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SEXTA LECCIÓN

Curso de tiro de caza: el swing II

Continuamos con el curso dedicado a ofrecer los consejos y las claves para mejorar en el tiro de caza y nos centramos en el segundo capítulo referente al swing de tiro, concretamente en la captación de la pieza.
swing2_G El swing de tiro II.

Aquí podrás ver todas las lecciones del Curso de Tiro de Caza

La captación de la pieza

La captación con nuestros ojos de la pieza que queremos abatir es un factor importantísimo, ya que del tiempo que tardemos en localizarla dependerá en gran medida el tiempo que nos quede para realizar todos los demás pasos del swing. Para localizar a la pieza no sólo debemos emplear nuestra visión, sino también hacer uso de la capacidad auditiva. En el mundo de la competición de tiro, la velocidad de reacción ante la salida del plato es algo que se entrena y se cuida muchísimo, pues una buena salida nos permitirá desarrollar un swing suave, cómodo y preciso, mientras que una mala salida nos provocará tirones y brusquedades, enemigos terribles del buen tirador.
En estudios realizados sobre distintos deportes en los que afecta más o menos la velocidad de reacción, se ha comprobado que el tiro es en uno de los que juega un papel más importante, tanto como en los cien metros lisos de atletismo, carreras cortas de natación o en el karate o boxeo. En estas disciplinas hemos visto en innumerables ocasiones, antes de que el juez-árbitro dé el pistoletazo de salida, cómo los deportistas se escapan corriendo o se tiran a la piscina haciendo salidas nulas. Esto es debido a que llevan a un extremo tal su concentración que, sin desearlo, no pueden retener el impulso de tomar la salida y se escapan en contra de su voluntad. También podemos ver cómo un boxeador, ante cualquier amago de su rival, se cubre rápidamente, incluso cuando el contrario no ha hecho ni intento de lanzar un puñetazo.
Casi todos, de niños, hemos jugado al popular juego del calienta-manos; si nos fijamos, la concentración que ponemos para que la persona con la que jugamos no nos dé en el dorso de la mano es tan alta que estamos continuamente haciendo ademanes de quitar la mano para alcanzar una máxima velocidad de reacción. Este movimiento muscular incrementa la velocidad de reacción, como veremos más adelante cuando lo apliquemos al tiro. El estado psíquico que se siente al practicar este juego es similar al que debe sentir el tirador a la hora de desear aumentar su velocidad de reacción en su concentración.

Velocidad y suavidad

¡Ojo!, hay que recordar que velocidad no está reñida con la suavidad y que una velocidad de reacción alta sirve para salir a la vez que veamos a la pieza o al plato, pero en ningún caso para pegar un tirón brusco al verlo, sino todo lo contrario, para salir a la vez, pero con suavidad y coordinación del movimiento del swing. Si preguntáramos a cualquier persona o incluso a un profesional de la psicología sobre qué hemos de hacer para aumentar nuestra velocidad de reacción, la respuesta sería unánime: “estar muy concentrados”. La respuesta me parece correcta, pero no me aporta datos que yo pueda poner en práctica para reaccionar antes, aumentando mi velocidad de reacción. Las palabras “estar muy concentrado” dicen mucho por sí solas, pero a la vez me aclaran muy poco cuáles son los pasos físicos y psíquicos que he de realizar para alcanzar esa buena concentración.

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¿Estar muy concentrado es estar como un perro de muestra sin moverme, sin pensar en nada y mirando fijamente a la pieza o al plato sobre el que voy a disparar, o por el contrario hay que estar pensando en todo lo que voy a hacer cuando aparezca volando? Intentando averiguar qué era lo mejor que podía hacer para conseguir una máxima velocidad de reacción, he llegado a las siguientes conclusiones: - En primer lugar, debemos utilizar nuestra mirada, fijando la visión central del ojo en el punto por el que va a salir el plato o por donde intuimos que va a aparecer nuestra pieza de caza que queremos abatir. Esto es debido a que el ojo humano ve bajo dos prismas, uno para desarrollar la visión central y otro para la visión periférica. Según estudios llevados a cabo en otras modalidades deportivas, se ha podido comprobar que aquellos estímulos ópticos captados a través de la visión central del ojo mandan la señal al cerebro mucho más rápido que los que son captados por la visión periférica; por consiguiente, lo primero que tendremos que hacer para ir aumentando nuestra velocidad de reacción será fijar el centro de nuestra mirada en el lugar por  el que saldrá el objeto sobre el que queremos disparar.

