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Ecos de la temporada de caza de perdiz con reclamo

“Las perdices de granja cantan como el culo”

Miren ustedes, mis queridos cuquilleros, este post lo escribo a destiempo y parecerá que había menospreciado la caza de perdiz con reclamo macho. Nada más lejos de la verdad.
Reclamo_Canto_M Reclamo en la jaula y perdiz campesina en la plaza.

El artículo que escribí con todo lujo de detalles y sobradas imágenes donde me permití despiezar a conciencia una granja de ‘perdices artesanales’ no me lo han publicado todavía y lo van a hacer en la El Coto de Caza, la revista digital bimestral de esta web. A lo mejor por escribir esto no me lo publican y encima me echan de la web y de los demás medios de comunicación del Grupo V.

Bueno, si estas cuatro letras ven la luz, pensaré que no son unos cobardes pintamonas, pero acertado o no, un servidor de ustedes, que soy yo, dice lo que piensa y no tiene por mengua sus consecuencias. Pues “para lo que va a durar el fraile en el convento, lo mismo da que cague fuera que dentro”. Pero no voy a gastar espacio en aburrirles con lamentos tales como mis muchos años, y menos con el rosario de cuentas infelices de mis muchos males.

Ya tengo una determinada edad y sufrí los tiempos malos de la postguerra en el campo, donde la carne de las perdices era necesaria para aviar la olla y la perdiz con reclamo se cazaba durante todo el año si el campo lo permitía y lo hacía con creces, prueba evidente es de que cada año había más perdices porque la única química que se utilizaba en el campo era el abono de casa, que estaba ya repasado primero por las gallinas y después por los cerdos. Esos abonos no tenían nada que ver con los purines líquidos de ahora. Ni mucho menos.

¿La perdiz de granja sirve para reclamo?

Las perdices de granja cantan como el culo. Además, son monocordes, insultantes, agresivas y repetitivas. No alternan cantos ni escuchan al campo. Se les quita la sayuela y comienzan a regañar como cuando el gran boxeador Óscar Ringo Bonavena subió cabreado al cuadrilátero y la primera hostia se la encajó al árbitro. Las perdices ‘granjonas’ salen insultando y como vean hembra tocan la guitarra como lo hacía el difunto Paco de Lucía. Montan como lo hacen los gallos y  los machos de codorniz, sin pudor alguno. Se matará con ellas, pero no se disfruta del lance y eso no es cazar. Es como llevar galgos al campo y en vez de disfrutar de la carrera, se le endosa un tiro a la liebre cuando salta de la cama. Las perdices de granja sirven para ‘matar’ a sus iguales o incluso machos valientes de campo que plantan cara al engendro y entran en plaza a dirimir el entuerto. Pero eso no es caza. Eso es otra cosa. Eso, señores míos, eso es matar sin paliativos.

La realidad perdicera del campo español

Lo anterior no impide que afirme que tal y como está el campo, hay que sacrificar nuestros gustos en aras de que la modalidad siga adelante y si se recupera la especie, aun cuando ninguna autonomía hace nada por ello, proceder en consecuencia y saber valorar el trabajo de un perdigón de los de verdad bajo lances pautados por un arte no apto para cardiacos.

Ya les escribiré en otro post lo que es cazar con perdices de verdad y tengan cuidado, que no todas las perdices cogidas en el campo incluso de pollos son autóctonas, pues algunas están más mixturadas que los perros cusquejos de antaño. Lo malo de todo esto es que algunos, encima de robar las perdices tuneadas como tales, están robando aves inservibles para el reclamo de verdad. Insisto y lo lamento, pero ahora hay que seguir el arte (que no deporte) con el remedo de las perdices de las granjas, que hacen las veces como aquél que bebía gaseosa y decía que era champán del bueno.

Ya ven, los granjeros han hecho dinero y han truncado la cultura milenaria de los pueblos de España. Sepan que a las granjas de los pueblos, donde las cuidan al aire libre con cariño y esmero, les pagan a 7 euros la unidad y en el coto intensivo las cobran a 50 por unidad. Ni les cuento lo que le cobraron en Libia al difunto Muamar el Gadafi o los ‘refuerzos’ que hacen en ciertas fincas de La Mancha donde van gentes muy principales a cazar perdices bajo otras modalidades. Las de primera, como dice José Luis Garrido Martín, vuelan bien, pero las de tercera las coge el perro o no levantan vuelo aun cuando les den un estacazo los ojeadores contratados al efecto.

Seguiré si no me echan. Claro.

(Texto y fotos: Miguel Ángel Romero Ruiz)