Pasar al contenido principal

Diferentes perdices, diferentes tipos de disparo para cazarlas

La caza de nuestra perdiz roja encierra tantas variantes con respecto a las trayectorias y velocidad de los pájaros que es, sin duda, una de las más complicadas con respecto al tiro.
Tiro_Perdiz_G El tiro a la perdiz es uno de los más bellos de nuestra caza menor, pero también uno de los más complicados de ejecutar bien.

Requiere, sobre todo lo demás, una reacción rápida por parte del cazador, que nunca debe llevar la escopeta apoyada en el hombro o colgada a la espalda. La guardia media o baja se necesita siempre cuando caminamos atentos a las evoluciones del perro sencillamente porque este tipo de tiro es encare y reacción rápida, no debiendo dudar nunca sobre si encaramos o esperamos. En cuanto el pájaro arranca -siempre que salga a tiro-, ya hay que estar encarado, seguir su trayectoria y, en el caso de que salga hacia delante, taparlo bien y disparar sin detenernos en el movimiento de encare y seguimiento.

La perdiz de pico. Suspiramos por un buen ojeo de perdiz, pero todos tememos a las bravas patirrojas que, empujadas desde largo, van entrando chorreadas y de pico, pues sabemos que es uno de los disparos más complicados de la caza menor. En realidad no es así, y aunque indudablemente requiere su técnica, es más problema de serenidad a la hora de ejecutar un swing adecuado que de otra cosa. Nunca hay que dejar a la perdiz que se nos venga encima; hay que apuntar rápido y muy por delante, siguiéndole la estela de la cola según entra y, cuando la tenemos a 25 metros más o menos, tiramos de la escopeta de atrás hacia delante, es decir, de la cola hacia el pico sobrepasando éste y, sin detener el movimiento, disparamos. Resultado: un espectacular pelotazo delante de nuestro puesto. Recordad que nunca hay que llenarse de perdiz, hay que tirarle bien por delante.

El pájaro repullado. De un tomillo, de la rechoncha coscoja, de la cepa, de la atocha de la ladera, la perdiz quedona, la amagada, la que ya quiere volverse tras estar por delante huyendo de nosotros, termina en muchos casos por volar de forma un tanto insólita: el pájaro arranca casi en una vertical perfecta, como queriendo salir directo al cielo. Es la perdiz repullada. Casi siempre queremos verla mientras sube y vamos encarados con la escopeta, pero nos asomamos demasiado y solemos dejar los disparos bajos si el pájaro arranca algo retirado; lo ideal será encarar de abajo arriba siguiendo a la perdiz, pasándola rápido para tirar por encima, y de esa forma todas caen.

La barra de perdices. A todos nos ‘comen’ las perdices en barra. Te ofrecen un espectáculo increíble, con docenas y docenas de perdices cruzando por encima y, sin embargo, no solemos acertar a ninguna a pesar de tirar en repetidas ocasiones. Esto se debe a la limitación que nos imponemos nosotros mismos al querer asegurar varias jugando a disparar cerca. Hay que tirar a las primeras bien largo y seguir tirando con la segunda y tercera escopeta, no a las que tenemos encima o a las que nos han pasado, sino a las que siguen llegando por delante a 30 ó 25 metros. Si nos dedicamos a tirar a las que tenemos encima las fallaremos casi todas, y si nos volvemos tiraremos en peores condiciones que si tiramos a las que nos siguen entrando de frente.

La perdiz trasera. Avanzamos por el barbecho siguiendo los laceos de nuestro perro por delante, que lleva picado un rato con el peón de las perdices; de pronto un estruendo nos sobresalta: una perdiz arranca por detrás, queriéndose marchar tras haber quedado quieta mientras pasábamos. Lo inmediato es volverse y tirar al bulto, ¿no? Pues no señor, que así casi siempre se falla la perdiz que nos ha sorprendido. Lo ideal es volverse sin precipitaciones, apoyar bien los pies en el suelo, bien equilibrados y sólo entonces encarar, tapar a la perdiz y subir de un tironcito los cañones para poder cortar su trayectoria recta pero ligeramente ascendente.

La perdiz revolada. Cazando en mano raro es el día que algún compañero no saca una perdiz y la canta a los demás según nos va pasando por delante en su huida ese pájaro que vuela con brío. Pasa por delante, tiramos, repetimos y fallamos casi siempre. ¿Va blindada? No, sencillamente o paramos la escopeta al disparar o adelantamos muy poco. A estas perdices, cuando van algo retiradas, hay que adelantarlas casi a tres metros por delante para lograr abatirlas, por ello intentemos pasarle el tiro por delante con nuestro cañón más cerrado, y así el huso del plomeo casi seguro que la alcanzará.

El doblete de perdices. El bando está cerca, en la viña o en la asomada, y en unos instantes nos arrancará a tiro, situación propia para el doblete, e incluso si los nervios acompañan con templanza, para el triplete si cazamos con semiautomática. Nunca tiraremos a bulto, pues acabamos perdiendo todas las opciones de abatir alguna. Primero a la que arranca a buena distancia y recta, luego, según vamos encarados, mejor a las que vuelan sesgadas a la izquierda, adelantando siempre sin detener la escopeta, siendo muy útil no desencarar entre perdiz y perdiz.

(Texto: M. S. M. / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para facilitar y analizar la navegación de sus usuarios y proporcionarle una mejor experiencia en el uso del mismo. Si está de acuerdo siga navegando o pulse en ACEPTAR. Ver más detalles.