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TERCERA LECCIÓN

Curso de tiro de caza: el ojo director

Es muy frecuente entre aficionados a la caza o al tiro en general la siguiente pregunta: ¿tiras con los dos ojos abiertos o cierras uno?. Vamos a intentar aclarar qué es lo que se debe hacer y en qué circunstancias.
ojodirector_grande El Ojo Director.


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Como ya habéis ido comprobando en anteriores lecciones, soy un defensor de hacer las cosas de la forma más sencilla y natural que sea posible de manera que compliquemos lo mínimo el momento del disparo. La vista es uno de los sentidos más importantes que tenemos, y por ello  es fundamental que al efectuar un disparo nuestros ojos se encuentren de la forma más natural y cómoda posible, tal cual los tenemos normalmente en nuestra vida, es decir, ambos abiertos y en un plano horizontal, ya que si cerramos un ojo en el momento de realizar un disparo, además de los problemas físicos que esto representa, nos provocaremos una sensación psíquica incómoda. Algunos tiradores al leer esto pensarán que a ellos no les afecta, pues llevan haciéndolo toda la vida; por supuesto que nuestro cuerpo puede adaptarse a casi todo, pero esto no significa que ésa sea la mejor técnica a emplear. Como ejemplo de la incomodidad que representa el cerrar un ojo os diré que probéis a aparcar vuestro coche con un ojo cerrado; antes de hacerlo os aconsejo que comprobéis que el seguro de vuestro coche se encuentra en vigor para poder reparar los desperfectos que originéis.

Todo ventajas

Como norma general, comentaré que hay que disparar con los dos ojos abiertos, pues con ello conseguiremos varias ventajas como, por ejemplo, la que os he citado anteriormente de mantener un estado natural relajado. Por otro lado, y como todos sabéis, para medir distancias es necesario mantener los dos ojos abiertos. Recordaréis en el capítulo dedicado al juicio de adelanto que una de las cosas que teníamos que tener en cuenta para calcularlo era la distancia a la que se encontraba nuestra pieza. Pues bien, para calcular esta distancia es fundamental mantener los dos ojos abiertos. Además, hay ocasiones en las que no sólo hay que medir la distancia a la pieza, sino que además es preciso saber a qué distancia se encuentra ésta de algún objeto, como pasa en el tiro al vuelo, en el que es necesario calcular a la distancia que se encuentra el pichón de la valla que delimita el campo. Otro factor importante que nos ofrece el mantener los dos ojos abiertos es que nuestro campo visual no se reduzca, con lo que además de ver al objetivo que queremos abatir, a la vez con la visión periférica del ojo no director podemos estar visionando por dónde entran otras piezas para así poder acudir a ellas después de efectuar el primer disparo con la mayor velocidad y precisión posible. Esto ocurre muchas veces en la modalidad de caza del ojeo de perdiz. Además, cuando hacemos un doblete, al disparar sobre la segunda pieza con la visión periférica podemos visionar más o menos dónde cae la primera pieza abatida; claro que esto no ocurre en todas las ocasiones, pero en muchos casos sí que nos puede ayudar. Incluso como medida de seguridad también es importante mantener los dos ojos abiertos, ya que cuando cazamos en mano o en puesto siempre tenemos que tener localizados a nuestros compañeros, y máxime en el momento del disparo, para lo cual mantener los dos abiertos siempre será una ventaja. En resumidas cuentas, el tirar con los dos ojos abiertos todo lo que aporta son ventajas y en ningún caso inconvenientes, siempre y cuando el tirador compruebe antes que su ojo director es el mismo del pómulo sobre el que apoya su escopeta, para lo cual antes de decidirnos a tirar con los dos ojos abiertos, lo primero que tenemos que hacer es averiguar cuál es nuestro ojo director.
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¿Cuál es nuestro ojo director?

