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Apuntes cinegéticos en un tiempo muy lebrero

Cómo cazar liebres con galgos y con escopeta

Sin duda la liebre, en cualquiera de las modalidades que protagoniza (con galgos, con escopeta y perros de muestra o levantadores, en ojeos mixtos junto a perdices y con perros de rastro), mueve a miles de aficionados y a sus perros.
Reportaje_Liebres_G Diciembre es un gran mes para la caza de la liebre.

Al escribir sobre liebres no nos referimos ni a la europea ni a la de piornal, cuyas pequeñas poblaciones se encuentran en la zona norte de nuestro país, sino a la ibérica, la que está presente en buena parte de nuestra geografía (sobre todo en Castilla-La Mancha, Madrid, Extremadura, Andalucía y Castilla y León) y que ahora, en plena temporada general de caza menor, depara cuantiosas jornadas cinegéticas, tanto para galgos y galgueros como para cazadores de escopeta y perro de muestra.

Con escopeta y perros de muestra

El cazador de liebres con escopeta y perros ha de ser un gran conocedor del suelo, de las huellas y de las camas de la rabona, viejas o nuevas; también debe ser constante y metódico, además de conocedor de la climatología y de sus repercusiones en la especie que pretende cobrar. En esta modalidad las prisas no son buenas, primando más la minuciosidad en la búsqueda que la rapidez. Es preciso dejar cazar a los perros; no se trata de que abarquen mucho cazadero, sino de que lo hagan de forma concienzuda, mejor andando que al galope. Los machos de liebre, menos voluminosos que las hembras, son más inquietos y al menor indicio de peligro saltarán de la cama, instantes breves que ha de aprovechar el cazador para abatirlos. Son las hembras, más confiadas, las que provocan mayor deleite al aficionado con perro de muestra, pues permiten aproximaciones y aguantan mejor la cercanía del can. Referido al disparo, la liebre no ofrece demasiadas dificultades si esperamos el momento adecuado, es decir, a una distancia nunca superior a los treinta y cinco metros. A pesar de ello, se suelen fallar muchas liebres que se ven encamadas porque en la carrera se consideran abatidas.

Con galgos

En esta modalidad tiene un gran peso el poderío del perro, cuya musculatura y arqueo del cuerpo serán determinantes para en una carrera limpia poder dar alcance a la rápida y escurridiza liebre. Pero también el galguero ha de ser buen conocedor del terreno y de las querencias de la pieza para conseguir echar alguna carrera después de visualizar a la liebre en la cama. La estrategia de la carrera se basa en provocar la huida de la pieza hacia los barbechos o sembrados, es decir, contraria al monte, escenario en el que la rabona goza de mayores posibilidades de salir indemne del lance. De todo buen aficionado a la caza de la liebre con galgos es sabido que la carrera ideal la protagonizan dos buenos lebreles y la rabona, desechando la mala costumbre practicada por algunos de soltar un elevado número de perros en una carrera. Las razas de galgos que más se emplean hoy en día son las hispano-inglesas, persiguiendo aunar el fondo de las sangres ibéricas y la rapidez de las procedentes de las Islas. Sin embargo, todavía existen en España sangres en estado bastante puro. Andalucía, Murcia, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Castilla y León son las regiones en las que la caza con galgos cuenta con mayor raigambre. El aficionado a esta modalidad ha de sacar mucho a sus galgos para que éstos se fortalezcan y vayan encalleciendo sus almohadillas. Las patas son el motor principal de un buen galgo y por eso tienen que ser cuidadas con mucho esmero.

(Texto: J. M. G. / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, Ricardo V. Corredera, Albar y Archivo)