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Cómo y cuándo establecerlo para que resulte efectivo

El adiestramiento del liderazgo

Los perros descontrolados son una fuente de problemas para el cazador durante la actividad cinegética. Ante esta situación caótica para el aficionado, el consejo del adiestrador siempre es el mismo: “lo primero que debe hacer es establecer el liderazgo”.
Adiestramiento_Jerarquia_G Adiestrador con un cachorro de setter inglés.

No es fácil lograr la integración del perro de caza en nuestro entorno. De una parte, el desfase biológico de ambas especies es mayúsculo y, de otra, el ser humano arrastra limitaciones de empatía y comprensión con el animal. El perro se ve forzado a realizar un enorme esfuerzo de acomodación y adaptación al contexto en el que ha de vivir, que no es otra cosa que un mundo de emociones y relaciones desestructuradas cuya organización armónica es el deber primordial del hombre como líder. El perro se encuentra a gusto dentro de unas pautas de comportamiento bien definidas y estructuradas. Las aceptará sin acritud desde el rol establecido en el que encuentra equilibrio y seguridad, donde sabe lo que de él se espera en cada momento y lo asume con naturalidad. Evitaremos así la confusión y ansiedad típicas de perros desestructurados emocionalmente y prevendremos tentaciones de disputa y medición dominante con el dueño.

El establecimiento de la jerarquía desarrolla el vínculo afectivo, aumenta la sociabilidad, desarrolla la disposición al trabajo específico y la cooperación, incrementa las ganas de complacer, ofrece mayor respuesta al control, aumenta la obediencia, inhibe de conductas agresivas, equilibra emocionalmente al perro, minimiza el uso del castigo, produce una mayor cohesión en el ejercicio de la caza y una mayor aceptación de ciertas tareas en el ejercicio venatorio: entrega en el cobro, manejo de la guía y la presencia del cazador en la muestra, inmovilidad al vuelo y organización de la búsqueda. Cuanto antes ocupemos de este aspecto, menos problemas tendremos a la hora de educar y desarrollar temperamentalmente al cachorro. Hacia la cuarta semana de vida el cachorro empieza el establecimiento de la dominancia/sumisión entre los hermanos, la autoestima, así como la asociación en grupos. Más tarde habrá dos periodos críticos en los que, de nuevo, despertarán en el can sus ansias de dominación: entre los cinco y nueve meses (periodo juvenil), y entre los doce y dieciocho meses (periodo de maduración). En estos periodos el perro, según su nivel de dominancia, se mantendrá atento a la conducta de su dueño, observará sus debilidades y aprovechará los momentos en que éste se relaje para medirse de una u otra forma con él. El perro ha de ser nuestro subordinado, hemos de entenderlo así, sacudiéndonos todo tipo de antropomorfismo. Él no puede ser nuestro colega, no lo entendería, aunque ello no tiene por qué significar un sometimiento despótico o cruel.

(Texto: R. V. Corredera / Fotos: Julio Abad y José Durán)