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¿Adiestramiento natural o artificial?

Muchos son ya los profesionales del adiestramiento, criadores y aficionados al concurso que reniegan de toda artificialidad y buscan la mejor manera y el lugar donde entrenar y poner a los canes en contacto caza salvaje.
perros de caza Dos perros de caza a la espera de ser soltados para empezar su trabajo.
Para muchos, dadas las circunstancias cinegéticas que nos toca hoy en día vivir, esto es una utopía. Otros, no sin esfuerzo, encuentran la manera en contados reductos. Cada cual debe lidiar con su circunstancia, pero al menos que no se engañe. Y por si aún alguien alberga dudas, enumeraré unas cuantas ventajas del adiestramiento natural.
1.- Variedad de entornos. La utilización de la granja a día de hoy se circunscribe a los cotos intensivos y terrenos autorizados con lo que el aficionado se ve limitado a la hora de cambiar de entorno. Ello dificulta el desarrollo de la adaptabilidad del perro.
2.- Variedad de presas. Los intensivos solamente ofrecen las piezas ordinarias, privando al perro de la opción de tomar contacto con otras presas potenciales naturales, lo que de nuevo reduce las capacidades adaptativas.
3.- Desarrollo de la capacidad exploratoria. Trabajando sobre caza de suelta, el perro se acomoda a una búsqueda restringida y metódica. En campo abierto sobre salvaje se desarrolla la actividad exploratoria espontánea. El perro aprende a ‘ir a la caza’ y buscar en las querencias.
4.- Libertad de acción. Al desconocer la ubicación de las piezas en situación natural, el guía tiende a otorgar mayor libertad de movimientos al alumno, lo que refuerza su confianza y capacidad de decisión.
5.- Mejor estado de forma. El trabajo de campo abierto y natural exige una dedicación mayor para detectar caza, lo que incrementa el entreno físico al alargarse las sesiones de trabajo.
6.- Aumento de la motivación. La caza salvaje enciende al perro. Supone siempre un potenciador mayor de los mecanismos predatorios en él.
7.- Activación más alta. La perdiz brava o la rabona que saltan o dejan su rastro delante de la nariz del can activan sus pulsiones con mayor fuerza que la que huele a pienso y estiércol y ofrece un patético vuelo gallináceo.
8.- Desarrolla la capacidad de acomodación. La caza natural y su entorno plantean condiciones aleatorias y azarosas durante el entrenamiento, lo que contribuye a desarrollar la capacidad del perro para lidiar con cada nuevo contexto o situación.
9.- Mejora la conducta de muestra. Mientras la granja destruye, la brava construye la muestra del perro. La primera se presenta ante él como algo fácilmente alcanzable, mientras la segunda pone al alumno en su sitio, aumentado el conflicto entre responder a un impulso de presa y perderla o permanecer estático y a la espera de que la escopeta resuelva.
10.- Flexibiliza el uso del olfato. Las condiciones variables en cuanto a piezas, terrenos, dirección del viento… durante el trabajo favorecen la utilización adaptativa de la nariz.
11.- Desarrolla la inteligencia del can. A mayores estrategias de defensa y huida de la presa, mayores han de ser las del predador para localizarla y bloquearla. Los perros ‘puestos’ sobre granja son limitados y automatizados.
12.- Desarrollo de la iniciativa. La iniciativa es una aptitud necesaria en la caza real. Un perro dependiente o mecanizado es un perro poco resolutivo. La granja acomoda al perro.
13.- Aumenta la expresividad. La tensión que genera la salvajina, en oposición a la indolencia que produce el abuso de artificialidad, tiene como resultado una mayor expresividad del animal en toda la secuencia predadora, cuyo máximo exponente es el momento de la muestra.
14.- Adecúa el comportamiento a la futura práctica de la caza real. El perro cuyo entrenamiento se fundamenta en el campo intensivo mostrará carencias una vez deba enfrentarse en campo abierto a la caza.
15.- Fomenta la capacidad agonística y el tesón. Los animales limitados a la rutina facilona y exprés sobre granja son perros con la mentalidad de la inmediatez y se vienen pronto abajo cuando la caza natural exige tesón y constancia.
16.- Desarrollo de la capacidad olfativa sensorial. La salvaje deja un rastro sutil, la de granja una huella saturada y evidente. Es por eso que el perro, y sus descendientes en el largo plazo, debe detectar las livianas e insaturadas partículas olfativa de una codorniz de campo.
17.- Enseña a adaptar el ritmo. El alumno de campo intensivo sale para una sesión de unos minutos. El expuesto a una situación natural debe buscar durante al menos media hora o una hora en cada entreno. Ello conlleva a medio plazo una adecuación al ritmo sostenible operativo en la caza.
18.- Situación idónea para el rastro. Tanto los especialistas en rastro como los polivalentes no aprenderán a seguir un rastro con fiabilidad solamente a base de rastros artificiales con piezas congeladas.
19.- Es más gratificante. Tanto el perro como el dueño obtienen mayor recompensa de un lance sobre salvaje, tanto por su dificultad, como por su belleza y escenario.
20.- La diferencia entre aprendizaje incidental e intencional. Los resultados de estudios pedagógicos y psicológicos dejan bien evidente que lo que se aprende en situación no forzada, expuesto el alumno a acontecimientos inesperados y comprendiendo sus beneficios prácticos, perdura (aprendizaje incidental). Lo aprendido mecánicamente en situación artificial y sabiendo que se espera de él una respuesta concreta, tarda más de arraigar y se olvida antes. Y que unas pocas experiencias naturales son más positivas que muchas artificiales.

(Texto: Ricardo V. Corredera. Fotos: Archivo).