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Así ha cambiado la caza de la perdiz con reclamo

Manuel Romero Perea analiza, con la perspectiva que dan los muchos años en el campo, los cambios, la evolución que ha experimentado la caza de la perdiz con reclamo durante más de 30 años, desde los puestos hasta la propia caza y sin olvidar a la perdiz.
reclamo-perea-G La caza de la perdiz con reclamo ha cambiado mucho en 30 años y te contamos cómo lo ha hecho.

En algunos casos, la práctica de esta apasionante modalidad cinegética, milenaria, que hunde sus raíces en la tradición, ha sufrido cambios negativos. En cambio, otros de ellos, los menos, podríamos decir que nos hemos adaptado a las nuevas modificaciones que casi nos vienen impuestas, pero sin llegar a encuadrarlas como positivas.

Los puestos

Cada vez son más diferentes de aquellos que mayoritariamente se utilizaban en aquella época. Me refiero, como no, a los naturales: bien de monte, de piedra y en algunos casos mixtos. Estos aguardos se solían hacer en lugares querenciosos de la perdiz y estaban ubicados, por regla general, en silletas o pequeñas morretas del terreno procurando que la voz del reclamo fuera escuchada por las camperas. En aquellos años se sabía hacer estos tipos de tollos, pues la herencia cuquillera recibida por familiares o veteranos amigos estaba siempre presente. Cuando las primeras picaillas de perdices se producían en el monte, había llegado el momento de empezar a reconstruir los viejos emplazamientos y de hacer algunos nuevos en lugares estratégicos. El proceso del arreglo de los tollos suponía el pistoletazo de salida para inaugurar una nueva temporada del perdigón, siguiéndose siempre un ritual largamente esperado durante todo el año. La aparición del puesto y repostero portátil ha traído sus beneficios en aquellas zonas desprovistas de vegetación y zonas arbustivas, dada la escasez de materiales vegetales. Por el contrario, se ha perdido, lamentablemente, la costumbre de saber hacerlos de forma natural, con las innumerables ventajas que supone estar cazando el reclamo en un aguardo de estas características.

Los pájaros

Los pájaros que solemos disponer los aficionados ha ido en aumento y prueba de ello es el abultado número de ejemplares que nutren muchos jauleros. No se nos puede olvidar que el reclamo hay que hacerlo en el campo, procurando darle muchas sentadas y buenas lecciones. Para conseguir este objetivo es conveniente “culearlos” mucho, asentar y madurar las cualidades incipientes que asoman en su comportamiento. En este sentido, demasiados perdigones para cazar equivalen seguramente a no darles las oportunidades que más de un pájaro se merece. Los malos celos y la climatología adversa parecen que han querido hacerse indeseados protagonistas en estas últimas temporadas del perdigón. No debemos ignorar que el tiempo es un factor decisivo para la adquisición del celo de las camperas en la práctica de esta modalidad.

El cuidado del reclamo

Es importante destacar el necesario cuido a los reclamos que debemos dispensar durante todo el año. Hace mucho tiempo, esta gustosa obligación entraba a formar parte de esta modalidad y se disfrutaba manteniendo bien alimentados a nuestros campeones, sin descuidar el aspecto de limpieza siempre tan importante para mantener muy alejados los procesos infecciosos y la aparición de muertes sorpresivas. En ciertos casos esta tarea desaparece, produciéndose durante el estío numerosas bajas en el jaulero, debido al descuido absoluto de algunos cazadores que solo se encelan en cuanto llega la víspera de la apertura de la veda. De todas formas, siguen existiendo aficionados veteranos educados en la vieja escuela cuquillera y jóvenes que han recibido el legado familiar de sus antepasados, que se preocupan porque esta caza tradicional no solo se mantenga, sino además se inculque a otras personas que se asoman por la ventana del reclamo, mostrando interés por aprender cuanto antes muchos de sus entresijos.

Más cuquilleros para menos perdices

En estos últimos 30 años también se han incrementado el número de personas que practican esta modalidad. Cada vez somos más los que la practicamos y el campo no puede criar tanta demanda de patirrojas. En algunos cotos se realiza una gestión sostenible para mantener los animales que allí habitan. Para ello, se establecen cupos, se fijan días a cazar y se cuida la perdiz que existe procurando darle cobijo, agua y alimentación. En otros, en cambio, no se siguen estas normas básicas y días antes de la apertura de la veda se limitan a soltar perdices y otras especies de caza menor para cubrir las necesidades cinegéticas de sus socios.

(Fotos: Néstor Rico Campos y Archivo)