos. Magnífico cobrador, buscará con insistencia la pieza abatida, venteando con el hocico al suelo en busca del rastro si la pieza huyó herida, para cobrarla finalmente y entregársela a su amo.
7. Carácter suave que exige un adiestramiento igualmente suave, pudiéndose venir abajo si se le fuerza.
8. Es un perro completísimo en todos los aspectos, superando en esa polivalencia para la caza menor incluso a razas germánicas muy acrisoladas.
9. Por su manto el calor excesivo puede dificultar su rendimiento, obligando al perro a beber con frecuencia.
10. Se ha bastardeado mucho en España, especialmente con setter y cocker ingleses. Es siempre recomendable adquirirlo en un criadero de prestigio o a través del Club de la raza.

Alumno aventajado

¿Qué perros son aptos para la becada? Se trata de una torpe pregunta que, sin embargo, debemos formularnos. En principio todos los de muestra, tanto los pointers como los setters, igual los bracos que los bretones, es decir, tanto británicos como continentales. Siguiendo nuestro interrogatorio nos preguntamos: ¿Existe alguna raza canina de la que pueda decirse que es especialista en la caza de la becada? Aquí expondré un argumento de sentido común: por esta raza se inclinan tanto los cazadores españoles como sus compañeros franceses e italianos cuando cazan becadas. Para asociaciones como la gala Club National des Bécassiers, el setter inglés es la raza idónea, con un manto blanco que se divisa sin dificultad en el bosque sombrío y que además le protege contra la agresión de brañas, brezos y acebos, a lo que se unen sus finos vientos y su búsqueda sistemática. Cada año las mejores perchas de esta ave migratoria se consiguen con el auxilio del setter inglés. Es un perro con suficiente grado de independencia como para cubrir terreno, pero al tiempo es muy obediente, permitiendo que nos acerquemos hasta él cuando ha localizado la pieza, y aguanta firme la muestra. Es, sin duda, el mejor ejemplo de un perro especialista en el concepto más exigente de este término. Y es que al setter inglés la especialización le viene de antiguo, de las propias raíces de la raza, allá en sus orígenes; antes de que el setter inglés fuese setter ya era becadero. El setter inglés es bueno parando y bueno cobrando. Cazar la becada exige batir una amplia extensión, pero el área de búsqueda debe ser de tipo medio, ni muy extensa ni demasiado reducida, moviéndose esta raza con nervio al batir el terreno y explorando sistemáticamente todos los rincones de la maleza. En muchas ocasiones se le ha comparado con un felino. Y es que el setter inglés se transforma en la caza: el perro nos transmite inmediatamente la presencia de una pieza por la rigidez que adopta su cuerpo, los ojos desorbitados, las ventanas nasales latiendo precipitadamente, como queriendo beber el aire.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Archivo).