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Zorzales y su caza al salto

Becadas, torcaces, distintas variedades de acuáticas y zorzales (real, alirrojo, charlo y común) se han convertido, desde hace unas semanas, en protagonistas de miles de jornadas de caza menor en España.
Reportaje_Zorzales_G Estamos en plena temporada de zorzales, pudiendo cazarlos en diferentes modalidades, una de ellas al salto con o sin perro.

Por lo que respecta a los últimos, a estas alturas nadie duda que se han convertido en piezas clave de la temporada y grandes animadores de múltiples jornadas de caza. Así, en puestos al paso, en pequeños ojeos o ganchos y al salto y en mano, los zorzales dan mucho juego en bastantes zonas de nuestra geografía, y eso por la cantidad de lances que procuran y el elevado número de cartuchos que se disparan. Sin embargo, en este caso vamos a centrarnos en la modalidad que quizá menos responda a la ortodoxia zorzalera (al salto), pero que debido a las enormes oportunidades que brindan estos pájaros, cada vez es más practicada por esos aficionados sabedores de los numerosos y emocionantes lances que se pueden llegar a disfrutar si el lugar de caza cuenta con las condiciones necesarias para albergar buenas densidades de zorzales.

Muy atentos. Si nos decantamos por la caza en solitario, con o sin perro, habremos de caminar de forma silenciosa por los escenarios querenciosos (olivos, viñas, almendros, manchas de monte, etc.) y estar muy atentos a las rápidas arrancadas de los pájaros. En el caso de contar con la presencia del perro, muy útil a la hora del cobro, trataremos de que no se aleje mucho para así evitar que los zorzales se levanten largos y fuera de tiro. Ni que decir tiene que si el perro no responde a nuestras órdenes en el cazadero, mejor que lo dejemos en la perrera o en casa, pues andar dando voces en este tipo de caza es sinónimo de fracaso. Por tanto, silencio, atención y buenos reflejos para realizar los tiros en las mejores condiciones se convierten en requisitos casi indispensables si queremos llevar a los colgadores algunos zorzales.

Un disparo emocionante. Se impone también, a la hora de ejecutar uno de los tiros más vibrantes de nuestra caza menor, una cierta destreza con la escopeta, y aunque al principio nos cueste cortar los siempre imprevisibles vuelos de los zorzales (es habitual que se descuelguen de los árboles y vayan durante unos metros casi rozando el suelo para luego, cuando ya están lejos, ganar altura), poco a poco iremos afinando la puntería y bajando algunos. A veces la salida del pájaro no nos sorprenderá y podremos efectuar un correcto swing de tiro, pero otras, quizá la mayoría, no será así y haremos un disparo intuitivo porque el zorzal, una vez oído ese característico batir de alas al levantar el vuelo, apenas nos concederá unas décimas de segundo para tirar.

Zorzales y... En escenarios con buenas poblaciones de zorzales no es raro que, cazando al salto, las perchas se vean completadas con torcaces, liebres y alguna que otra perdiz. Serán capturas esporádicas porque las numerosas detonaciones de la escopeta en los lances protagonizados por los pájaros pondrán en alerta a todos los animales que se encuentren en las proximidades, pero en esto de la caza no se puede descartar nada, y a buen seguro que grande será la ilusión del aficionado si, además de los zorzales, suma el cobro de una rabona que se arrancó en medio del olivar, de una perdiz que levantó vuelo en una viña perdida y llena de maleza o de un par de torcaces que salieron de un matorral de encina dentro del monte.

Mejor cuanto más tarde. A primera hora los pájaros, por su mayor índice de actividad, aguantan menos y no dudan en salir de donde se encuentran con mucha antelación al menor indicio de peligro, pero a medida que vaya transcurriendo la mañana, después de haber comido, seguro que los lances se incrementan -y también la presencia de los zorzales en los colgadores- debido a que disminuyen sus intenciones de volar y aumentan las de pasar inadvertidos, arrancando únicamente cuando de verdad notan cerca la amenaza, lo que brindará la oportunidad de disparos más próximos y con mayores posibilidades de éxito.

Perro, capturas, escopeta y cartuchos. Por encima de todo, la labor principal de nuestro perro será la de cobrar los zorzales, tarea que a veces se complica cuando un pájaro cae alicortado y se refugia en lo sucio. En estos casos, aunque veamos el lugar del pelotazo, nos será muy difícil encontrar la pieza, y es ahí donde la ayuda de nuestro compañero será de vital importancia. Y si relevante es el papel del can, qué decir de la escopeta y munición empleadas. Como estamos en una modalidad que posibilita gran cantidad de disparos, se impone el uso de escopetas semiautomáticas y superpuestas, aunque eso no signifique que las paralelas ofrezcan malos resultados. En cuanto a los cartuchos, y como estamos ante unos pájaros de pequeño tamaño, no superaremos los 32 gramos de carga con perdigones de octava y novena.

Resultados curiosos. Al salto no lograremos las capturas propias de los puestos de paso, tampoco las de los ahora tan de moda ojeos o ganchitos de zorzales, ni las que se obtienen cazando en mano, pero a buen seguro que conseguir la media docena de pájaros o más ya nos dejará satisfechos, sobre todo teniendo en cuenta que, salvo ser un virtuoso en este tipo de disparo, habremos tirado mucho para lograr estos curiosos resultados. 

(Texto: José María García / Fotos: Shutterstock y autor)