¿Cómo podemos saber cuál es nuestro ojo director? Hay varias formas, pero la que yo recomiendo, ya que es la más sencilla y segura, es la de coger una hoja de papel de tamaño folio y hacerla en el centro un pequeño agujero del diámetro aproximado de un dedo. Después coger la hoja abierta en sentido apaisado con ambas manos con los brazos estirados y bajos pegados a nuestro cuerpo; de repente subiremos la hoja hasta la altura de nuestra cara para a través del agujero, con los dos ojos abiertos, mirar algún objeto que halláis elegido anteriormente. Quedaros quietos en esta posición y hacer la prueba de cerrar uno u otro ojo y comprobar con cuál de los dos al cerrarlo dejáis de ver el objeto que estabais mirando. Ése será vuestro ojo director.
En algunas personas este fenómeno está más acusado que en otras, pero todas tienen siempre un ojo predominante o director. Al hacer esta prueba nos podemos encontrar con dos circunstancias: que nuestro ojo director sea el mismo del pómulo de apoyo de la culata de la escopeta o no. En el caso de que coincida, mi consejo es que ese cazador dispare siempre con los dos ojos abiertos. Si al principio de tirar con los dos ojos abiertos observáis un efecto extraño, como si vierais dos cañones cuando enfocáis a la pieza sobre la que deseáis disparar, no os preocupéis, esto es normal; deberéis disparar sin problemas porque de la imagen de los dos cañones vuestro cerebro elegirá sin pensarlo la recibida por el ojo director, que será la que mande. No os desaniméis al principio por esa sensación extraña, seguir practicando con los dos ojos abiertos y veréis cómo en poco tiempo os sentís como si llevarais toda la vida haciéndolo así. Además, observar desde el principio cómo el número de piezas abatidas no sólo no disminuye, sino que aumenta desde el primer día. ¿Qué ocurrirá si observamos que nuestro ojo director es el contrario al pómulo de apoyo del arma? Pues bien, en primer lugar no os preocupéis pensando que esto va a ser un hándicap insuperable para llegar a ser un buen tirador; para todo hay soluciones, unas mejores que otras. Yo os voy a dar varias y vosotros elegís la que más se adapte a vosotros. La que menos me gusta es la de cerrar el ojo director, por lo cual se convierte inmediatamente en ojo director el otro ojo; de esta forma se soluciona que el ojo director sea el mismo del apoyo del arma, pero en cambio esta solución no nos deja aprovechar todas las ventajas que hemos visto anteriormente, es decir, las que proporciona el tirar con los dos ojos abiertos. Corregir el problema así es como si nos duele una muela y nos la quitamos; deja de dolernos, pero nos hemos quedado sin muela. Otra posibilidad sería la de cambiar la escopeta de hombro de apoyo. Resulta una buena solución para aquéllos que empiezan de cero, pues como no tienen ningún hábito adquirido les da igual coger la escopeta como zurdo o como diestro. Normalmente el ojo director coincide con la mano con la que tenemos más habilidad.
Ahora bien, para un tirador que lleva muchos años tirando como zurdo o como diestro cambiar al otro lado el punto de apoyo es casi imposible y, por supuesto, desaconsejable. Aunque si observamos en otros deportes, los atletas llegan a manejar ambas manos o ambos pies casi con la misma habilidad a base de práctica y entrenamiento. Por citaros un caso, recuerdo que mi queridísimo amigo, ya desaparecido, Pedro Carrasco tiraba con su escopeta apoyándosela en el pómulo izquierdo o en el derecho con toda naturalidad y conseguía magníficos disparos con ambos apoyos. Claro está que deportistas y personas como Pedro ha habido muy pocos.

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Soluciones

Vamos a ver cuáles son las dos soluciones que más me gustan y mejores resultados nos proporcionan. La primera de ellas es la de colocar como punto de mira un punto luminoso situado dentro de un tubo negro; este tubo ha de tener una longitud de al menos cuatro centímetros y el punto luminoso encontrarse en el extremo más cercano a la punta del cañón. Este punto luminoso debe encontrarse en el interior del tubo y en ningún caso debe verse por el lateral del tubo, el cual tiene que ser de una sola pieza, sin ranuras ni ventanas. De esta forma, al hacer el encare del arma sólo recibirá el color rojo del punto de mira el ojo que se encuentre alineado con la solista de la escopeta y, por consiguiente, con el interior del tubo, mientras que el otro ojo, en este caso el ojo director, sólo verá el lateral negro del tubo. Con esto sólo tendremos que estar pendientes de coordinar el punto luminoso con la pieza que queremos abatir. Hay tubos de este tipo comercializados en el mercado a los que tendremos que hacerles una pequeña modificación que consistirá en tapar con un tubo supletorio la fibra óptica que se ve por el lateral. Los fabricantes los hacen descubiertos para que la fibra reciba más luz y ser más luminosos, pero esto no es bueno como solución para nuestro ojo director, por ello tendremos que adaptarlos metiéndolos dentro de un tubo fino cerrado, aunque con ello perdamos cierta luminosidad en el color rojo del punto. La otra solución de corregir el ojo director es la más usada por los americanos y consiste en tirar con gafas en las que posicionaremos un redondel de un centímetro de diámetro aproximadamente, el cual tapará la visión central del ojo director; este redondel habrá de estar situado de tal forma que intercepte la línea recta que podíamos trazar ente el iris del ojo director y el punto de mira. Para posicionar bien este redondel en la lente el tirador debe contar con la ayuda de una persona, a continuación ponerse las gafas y encarar la escopeta manteniendo esta posición. El ayudante se situará en la punta de los cañones del arma, observará en qué parte de la lente de las gafas coincide el punto de mira con la córnea del ojo y ése será el punto donde deberá situar el parche en la lente. Con esto conseguiremos que la visión central del ojo director se pierda, con lo que pasa a ser utilizada la del ojo no director y no así ocurre con la visión periférica, que sigue siendo utilizada y de esa forma podemos aprovechar las ventajas que ésta nos ofrece. Si algún tirador intenta una u otra forma de corregir el problema de su ojo director y no lo consigue, que no dude en ponerse en contacto con nosotros para pedirnos consejo, ya que existen soluciones más complejas y específicas para cada caso que no hemos citado en este capítulo. De todas formas os diré que ha habido grandes cazadores que han tirado toda su vida con un ojo cerrado y han alcanzado grandes éxitos, no sólo como cazadores, sino también como deportistas en modalidades de tiro olímpico a su más alto nivel. Incluso hay algunas modalidades de tiro como el skeet olímpico en el que las distancias ya están medidas y la precisión del adelanto tiene que ser muy alta, para lo cual el tirar con un ojo cerrado no significa ningún hándicap. En conclusión, ante la pregunta ¿hay que tirar con los dos ojos abiertos?, os diré que sí, siempre y cuando comprobéis primero que vuestro ojo director es el mismo del pómulo de apoyo de la culata de vuestro arma.

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Texto: Gonzalo Gómez Escudero