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Diez apuntes críticos sobre nuestro propio colectivo

Cazadores y un curioso decálogo

Estamos en tiempo de veda en la mayoría de territorios para la caza menor y con pocas opciones de salir al monte en lo tocante a la mayor. Es éste, por tanto, un buen momento para reflexionar sobre algunos aspectos en torno a la actividad cinegética.
Decalogo_Cazadores_G Cazador en pleno lance a una perdiz.

Estoy harto de muchas cosas, y como no me apetece guardármelas y sí compartirlas, nada mejor que aprovechar la ocasión para poner algunas de manifiesto:

  1. No soporto a aquéllos que se despacharon a gusto con las perdices de granja y ahora abrazan la opción de repoblar con ellas y cazarlas como la única alternativa posible.
  2. Me dejan atónitos los que ensalzan públicamente la tradicional montería española -anunciando los riesgos que corre de desaparecer- y no paran de acudir a cercones donde los resultados –tanto en cantidad de reses abatidas como en calidad de trofeos cobrados- están más que garantizados.
  3. Estoy hasta la coronilla del esnobismo que en muchos casos rodea al corzo y a su caza. Menos puristas dando ejemplo cuando en sus currículos hay tantos y tantos borrones venatorios y más cazadores serios y comprometidos con el Capreolus capreolus en España.
  4. Se me abren las carnes ante esos ‘amantes’ del perro de caza que, faltos de conocimientos y de humildad, han ‘estropeado’ todos los canes caídos en sus manos y encima piensan que el problema radica en los ejemplares que han tenido y en la mala suerte con ellos.
  5. Pena da comprobar, en relación a este sector, la escasez de buenas ideas y medidas si atendemos al alto número de iluminados pagados para alumbrarlas y favorecerlas. Súmese a ello una desunión y fragmentación cada vez mayor del colectivo y el resultado no puede ser más desalentador.
  6. Ya está bien que jabalíes, corzos, lobos, conejos y liebres se lleven todas las hostias por los daños de diferente índole que provocan. La responsabilidad no es suya, sino del egoísmo e ineptitud humanos.
  7. Harto estoy de que, desenmascarado en buena medida el movimiento ecologista español, nuestro mensaje conservacionista cale menos que el suyo en la sociedad y medios de comunicación.
  8. No puedo con los mentirosos compulsivos de nuestro colectivo. Una cosa es el adorno y exageración, tan propios del cazador, y otra la mentira grosera y el insulto a la inteligencia.
  9. ¿Para cuándo el cuidado de nuestras fotos tras las jornadas de caza? No me extraña la mofa, incluso entre nosotros, ya que el mal gusto suele presidir una buena parte de ellas.  
  10. Reconociendo que hay personas íntegras en todas las profesiones y oficios, mi queja amarga hacia esos guardas, guías y prácticos interesados y sólo pendientes de propinas.  
Qué duda cabe que hartazgos hay muchos más, pero por esta vez aquí quedan diez, que tampoco conviene cebarse cuando uno lo único que persigue es que la caza y los cazadores del siglo XXI reciban el reconocimiento que merecen a pesar de que algunos se empeñen en echarlo todo por tierra.

(Texto: J. M. G. / Fotos: A. A.-Á. y M. Moreno)