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En las próximas jornadas de caza de conejos en verano y de media veda

El tiro de caza menor y su tiempo

Al disparo sobre la pieza muy pocos tiradores le dan apenas importancia, pero no por ello deja de tenerla. Yo diría que uno de los aspectos más importantes dentro del swing de tiro es controlar el tiempo de disparo y la decisión con que realizamos éste.
Reportaje_Tiro_G Cazador de menor apuntando con su escopeta en una jornada de caza estival.

Si un tirador que dispara en 0,20 segundos, por el motivo que fuera, lo hiciera en 0,30 segundos, al retrasarse esos 0,10 segundos provocará que ese adelanto que tenía calculado y que, en muchas ocasiones, fue el idóneo para acertar, en esta ocasión se quede corto, ya que tardó 0,10 segundos más en apretar el gatillo. También puede ocurrir lo contrario, o sea, que disparemos con más precipitación, aumentando la decisión de disparo y provocando que el adelanto por esta causa sea demasiado grande, de tal forma que el tiro pase por delante de la pieza. Esto puede ocurrir, pero es mucho menos habitual que el primer caso.

Una demostración para ver lo importante que es tener una velocidad alta de decisión de disparo, es decir, de apretar el gatillo en cuanto estemos delante de la pieza que queremos abatir, es observar cómo los resultados de aciertos de nuestros disparos en el segundo tiro son muchos más elevados que en los del primer disparo. Esto es debido a que todos los tiradores, por diferentes causas técnicas, aumentan mucho más la velocidad de disparo en el segundo tiro que en el primero. ¿Os habéis preguntado cuánto tiempo transcurre desde que vuestro cerebro da la orden de disparo y vuestro dedo aprieta el gatillo? La mayoría, por no decir casi todos, me responderíais que no lo habíais medido nunca y que es un dato que desconocéis. Esto es algo que deberíais controlar, pues es importantísimo, mucho más, por ejemplo, que las medidas de vuestra culata, a las cuales los tiradores le prestáis tanta atención, dedicándole muchísimo tiempo a obtener las medidas idóneas, sobre todo los tiradores de plato y tiro al vuelo. Un retraso de 0,05 segundos en apretar el gatillo equivale a un error de más de un centímetro de desvío en la culata, tanto en altura como en ventaja hacia fuera o hacia dentro.

Lo importante en el tiempo que perdemos en nuestra decisión de tiro es que éste sea siempre el mismo, ya que de esta forma será mucho más fácil calcular los adelantos y así podremos enriquecer nuestra capacidad de juzgar, ya que partiremos de un punto de referencia siempre igual. Cuando hablamos de decisión de tiro, no debemos confundirnos con la velocidad del disparo. Un tirador puede disparar muy pronto a una pieza y, por el contrario, ser lento apretando el gatillo, aunque en la mayoría de los casos las dos cosas van unidas. No ocurre tanto cuando el tirador es lento y apuntón, en cuyo caso es más difícil conseguir que cuando llegue el momento del disparo su decisión de disparo sea lo suficientemente rápida.

Factores que influyen en el tiempo de disparo

Las variaciones en el tiempo de decisión de disparo dependen de factores psíquicos y físicos. Los físicos son el tiempo que tarda el mecanismo de la escopeta en percutir el pistón, prenderse la pólvora y que los perdigones lleguen hasta nuestro objetivo. Este tiempo es muy regular y experimenta muy pocas variaciones de tiempo. Hay otros mecanismos físicos como son el que nuestro ojo capte el momento idóneo, mande esta imagen al cerebro, éste, a través del sistema nervioso, mande la orden al músculo del dedo y éste, por último, accione el gatillo. Estos pasos físicos están condicionados por una serie de factores externos que nos afectan de una forma psíquica y que originan grandes variaciones de tiempo en nuestra decisión de tiro, como es, por ejemplo, nuestro estado anímico, presiones emocionales desde fuera, como las que provoca participar en una competición o simplemente el sentir que alguien está observando nuestros disparos, factores que nos presionan y provocan en nuestra mente un mayor deseo de no fallar, motivo por el cual es muy frecuente disminuir nuestra velocidad de disparo con el ánimo de aumentar la precisión.

Otros factores que pueden influir son la ingesta de algunos fármacos, como son los tranquilizantes o los estimulantes, o todos aquéllos que puedan producir una cierta somnolencia, y cómo no, el alcohol también tiene gran protagonismo cuando hablamos de influir en la decisión de disparo. Si observamos en los ojeos de perdiz, casi siempre en el ojeo que se da después de comer, los tiradores suelen tirar mejor que en el resto. Esto es debido a la valentía de apretar el gatillo que nos proporciona el vinillo de la comida o la copa de la sobremesa; claro está, la toma de alcohol debe ser moderada y sin pasarse, ya que lo que ganamos en decisión lo perdemos en reflejos.

Continuar el swing tras el disparo

Parece que parar la escopeta al pegar el tiro nos proporciona una mayor precisión y puntería y, con ello, alcanzaremos un mayor número de aciertos, cosa totalmente opuesta a la realidad, y si cometemos errores como no seguir el swing estamos tentando continuamente al descuido de parar la mano, provocando el fallo casi con total seguridad.

Además, seguir el swing como costumbre es una gran cualidad para el tirador, ya que también nos ayudará a que cuando hayamos realizado el primer disparo y éste haya sido fallido, el hecho de seguir el swing facilitará que la punta de la escopeta esté situada junto a la pieza para efectuar el segundo disparo con la menor pérdida de tiempo posible; mientras que si paramos el swing, al ver el fallo del primer tiro, tendremos que ponernos de nuevo en movimiento y volver a realizar todos los pasos anteriores del swing, con la consiguiente pérdida de tiempo. Algunos tiradores, como eso de seguir el swing después de disparar queda muy estético y elegante, lo que hacen es que, después de efectuar el disparo y pararse, se ponen de nuevo en movimiento haciendo un swing falso y simulado. Esto no vale de nada; el seguir el swing tiene que salir de una forma natural y la mejor forma de conseguirlo es que cuando nuestro dedo accione el gatillo, nuestro cuerpo no se entere y siga girando, efectuando el movimiento del swing como si no se hubiese efectuado el disparo, es decir, coordinando por separado el disparo y el movimiento de nuestro cuerpo. El disparo se produce cuando nuestro ojo capta el adelanto deseado y nuestro cuerpo sigue girando como si no se hubiese enterado del disparo.

Bajar la escopeta

Hay muchos tiradores, y hasta cierto punto es lógico, que nada más disparar se quitan la escopeta de la cara, y digo que es lógico porque el ponernos los cañones de la escopeta delante de nuestras narices no resulta nada natural y es algo que nos molesta para ver con claridad qué es lo que pasa por delante de nuestros ojos. El no quitarlos durante el momento de seguir a la pieza y disparar es algo lógico a lo que no nos negamos por razones obvias, pero una vez que suena el disparo ya sí que no nos podemos aguantar y bajamos la escopeta para ver mejor qué ha pasado con nuestro disparo. Esto no debe hacerse así; cuando, después de disparar, seguimos el swing, éste debe hacerse con la escopeta totalmente encarada, y será cuando la punta de la escopeta llegue al final del swing cuando ésta descienda de nuestra cara a la posición de aguardo, pero repito, una vez que el giro de nuestro cuerpo haya finalizado totalmente. De esta forma, garantizaremos tener en la opción de poder efectuar un segundo o tercer disparo con nuestra culata totalmente pegada al pómulo de la cara. 

(Texto : G. G. Escudero / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)

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