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Los zorzales que vienen del frío

De todas las formas de cazar de los pajarillos, esos zorzales que pasan el invierno entre nosotros huyendo de los fríos más intensos, la más dura es el puesto fijo, en eso días de rachas de aire gélido del norte… cuando buscan el abrigo del monte.
zorzal-G Zorzal en la nieve.

El zorzal cada año nos va sorprendiendo un poco si cabe, seguramente es porque su presión está siendo demasiado continua, al ser una alternativa más asequible a los bolsillos actuales, tan tocados por la eterna crisis económica, que no parece irse nunca. Hoy en día los zorzales ya no arrancan del olivo cercano o de la encina próxima, me atrevería a decir que las torcaces aguantan a veces más en ellas que los rápidos pajarillos, y si citamos la arrancada de las viñas estaríamos hablando de más de lo mismo. Hace no más de un lustro no era complicado ver salir de la cepa siguiente alguno y recrearnos en el disparo. Hoy eso ya no existe, vuelan respetando la misma distancia casi que las perdices, por lo que debemos agudizar nuestra puntería y correr bien la mano. Las uvas les mantuvieron este año poco tiempo en sus pagos, pues ya va siendo una realidad que cada vez quedan menos granos que antaño, que se recolectaba a mano. Las potentes máquinas no tienen piedad ni con los pajarillos y los cambios de cultivo de viña de vaso a espaldera pasará, ya lo está haciendo, factura a la fauna, pero esto ¿a quién le importa, verdad? Sólo a los cazadores que disparan y matan animales, no a la potentísima agricultura y sus efectos evidentemente devastadores.

Otras costumbres

El zorzal irá cambiando sus costumbres, no le queda otra, lo cierto es que ya lo está haciendo, empieza a ser abundante allí donde antes se le veía poco, y en cambio en los lugares tradicionales, se le ve de forma esporádica o aparece cada un número de años determinado. La comida, antes pieza fundamental para sus asentamientos, está siendo menos relevante para este animalito viajero que es capaz de dejar plantado a un grupo de cazadores que anhelan verlos volar por encima de sus puestos, y mira que hace frío para aguantar largas horas en él. Más vale agudizar el ingenio en las duras mañanas donde la escarcha es preciosa, pero menos mal que tenemos los equipos para paliar el frío en manos y pies. Os aconsejo que al puesto le dé un poco el sol, ya os apañareis para que la escopeta no brille y vuestra presencia sea camuflada, porque la sombra y la humedad reinante calan al más valiente.

Si el aire es violento, no creáis que les gusta desplazarse tanto a los comederos, buscan algunos abrigos donde puedan pasar la adversidad. En cambio, cuando amanece un día soleado, los movimientos pueden ser enriquecedores para nuestra vista, pajarillos volando a buena altura, poniendo a prueba a la munición, al ojo y a la escopeta del cazador, que se deleitará con el descenso del ave inerte o aún viva. Hay a quien le gusta alternar las dos opciones de caza según viene la jornada. Si su paso está en la entrada a la comida de un olivar, cuando ven que ha entrado un buen contingente de pájaros, se dedican a cazarlos en mano y… a esperar a ver si se mueven de nuevo.

Pájaros más bajos

Si la mañana está un poco nublada o con una pizca de niebla, el pájaro vendrá más bajo, nos sorprenderá, y tendremos que disparar con choques más abiertos y plomo de novena, pero como siempre extremaremos las precauciones con el arma y respetaremos las normas de seguridad que nos habilitan para cazar o para dejar el arma descargada, esperando que pase ese banco de niebla que se nos echó encima de golpe.

Cuantas anécdotas contamos en un puesto, cuando estamos acompañados de un amigo o de nuestros hijos, de cuantas cosas podemos hablar con tono bajo, en una mañana de puesto de zorzales, cómo se pasa el tiempo. Y entre tiro y tiro, un comentario sobre el disparo, si estamos con un cazador principiante, no debemos olvidar que nosotros también lo fuimos una vez. Le explicamos cuándo hay que moverse para no resabiar al pájaro y evitar que se gire en su trayectoria, cuándo tenemos que sacar el arma de la zona de sombra para intentar el disparo, y cómo apuntar a la pieza que vuela cruzada con días de aire o en  calma, donde el adelanto es mucho menor. En fin, no solamente la caza es disparar, es compartir, es aprender de las cosas que te muestra la naturaleza, podemos coger setas, hablar con los paisanos que recolectan aceituna, que nos podrán decir donde han observado una mayor afluencia en los últimos días y a qué horas. (Texto: Cristóbal de Gregorio. Fotos: Alberto Aníbal y Shutterstock).