- A continuación, el siguiente paso que debemos dar será el de hacer unos pequeños movimientos con los músculos que van a realizar el movimiento de seguir a la pieza. De esa forma, el cerebro los tendrá localizados y su respuesta será más rápida; por poneros un ejemplo, esto es lo que hacemos cuando jugamos a un calientamanos. En este juego, para evitar que el contrario nos golpee en las manos, estamos haciendo continuamente el movimiento de quitar las manos para así conseguir que nuestro cerebro tenga localizados los músculos que van a desarrollar el movimiento de nuestros brazos, los cuales nos van ayudar a escaparnos antes de que nos golpeen.

- Una vez realizados los pasos anteriores, nos tomaremos al menos tres segundos mirando a la salida del plato, antes de pedirlo. Estos tres segundos tenemos que utilizarlos, ya que está comprobado médicamente que por debajo de un tiempo de concentración menor que ése el ser humano no es capaz de alcanzar su estado de máxima concentración y, por consiguiente, de máxima reacción de respuesta ante cualquier estímulo externo.

Seguro que muchos de vosotros tenéis una duda al leer estas líneas: bueno, esto esta muy bien para tirar al plato, pero en la caza yo no sé cuándo me va a salir la perdiz o el conejo, por lo tanto no podré concentrarme siguiendo los pasos anteriores para estar al máximo de velocidad de reacción. Esto es verdad, pero tener en cuenta que en la caza no tenemos que llegar a un extremo tan alto de velocidad de reacción, como ocurre en la competición de tiro al plato; la velocidad de salida de un plato de la máquina que lo lanza es aproximadamente de 120 km/h, mientras que la velocidad de arrancada de una perdiz, por ejemplo, es muchísimo menor. Por otro lado, el porcentaje exigido de aciertos en la competición de plato comparado con el que en la caza nos proporcionaría un buen sabor de boca no tiene nada que ver. En la alta competición de plato en la actualidad hay que estar sobre el 98 por ciento de acierto, y esto llevado a la caza sería una utopía. Además, pobres perdices si esto se llegara a conseguir.
Pero no cabe duda que de ese entrenamiento para perfeccionar y aumentar nuestra velocidad de reacción en el tiro al plato algo queda metido en nuestro cerebro, y que de alguna forma, a la hora de reaccionar ante la salida de un conejo o el revolear de una perdiz, este entrenamiento nos ayudará a reaccionar más rápido y tendremos más tiempo para efectuar el segundo paso del swing con más comodidad, suavidad y precisión.

Encarar y seguir a la pieza

Normalmente, lo que la mayoría de los cazadores hace nada más ver salir a la pieza es echarse la escopeta a la cara y después apuntarla, yendo directamente delante de la pieza y disparar. Estos pasos no se han de realizar de manera independiente, sino haciéndolos a la vez y coordinando cada uno de ellos por separado. Cierto es que el cerebro humano no puede mandar dos órdenes a la vez, pero sí que podemos mecanizar de forma que hagamos uno de estos movimientos por instinto, mientras nuestro cerebro controla el otro. Si nosotros, al ver la pieza, primero subimos la culata a la cara y una vez que está allí buscamos a la pieza con la punta de la escopeta, sería como si por un triángulo rectángulo fuéramos primero recorriendo un cateto y luego el otro; este camino sería más largo que si fuéramos directamente por la hipotenusa, lo cual equivaldría a hacer los dos movimientos a la vez.

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El movimiento de encare tiene que ser algo mecánico y metido en nuestro cerebro a base de repeticiones en nuestros entrenamientos en casa, de tal forma que lo realicemos con total precisión y sin pensar cómo lo hacemos. Este entrenamiento debemos efectuarlo muy a menudo porque, como ya vimos en el capítulo correspondiente, un buen encare es totalmente necesario para que nuestro disparo vaya dirigido al sitio deseado. Las series de repeticiones de encare durante los entrenamientos no han de ser superiores a diez encares, ya que este ejercicio fatiga en gran medida los brazos y con muchas repeticiones seguidas podemos conseguir que los encares no sean todo lo precisos que deseamos, provocando con ello coger malos vicios difíciles de eliminar después. No olvidéis que estamos intentando, al hacer encares, automatizar este movimiento en nuestro cerebro para que nos salga de una forma instintiva y sin pensar.
Una vez que la culata queda unida a nuestra cara, será el momento de dedicarle una milésima de segundo al encare para comprobar que éste ha sido correcto y que la cara y la culata forman una sola pieza. Mientras hacemos el encare, lo que sí tendremos que efectuar de una forma controlada y consciente es, desde el primer momento, seguir a la pieza con la punta de nuestra escopeta, como si la fuéramos apuntando sin necesidad de que la culata haya alcanzado nuestro pómulo.

Texto: Gonzalo Gómez Escudero

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