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A PARTIR DEL PROYECTO IMPULSADO POR GRUPO ALTUBE GARMENDIA

Qué haremos para salvar la perdiz

Salvemos_Perdiz_Roja_G Perdiz roja sobre una piedra y pollitos de perdiz en cautividad tras salir de los huevos.

De “Salvar" pasamos a "Salvemos" porque es necesario, imprescindible, casi imperativo, la participación de los interesados y afectados por el problema de la alarmante disminución de nuestra perdiz roja.

En efecto, "salvemos" entre todos: los cazadores, la Administración, los políticos centrales, los autonómicos y los locales, las federaciones y las asociaciones de caza, los servicios de guardería y vigilancia, incluso los agricultores y los pobladores de los ámbitos rurales. Todos deben ser tenidos en cuenta, informados y en la medida de lo posible involucrados, o mejor, vinculados por intereses comunes.

Con conocimientos muy valiosos atesorados durante tantos años repletos de experiencia empírica, la real, la tangible, la que da resultados determinantes y definitivos, Patxi Garmendia, desde el Grupo Altube que ostenta y dirige, está ahora dispuesto a afrontar todos los retos para demostrar sus métodos infalibles, y sobre todo para lanzar un proyecto nuevo para que la perdiz de refuerzo, allí donde falten, llegue muy vigorosa y plenamente desarrollada para cuando empiece la temporada cinegética, y la salvaje del campo, donde tenga viabilidad sin sueltas adicionales, acondicionarlo para que saquen adelante las polladas íntegras sin mermas para cuando se inicie la apertura de la campaña.

De todo eso Patxi Garmendia y el Grupo Altube nos quieren informar, y formar en la medida de lo posible, para mostrar la realidad más cruda y veraz en aras de presentar éxitos extrapolables a los terrenos de los cotos propicios para esta especie que se quieran recuperar, sin ser necesario en muchos casos reforzar o realizar sueltas con perdiz criada en cautividad.

Entorno perdicero.

Premisas básicas detalladas

Comenzamos con la premisa inicial y básica de forma detallada sobre la denominación diferencial llevada al campo silvestre entre lo que llamábamos terrenos propicios y los que son eriales o llanuras áridas e inhóspitas para muchas especies que necesitan una serie de requerimientos imprescindibles vegetales, acuícolas y orográficos para poder subsistir.

No obstante, hoy en día no basta sólo con tener un terreno propicio o hábitat adecuado para conseguir importantes densidades de perdiz roja, sobre todo para alcanzar un número satisfactorio de extracción de ejemplares por cada cazador durante la temporada en ojeo, en mano o con perro en recorridos al rastro

Las prácticas agrícolas desproporcionadas suponen una influencia muy negativa en las poblaciones perdiceras.

Tenemos que ponernos manos a la obra, porque está comprobado que la sobreexplotación de los terrenos y los recursos hídricos nos ha llevado a una situación de grave precariedad a nivel de las diversas biocenosis (sistemas de seres vivos que forman comunidades integrales e interactúan y ocupan cada hábitat concreto), y dentro de nuestros entornos de llanuras cerealistas y paramos herbáceos con árboles muy dispersos, propios de las aves esteparias como las fasiánidas, a las que pertenece la perdiz roja, tan humanizados hoy en día, se produce una gran contrariedad que se puede y se debe solventar para nuestro propósito.

Alimento y agua

Los recursos alimenticios son enormes para la fauna salvaje gracias a la agricultura y la ganadería, que proporciona cantidades ingentes de energía proteínica y vegetal, potenciando el crecimiento exponencial cada primavera de muchas de las especies silvestres, lo que exige un control ineludible (mediante la caza).  

Pero a su vez, en contrapartida, dicha humanización intensa y extensa de todo el territorio nacional rural, se ha convertido para los efectos en una inmensa granja agrícola y ganadera que, con la participación poblacional de las descomunales urbes y la próspera industrialización, se consumen incluso las grandes reservas de agua de las redes fluviales de lagunas, ríos y pantanos, también con pozos cada vez más profundos que acaban con las capas freáticas (fosas y corrientes subterráneas), generando una grave sequía en la red de arroyos, fuentes y meandros superficiales que no afloran y perjudican muy gravemente a la fauna silvestre.

Comedero y bebedero instalados en un coto de perdices.

Así las cosas, durante los años con meses de persistente sequía, es preciso distribuir en los cotos y fincas bebederos artificiales, permanentemente abastecidos, en la mayor cantidad de puntos posibles, de modo que las parejas de perdiz se distribuyan con una densidad adecuada a cada terreno, hasta alcanzar incluso una perdiz por hectárea, y en los lugares más óptimos y mejor cuidados superando cifras tan llamativas de hasta dos o tres por hectárea.

De la teoría a la práctica 

La experiencia práctica es sólo una parte de “Salvemos la perdiz roja", consistente en que el Grupo Altube Garmendia ha procedido a soltar perdices jóvenes en plena primavera con más de tres o cuatro meses de edad. Con esa antelación a la temporada de caza, concretamente las sueltas se han realizado a mediados de mayo-junio, se podrá comprobar con 2.000 ejemplares marcados a través de un sistema exclusivo y patentado si llegada la caza están prácticamente tan desarrollados para la lucha natural como las salvajes

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Esto ha sido llevado a cabo en un coto de más de 3.000 hectáreas en plena meseta castellana norte, alcanzando con la población ya existente más de una perdiz por hectárea (que a su vez podrán ofrecerse también ejemplares a quien quiera compartir dicha experiencia).

Para disponer de perdices de tres o cuatro meses de edad llegado finales de mayo o principios de junio, han tenido que obtener pollitos de parejas puras autóctonas de perdiz roja en el mes de febrero, que tras la eclosión han sido seleccionados para dicha experiencia innovadora

Perdices en un murete de piedras.

Los resultados se han obtenido en el inicio de la temporada de caza, tras superar todas las labores agresivas de las máquinas agrícolas, los rigores climáticos del verano, la desertización de las fincas de cultivo tras la cosecha y el acoso continuo de los depredadores

No obstante, y antes de conocerse esos resultados, en artículos sucesivos iremos explicando cómo han sido preparadas esas perdices durante tres o cuatro meses de edad, desde febrero hasta mayo-junio, tanto en sentido sanitario como conductual, en los voladeros donde tienen contacto visual y casi físico con un ejército de rapaces que se comen a las que escapan por algunos recovecos, y cuya secuencia de caza es observada por las demás, replegándose a la vegetación natural y aprendiendo la lección de vida y muerte necesaria para subsistir en la naturaleza salvaje. 

(Texto y fotos: Juan Carlos Gil Cubillo)