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Coordinación, visión del cazadero, respeto al trabajo del perro e interpretar sus movimientos y reacciones

Las claves para el perdicero

Salvo en determinados terrenos donde sabemos que de arrancar alguna perdiz, lo hará en tal o cual lugar, lo impredecible de la ubicación del lance con la patirroja exige que el cazador nunca pierda el vínculo con el trabajo de su perro.
Cazador_Perdicero_G Perdicero tras su perro en una jornada de caza a las patirrojas.

No es que el perro se pegue a nosotros, es que el cazador ha de saber y poder estar a la altura del lance cuando un perro con oficio y templado lo facilita. Puede que una perdiz te arranque de donde menos lo esperas (esos lances de sorpresa y sin previo aviso por parte del perro suceden con frecuencia), pero nos centraremos en la dinámica más productiva, la de estar atentos a cómo reacciona nuestro perro en cada momento, y en cuanto lo haga, valorarlo y saber responder de la forma adecuada. Parece sencillo, pero en esto es donde fallamos casi todos y donde nos dan auténticas lecciones los perdiceros veteranos.

Nunca temamos a un perro rápido o fuerte que demuestre tener gran nariz y temple con la caza; hay que temer a no saber o poder estar a su altura siempre que cace centrado, ya que eso es otro cantar. Cuando estás coordinado con tu perro, cuando tú lo sigues y él te espera según los casos, entonces la comunicación corporal es determinante para ambos. Si sabes interpretar qué y cómo lleva por delante el perro según se mueva, rabee, recorte o baje la cabeza, ya tienes pistas suficientes para, en función del terreno, adelantarte rápido o centrarte en el lateral por donde calculas va a salir la perdiz. Ahí está la cuestión para ganar el lance.

Es claro síntoma de novato estar atento al perro y no mirar por delante de su avance. La perdiz arisca y brava no se deja acercar así como así y seguramente podremos lograr abatir alguna sólo si sabemos verla o estamos muy atentos a su arranque veinte metros por delante según el perro va frenando su avance. Ahí el perdicero debe estar ya casi donde su perro para poder intentar abatirla, pues esa perdiz puede que apeone rápida otros diez o quince metros y salir ya casi fuera de tiro. En estos casos, si nos mantenemos veinte metros detrás del perro esperando que éste muestre y que la perdiz salga a cinco metros de la muestra, vamos apañados en la mayoría de las ocasiones... Coordinación, visión del cazadero, respeto al trabajo del perro e interpretar adecuadamente sus movimientos y reacciones son las claves para el perdicero.

Luego hay zonas y situaciones en las que el cazador se puede recrear en el lance fácil y casi asegurado (ojo, que por eso a veces fallamos las más fáciles) en una lindera o una asomada, pero éstos son lances que aprovechamos de vez en cuando. Donde hay que trabajar duro es en el llano, en la sierra, y ahí quien no caza poniéndose en el lugar de su perro y sabiendo estar a su altura, mal lo lleva en este oficio.

(Texto: Miguel Soler / Fotos: A. A.-Á. y M. Torné)