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La conservación de las primeras significará la supervivencia de los segundos

Perdices y perros perdiceros

Me gustaría, desde mi humilde opinión, expresar mis sensaciones sobre la situación actual del perro de caza como compañero imprescindible e insustituible, tal y como lo entendemos los muchos aficionados de escopeta y perro.
Perdices_Perros_G Perdiz roja en un barbecho y braco alemán en muestra.

Y la verdad es que al igual que con respecto a la caza menor no tengo muchos motivos para sentirme optimista -a pesar de lo cual, como ha sido la tónica en mi vida, me resisto a que me venza el pesimismo-, aún sigo teniendo una fe ciega en el ser humano pues creo que, si nos lo proponemos, todavía podemos cambiar esta situación entre todos.

Sé que la afirmación que voy a realizar no va a ser compartida por muchos aficionados y que me pueden caer palos desde algunos sectores, pero quiero dejar claro que no es mi intención molestar a nadie: estoy convencido de que en la actualidad hay muy pocos buenos perros de caza, particularmente en lo referente a perros de muestra. Y, ¿en qué me baso para decir esto? Pues muy sencillo, en que muchísimos cazadores desarrollan su actividad cinegética exclusivamente sobre perdices de granja, de las que no pongo en duda su pureza genética, su bravura, etc., pero que, en definitiva, son pájaros de granja. Todos los que llevamos ya unos cuantos años cazando con el perro por delante, sabemos que nuestra querida perdiz roja (la brava) tiene una cantidad de recursos que hacen que su captura sea sumamente difícil y, por ello, muy meritoria.

Esto lo entenderán perfectamente aquellos aficionados que se hayan metido en una sierra o en unos inmensos barbechos y, con la única ayuda de su perro, se hayan propuesto doblegar a esas astutas perdices, y si después de seis o siete horas de andar sin desmayo y con cabeza, cuando uno se enfrenta a un rival tan bravo y astuto como la de las patitas colorás descubre que no se las vence sólo con la fuerza, sino utilizando todas las estrategias y recursos que solamente da la experiencia acumulada tras los muchos fracasos sufridos, podremos ir poniendo en práctica lo que un perdigón aprende en pocos días, que a nosotros nos cuesta casi toda una vida de cazador. Y si tras todo esto conseguimos que nuestro perro muerda un par de perdices, es como para echar la gorra por alto.

Todas estas dificultades y muchas más, tantas como para escribir un libro, son las que han hecho que nuestra perdiz salvaje haya sido tan valorada y apreciada a lo largo de los años y por todos los cazadores del mundo, algunos de los cuales, después de haberlas cazado, han quedado enganchados a ella de por vida.

En todos los pueblos de nuestra querida tierra, los perdiceros solitarios eran muy considerados y, además, se les reconocía un valor extra entre los demás aficionados, considerándose sus capturas casi como verdaderas hazañas, ya que se tenían muy en cuenta todas las dificultades que habrían tenido que superar, yendo siempre su nombre unido al de algún perro renombrado por sus excelencias para la caza.

Por eso dar con un buen perro que nos ayude a resolver todas estas situaciones tan exigentes es de suma importancia y, por supuesto, se apreciará lo que vale. Nuestro compañero tiene que ser duro, inteligente, con una pasión desmedida -que no descontrolada- por la caza, con un instinto de muestra y de cobro extraordinario. Parar a una perdiz es muy difícil, y no digamos nada de cobrar un pájaro alicortado en plena sierra. Por lo tanto, es la perdiz y su bravura el mejor barómetro para medir las cualidades de nuestro compañero, y también nuestra mejor aliada para realizar una selección de entre nuestros perros.

Entiendo que alrededor del mundo del perro de caza existen criadores y adiestradores, así como un conjunto de pruebas con caza salvaje, y por supuesto que tanto unos como otras son de suma importancia para seleccionar ejemplares con unas condiciones extraordinarias para la caza y de cuyas descendencias los mayores consumidores -no nos quepa la menor duda- somos los cazadores de a pie, por lo que solamente podremos valorar realmente sus cualidades si los enfrentamos a situaciones difíciles, ante rivales con unos instintos de supervivencia extraordinarios y que parten siempre con la ventaja de que juegan en su terreno, el cual conocen a la perfección porque para ello han nacido y se han criado allí, con lo que salen con muchas ventajas para jugársela y salir victoriosas del perro y del cazador más avezados del mundo.

Por eso tenemos que tomar conciencia, todos los que de una forma u otra formamos parte de este mundo de la caza, de que el día que no tengamos perdices salvajes en nuestros campos, tampoco necesitaremos perros con unas cualidades extraordinarias para poder cazarlas. No olvidemos que la degeneración de nuestra perdiz llevará implícito el mismo proceso de merma en nuestras razas de perros cazadores, fenómeno que desgraciadamente ya ha ocurrido con otras especies salvajes y sus predadores naturales.                                

(Texto y fotos: Pepe Durán)