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12+1 consejos para ser un buen adiestrador

La profesión de maestro es una de las más complejas, a mi modo de ver, y con más cargas de responsabilidad. Lo mismo ocurre con el oficio de adiestrador para con el perro, salvando, obviamente, las distancias.
adiestrados-etico-G Adeiestrar al perro es un atarea que conlleva una gran responsabilidad.

Por eso he creído conveniente establecer un sencillo código ético que nos sirva a todos los aficionados a la educación canica como guía en aras de preservar el equilibrio emocional del animal, promover una relación armónica con él mismo, respetando sus derechos más elementales y con todo ello favorecer el aprendizaje y el trabajo en la caza.

1. Sentido de la responsabilidad: cubrir todas las necesidades vitales del perro. Tanto las que tienen que ver con su salud como psíquicas. Prestar atención especial a su alimentación, que ha de ser de la mejor calidad posible, dada la condición de atleta a la que debiera optar un animal de caza. Contar con un veterinario de confianza con quien mantener al día las desparasitaciones, vacunaciones y chequeos puntuales.

2. Bienestar animal: mantener al animal en óptimas condiciones físicas. Un perro de trabajo debe estar en forma durante todo el año y no sólo en temporada. Si bien su pico de máximo rendimiento será durante la misma, y su nivel de mantenimiento en el periodo de veda, se deben evitar largos periodos de inactividad que tanto afectan a nivel mental y físico.

3. Conocimiento: interesarse por la propia formación en cuanto al conocimientos de los procesos psíquicos, emocionales y neurológicos que influyen en el aprendizaje animal. La comprensión de los mismos ayuda a comprender la conducta canina.

4. Individualidad: preocuparse por conocer en profundidad al alumno, su temperamento individual, las causas que forjan su carácter. No debemos tratar a todos los animales por igual ni aplicar los mismos sistemas, programas o acciones para todos. Cada perro posee unas individualidad que es necesario analizar para adaptar nuestro manejo a la misma.

5. Respeto por la naturaleza: el adiestrador de un perro de caza debe ser un estudioso del medio donde habrá de trabajar, es decir, del aula principal que es el campo y sus moradores. Desde el conocimiento de la naturaleza empezamos a amarla y respetarla en todo aquello que abarca. Tratemos con cariño y admiración tanto a la fauna como a los cultivos, ganado y a los lugareños que viven de ellos. Mantengamos total observación a la normativa que regula el tránsito de perros en libertad y al periodo de vedas, teniendo especial cuidado cuando la fauna se encuentra criando.

6. Vocación: el oficio de adiestrador debe estar motivado por una vocación hacia la docencia y por el amor por los animales y, después, guiado por la pasión por la caza en su versión ética y deportiva, no debe motivarse por cuestiones pragmáticas o por una visión de negocio. Tampoco con el frío objetivo de aplicar control sobre el perro con la intención de hacer de él un vasallo sometido y que “no moleste” en el campo.

7. Mente abierta: el adiestrador debe enriquecerse a sí mismo estudiando todos aquellos métodos o sistemas de adiestramiento, tanto tradicionales como vanguardistas. Debe evitar abrazar un solo método. Fidelizarse a una metodología cerrada y concreta es ponerse límites. Cada enfoque de la educación aporta nuevas ideas y recursos. Quedémonos con lo mejor de cada uno según el perro, el contexto y los objetivos particulares. Seamos asimismo creativos y tomemos las iniciativas necesarias para optimizar nuestra relación con el alumno.

8. Autocontrol: trabajemos en el control de nuestros propios actos. El autocontrol es necesario para no perjudicar el equilibrio emocional del perro y para mantener el nivel de justicia y flexibilidad exigido. Justicia a la hora de equilibrar premios y castigos y flexibilidad con las limitaciones naturales del perro por su condición animal. Mantengamos bajo mínimos el uso del castigo, utilizándolo solamente por la causa justa, en la medida e intensidad justa y con el método adecuado. Jamás lo inflinjamos con ánimo de venganza o movidos por la frustración o impulsos violentos. Nunca castigaremos a un animal por unas conducta indeseada sin que éste haya sido previamente educado en la correcta dirección.

9. Positividad: El adiestramiento debe estar siempre guiado por la positividad. Crear y encauzar conductas y no inhibirlas. El disfrute de ambos, perro y dueño, debe presidir tanto el entrenamiento como el ejercicio de la caza. El sufrimiento, el estrés crónico, la ansiedad, el miedo, deben permanecer al margen de la relación perro-educador. Si el perro no disfruta… algo va mal. Descubramos y pongamos remedio inmediato.

10. Planificación: el azar siempre es un elemento que irrumpe en el aprendizaje y viene a dificultarlo cuando menos conviene. Para mantenerlo lo más alejado posible, debemos programar nuestras sesiones de entrenamiento, minimizando así fallos, quemar etapas o dejarse llevar por la improvisación. Es, por tanto, importante anticiparnos a las tareas y mantener bajo control, en la medida de lo posible, el entorno y su elección, la pieza sobre la que hemos de trabajar, y el resto de medios a utilizar. Los errores fortuitos por falta de previsión, provocan tensiones inncesarias.

11. El lazo afectivo: el perro necesita vincularse emocionalmente como animal social que es. El vínculo afectivo se forja a través de la convivencia cotidiana, de una relación estrecha común y de horas compartidas tanto en el seno familiar como en el campo. Quien confina y olvida largas temporadas al animal en una perrera, está faltando gravemente a los derechos del perro, un noble ser vivo merecedor de todo nuestro respeto y cariño. La ética y la moral deben ir de la mano en todo trato hacia nuestro compañero y amigo.

12. Empatía: la complicidad con el alumno debe ser alta en todo momento. La empatía, esa capacidad para ponerse en el lugar del otro, puede y debe desarrollarse en aras a conseguir una comunicación clara y fluida en ambos sentidos. Conocer las más sutiles señales del animal y su sentido nos ayudará a interpretar sus sentimientos y emociones y a obrar en consecuencia a la vez que a anticipar sus actos y minimizar las respuestas indeseadas. Todo ello nos llevará a mantener y promover una relación en armonía.

13. Aprendizaje natural: procurar las experiencias de campo que potencien las aptitudes naturales del perro. Sus instintos primigenios necesitan ser manifestados por el animal en plena naturaleza. Las piezas montaraces son las mejores maestras del perro ya que activan sus pulsiones con más fuerza que la caza de voladero. El abuso de la caza en jaula actúa en contra del modelado espontáneo y natural del animal. Preservemos a nuestro alumno de tal adulteración en la medida de lo posible.

(Texto: Ricardo Vicente Corredera. Fotos: Archivo).