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Según un estudio realizado en una zona de perdiz silvestre y baja abundancia

La verdad de cómo afecta la caza a la perdiz

A partir de algunos parámetros de abundancia perdicera y su rendimiento obtenidos de los datos del grupo que participa en su caza, nos centramos en aquellos aspectos que ayudan a la planificación de los aprovechamientos cinegéticos.
Cazador_Perro_Perdiz_G Cazador de perdiz al salto durante el cobro de su perro de un pájaro abatido.

Se trata de valores medios de la actividad de los grupos de cazadores recogidos durante más de una década de seguimiento de caza en una zona con un alto porcentaje de perdiz silvestre (casi el 95 por ciento de las muestras son ejemplares que no proceden de granja) y baja abundancia (las densidades antes del inicio de la temporada de caza no llegan a los diez ejemplares por cada cien hectáreas).

Datos muy relevantes

Según los datos de nuestro estudio, a lo largo de cada jornada cinegética cada cazador ve unas nueve perdices, de las que captura entre uno y dos ejemplares, dejando heridas en el campo, es decir, sin cobrar, 0,16 perdices, una perdiz cada aproximadamente seis jornadas de caza. Las extracciones de perdiz por jornada, sumando las capturadas más las heridas (no cobradas), se sitúan de media en el 25 por ciento de las perdices vistas. Los valores de los ejemplares heridos, no cobrados, tienen una alta variabilidad como consecuencia de la diferente efectividad de cada cazador e incluso varía para un mismo cazador entre los diferentes días de caza.

Los rendimientos por cazador son muy bajos, pero suficientes para seguir motivando la afición del grupo de caza. La probabilidad de cazar está condicionada por la baja densidad de perdices. La existencia de otras presas alternativas (liebre o en menor medida conejo) o actividades complementarias como la recogida de setas complementan la motivación de los cazadores a la hora de salir a practicar la caza.

Rendimientos en solitario o en grupo

En este punto parece interesante analizar los rendimientos de los cazadores en función de si cazan en solitario o lo hacen en grupo. De esta forma obtenemos que para los primeros, es decir, los que cazan en solitario, el rendimiento medio se sitúa en 1,57 perdices por jornada, seguido de los que lo hacen en grupo de dos, que por jornada capturan 0,87 perdices por cazador. En el siguiente grupo, los que van de tres a cuatro cazadores, aunque el rendimiento global del grupo se incrementa, disminuye el rendimiento individual por cazador. A partir de este tamaño tanto el rendimiento del grupo como el de los cazadores individuales disminuyen.

Hasta ahora no se había encontrado ese tamaño crítico a partir del cual el rendimiento disminuye. Es posible que dadas las características de los cotos de caza del área de estudio, se adapten la caza que pueden practicar cuatro cazadores en mano, pero ya por encima de ese número obligue a que alguno de los que van en la mano tenga que revisar terreno poco apropiado para la presencia de perdiz, y de ahí que el rendimiento tanto del grupo como de cada uno de los cazadores disminuya.

Todos éstos son datos que ayudan a la planificación de los aprovechamientos, permitiendo aproximar el efecto de la caza sobre las poblaciones de perdiz.

(Texto: Dr. Jesús Llorente / Fotos: J. L. F. y R. M.)