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Cuatro razones principales que se repiten temporada tras temporada

¿Por qué se cazan menos becadas? Te damos las claves

La temporada becadera 2016-17, aunque parecía al principio que sería buena en líneas generales, al final, salvo en contados lugares a los que hemos hecho referencia aquí, ha sido más bien discreta, algo que analizamos a continuación en forma de claves.
Becada_Nieve_Comida_G Becada en un desplazamiento en busca de alimento.

Demasiada presión venatoria

Aquí hay una presión venatoria cada vez mayor como consecuencia de la paulatina ausencia de otras especies silvestres de caza menor. Esa presión supone que las becadas se escondan en lugares intrincados del monte donde no tienen acceso los cazadores.

Y las becadas que se quedan en los lugares accesibles están muy perreadas e incluso tiroteadas, motivos ambos por los que levantan el vuelo antes de que llegue el cazador con su marchoso perro zumbador o tocando el cencerro.

Furtivismo desalmado

En el norte, paso obligado de un gran contingente becadero, subsiste un cierto furtivismo consistente en esperar a las becadas en los puestos palomeros por los que pasan. Y por si los puestos palomeros de pasa hicieran poco daño, que lo hacen, hay lugareños que saben por dónde pasan las aquerenciadas en su zona a la hora del crepúsculo o antes de amanecer. A la lacra social de los pasos, hay que añadir a quienes las cazan por la noche en las praderas donde van a comer.

Nuestros montes son cada vez menos habitables para las becadas

El monte está sucio y en muchos casos resulta impenetrable porque cada vez hay menos ganado sin estabular como consecuencia de lo poco rentable que es la ganadería en general. Ahora no es rentable la ganadería estabulada y tampoco la no estabulada.

Al no transitar los animales por el monte autóctono, éste está sucio y cada vez lo estará más, lo que propiciará la no querencia de las becadas. La becada huye del monte intransitable, pero no por ello deja de estar en esos claros húmedos con vegetación por donde puede correr por debajo de ella, y si en el claro de monte hay humedad donde pueda meter el pico, miel sobre hojuelas. Las plantaciones masivas de eucaliptos, pinos radiata y especies similares no ofrecen el acomodo propicio a la becada que dejan las plantaciones autóctonas.

Las praderas ganaderas desaparecen o se abonan con purines 

Los grandes establos ganaderos alimentan a sus animales con piensos compuestos medicados y todo. Es por ello que no les hacen falta praderas, prados y pastizales, a no ser que sean de alta producción. Producción ésta que para llegar a ella se hacen imprescindibles los pesticidas, plaguicidas y demás idas, además de esos purines que vierten sin miras medioambientales. Los venenos de marca matan a las becadas y los purines también. En los lugares donde abundaban las pequeñas ganaderías se han dejado de cultivar las praderas y ya la becada no tiene dónde comer.

Cuando se cierran las praderas y los montes se espesan, las sordas se ubican en esos claros inaccesibles y se están en ellos comiendo y durmiendo hasta que la nieve o las heladas les obligan a irse a las linderas de las tierras de labor con vegetación arbustiva suficiente. Me refiero a las linderas de labrantíos, ríos, arroyos, aguadutos, etc. que sean húmedos y tengan vegetación arbustiva donde esconderse y haya suficiente humedad no helada para meter el pico en busca de lombrices y demás alimentos. 

(Texto: M. Á. Romero / Fotos: Shutterstock)