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Los cinco puntos clave para conseguirlo

Adiestramiento del cobro en agua

Es el verano la época más adecuada para poner en práctica el adiestramiento específico del cobro en agua con nuestro perro de caza, y no digamos si nos enfrentamos a un arranque estival como éste, con una ola de calor de la magnitud que estamos padeciendo.
Adiestramiento_CobroAgua_G Trabajando el adiestramiento del cobro en agua.
  1. Zambullida. Los adiestradores británicos exigen a sus retrievers una inmersión desde la orilla pausada, sin saltos ni brusquedades, muy alejada de la tendencia española de admirar al perro de caza que entra en el agua atropelladamente o dando un impresionante brinco de entrada. Una entrada brusca produce ruidos en el entorno inmediato que ponen en alerta o desalojan a otras acuáticas cercanas ocultas. Además, dicha actitud precipitada no favorece la correcta localización visual del punto de caída del ave. Lo correcto, por tanto, es que el perro no entre en el agua después de la detonación o el abatimiento hasta recibir la orden de su dueño y que entre con cautela.
  2. Comandos direccionales. En el agua es frecuente encontrarse con dos o más piezas flotantes esperando ser recuperadas. Es, pues, imprescindible en estas ocasiones que el can sepa interpretar nuestras indicaciones a través de comandos (izquierda, derecha, adentro, afuera...) y gestos realizados con los brazos.
  3. Tesón. El perro que no disfruta del agua, inseguro o con ansiedad, el que no soporta la humedad y el frío, o el que no alberga expectativas por falta de confianza, pronto abandona la acción de cobro saliéndose del agua. Sólo los perros con la suficiente práctica muestran templanza y tesón necesarios como para no regresar a la orilla si no es con la pieza en la boca. En la insistencia de nuestro auxiliar influirán la experiencia que desarrolle expectativas positivas, la obediencia y la comprensión de las indicaciones.
  4. Rastro en flotación. Pocos perros se sirven adecuadamente del sentido del olfato en el agua. Muchos parecen estar más preocupados por salir vivos del intento que de poner la nariz a trabajar a ras de la superficie. Un pato alicortado dejará tras la estela de su nado hacia la vegetación palustre un rastro olfativo en forma de partículas olorosas que permanecen en suspensión durante varios segundos. El perro no puede perder el tiempo, ya que pronto se diluirán en el agua o las dispersará la brisa. De nuevo la acumulación de experiencias será clave en la eficiencia de este trabajo.
  5. Entrega adecuada. Una vez trabada la pieza por el perro, éste no deberá soltarla bajo ningún concepto. Por eso es importante que sepa respirar correctamente bajo el agua. Son muchas las piezas que se pierden al no estar totalmente muertas y ser liberadas en el trayecto de regreso del can cuando pretendía tomar un respiro. Un ánade o una focha pueden aprovechar su último hálito de vida para perderse en una inmersión postrera.

(Texto: R. V. Corredera / Fotos: A. D. Domínguez)