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La capacidad de reaccionar a tiempo para tener más oportunidades de lances

Perdices al salto: mejor adaptarse al campo y al perro

Cada amanecer en el campo es diferente y la perdiz actuará según esté el tiempo, según las condiciones de presión que tenga en la zona y según entremos a por ella, y este último punto es el único en el que podemos trabajar nosotros con nuestro perro.
Cazador_Perro_Perdiz_G Perdicero junto a su perro en pos de las patirrojas al salto.

Debemos aprender a entender lo que ocurre en cada momento para calcular cómo va evolucionar de forma aproximada la cacería y aplicar las correcciones oportunas sobre la marcha según se constate o altere nuestra previsión. Con el ejemplo siguiente lo veremos muy claro: si al llegar a la zona donde queríamos cazar vemos que ya hay dos cuadrillas batiendo ‘nuestro’ cazadero, ¿qué hacemos? Hay quien insiste en lo que tenía pensado y coge su rumbo, mandando buscar al perro, aunque está medianamente claro que por donde acaban de pasar varios cazadores con sus perros, poca perdiz queda al ser primera hora de la mañana. Otra cosa sería a las dos de la tarde. Pero hay quien se reubica rápidamente, tantea cómo viene el viento, cuál es la entrada de esos cazadores, cuál es la salida lógica de las perdices que se escurrirán de los mismos, y entonces silba a su perro perdicero y se encamina rápido a la zona donde posiblemente contacte en un rato con las primeras patirrojas (‘sus’ perdices, aunque en otra zona no prevista inicialmente). Este cazador sí colgará alguna con un poco de suerte, mientras que el primero lo tiene mucho más complicado.

Sean cuales sean las variables que entran en escena en cada arranque de la jornada, nuestro perro de caza saldrá más o menos de la misma forma: como le pida el cuerpo en ese momento. Esto es así nos pongamos como nos pongamos, de ahí que resulte tan importante valorar rápido cómo inicia nuestro perro esa jornada, si está más o menos centrado, más o menos propenso a irse largo, más o menos díscolo en esos inicios... Valorando rápido podremos adaptarnos en unos minutos para coordinarnos de forma efectiva con su proceder.

Aquí radica uno de los grandes problemas de entendimiento entre el cazador y su perro: hay que valorar cada mañana cómo va a cazar nuestro perro e intentar reconducir lo mejor posible el trabajo común. Nunca queramos que el perro cace como queremos, de forma mecánica y sistemática, pues nos llevaremos enormes desilusiones y desengaños. ¿Estamos nosotros igual cada mañana, con el mismo ánimo, con las mismas dudas, con las mismas incertidumbres o fuerzas? Pues nuestro perro tampoco.

Si logramos un suficiente grado de cohesión con nuestro perro, ajustando el ritmo y aunando la intención según venga el día, cada jornada que arranque mal se irá convirtiendo gradualmente en más llevadera, incluso será positiva en determinados aspectos; eso sí, si la mañana es de ésas en las que perro y cazador están centrados y dispuestos a volcarse al cien por cien el uno para el otro, entonces esa jornada será para salir a hombros de la plaza y, quieran o no, las perdices acabarán saliendo a tiro y más de una regresando en la percha.

(Texto: Miguel Soler / Fotos: Archivo)