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Faisanes, agachadizas, codornices, patos, zorros...

Las otras opciones en caza menor

Y porque no todos podemos o queremos cazar perdices, liebres, conejos, zorzales, becadas y torcaces, a continuación analizamos sucintamente las otras posibilidades de caza menor que tenemos a nuestro alcance en estas semanas.
Reportaje_OtraCM_G Drahthaar intentando atrapar a un faisán que acaba de levantar el vuelo.

Codornices de invierno. No siempre cazamos codornices en una vega en agosto, o en las parameras de los corrillos de paso en septiembre. El otoño y el invierno nos dan opciones, en muchos lugares, de colgar de vez en cuando algunas de las criollas que se quedan en nuestros campos sin emigrar hacia África. Pero estas codornices juegan a ser perdiz en muchos casos, volando en grupo o arrancando rápidas y largas en la viña o en el rastrojo de maíz. Por ello, si sabemos que en determinado terreno podemos tirar algunas codornices, choke de tres estrellas y octava, encares rápidos y codorniz tapada al disparar; si sale un bandito, mejor dejarlas que se distancien lo suficiente y procurar escoger a una para disparar, que es mucho mejor que tirar al bulto del grupo.

Zorros en madriguera. Aunar el trabajo de los perros de madriguera con la escopeta es buen ejercicio cuando vamos a zorros en la llanura (en tuberías de riego, en arroyos, en montones de paja empacada, etc.), ya que, por lo general, el zorro en estos lugares no suele acularse y opta por la carrera como escape. El disparo no suele deparar problemas, ya que el terreno es despejado, pero sí hay que insistir en no precipitarse a la hora de encarar, realizando un swing completo de abajo a arriba siguiendo su cola, para disparar justo por encima de sus orejas, única forma efectiva de alcanzarlo de lleno y no plomearlo sólo en sus cuartos traseros.

Ojeo de faisanes. Aunque parezcan pájaros fondones y tardos en arrancar, el faisán que nos llega ojeado trae una velocidad importante que hace que dejemos muchos disparos cortos, traseros, según repetimos sobre él cuando nos cruza o nos entra de pico. Al faisán en ojeo, adelantos amplios, chokes medios y perdigón de sexta. Y, como suelen tener buena cola, motivo de más para apuntarlo a ella según nos cruzan, tomar bien la trayectoria de vuelo y poder adelantar en la línea acertada, mejor de más que de menos.

Patos desde puesto. Estas cacerías de acuáticas tienen el componente de lo incierto de los resultados a lograr, ya que las acuáticas, a pesar de tener querencia clara en una laguna, río o conjunto de charcas, cambia mucho sus rutas por las variaciones de tiempo que tengamos en cada día, casi siempre dependiendo del aire. Así, nos pueden entrar muy rápidos y a media altura, patos complicados de abatir que a veces hay que dejar pasar para intentar tirar en mejores condiciones en otra vuelta. Al pato que vuela a buena velocidad hay que adelantarle bien los disparos, ya que su volumen nos suele dar la impresión errónea de que no van a tanta velocidad. Cuando entran varios, tiraremos a los más fáciles, que no siempre son los primeros en entrar. Si no tenemos mucha práctica, podemos intentar abatir a los del centro del grupo, que dan menos requiebros que los primeros, pues los van siguiendo.

La agachadiza. Sin duda, la agachadiza es de las piezas de caza menor que más rompen los nervios al cazador, que no acierta a comprender cómo un pájaro tan pequeño y en apariencia endeble puede hacer lo que hace en el aire. A la agachadiza que arranca cerca hay que, o bien dejarla volar un poco y adelantar bien por delante de su trayectoria, o recurrir a los cartuchos dispersantes de novena para tirar en los primeros metros de vuelo. Si la dejamos volar, hay que meter bien la cara a la escopeta y seguir sus requiebros, tirando de la escopeta por delante con decisión para poder abatirla.

Faisanes en la arboleda. Presentes en algunos cotos donde se vienen repoblando con cierto éxito, el faisán depara algunas jornadas muy entretenidas cuando los cazamos con nuestro perro por delante. Su terreno suele ser el de llanura, alternando con manchas de arboleda (le gusta posarse en las ramas), pero siempre cerca de cultivos y linderas, donde acude a comer y a sestear. Su disparo entre los árboles encierra el encanto de apreciar su tamaño bien de cerca, pues aguantan bien la muestra, aunque, a la hora de tirar, muchas veces dejamos los disparos cortos porque tiramos más a su cola que a su cabeza; así, aunque tomemos la cola como referencia para ejecutar el swing, siempre hay que dar un tirón de los cañones hacia arriba para poder abatirlo.

El zorro ojeado. Cazando en zonas de monte fuerte, en laderas de pinos, en bancales de monte repoblado, no es extraño que algún compañero de la mano levante un zorro que nos puede entrar a buena distancia de tiro. Si viéndolo venir optamos por cambiar de cartucho para poder disparar uno con perdigón más grueso, el ruido de esta operación casi siempre alerta al zorro, que varía en seco su camino y se alejará. Por ello, quietos donde estamos y, cuando lo tengamos a unos veinte metros (no a más distancia porque cazamos con cartuchos para perdiz o liebre), disparamos tapándolo si viene de frente o adelantando como un metro o menos si viene cruzando y no va demasiado rápido. Mejor siempre disparar con el cañón más cerrado que tengamos en la escopeta.

Patos en el arroyo. La caza de acuáticas al salto es una de las modalidades para con estas piezas más dinámica y que requiere mucha práctica para lograr ponernos a tiro de los esquivos patos del arroyo o del remanso del río, ya que éstos, a la más mínima, o aguantan y nos salen prácticamente encima al creerse descubiertos, o vuelan rápidos según nos acercamos. Así, en arroyos de mucha maleza donde los patos salen cerca y rápidos, hay que tener la picardía de encarar siempre bien y sin precipitarnos, seguirlo lo que podamos según lo sucio del lugar y tirar antes de que el pato cruce del todo el arroyo; la trayectoria suele ser un poco ascendente, por lo que debemos seguir al pato apuntando a la cola para ver bien hacia dónde va, y cuando se distancie lo suficiente, pasamos la punta de los cañones hacia arriba y al sobrepasarlo disparamos. No vienen mal los cartuchos dispersantes de sexta para el primer disparo en arroyos pequeños, y un cartucho normal de 34 gramos e idéntico perdigón para el segundo disparo,

(Texto: M. Soler / Fotos: Shutterstock y archivo)