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Aprendiendo a cazar: consejos para enseñar a nuestros hijos

En este artículo Gonzalo Gómez Escudero rinde un cariñoso homenaje a la importantísima labor de los padres, abuelos y otros familiares en la educación cinegética de los futuros cazadores, auténticos artífices de que nuestra afición tenga continuidad.

Es muy habitual recibir en mi centro de entrenamiento del tiro de caza a cazadores que me comentan que ellos comenzaron de jovencitos, primero acompañando a su padre a cacerías como ayudante, y más tarde, como compañeros de caza cuando tuvieron la edad necesaria para poder utilizar un arma. Todos ellos recuerdan con nostalgia y agrado esos días de caza, sobre todo con sus padres, auténticos primeros maestros en estas lides.

Contar con la figura paterna como profesor de caza no sólo es una auténtica ventaja para mejorar en la caza, sino que de alguna forma educa al alumno, en este caso, al ver la imagen de su padre como su maestro y persona preparada y así escuchar sus consejos con la mayor atención. Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones paternas, los cariñosos consejos del progenitor en ocasiones no son técnicamente los más idóneos para forjar un buen tirador.

Por ello, en este artículo, y con el permiso de los padres, vamos a daros una serie de pautas o puntos fundamentales a tener en cuenta en ese primer período de formación del joven cazador, para tener un buen comienzo en esta singladura en el mundo venatorio.

¿Cuándo empezar a llevarle a cazar?

Es importante que las primeras salidas que nuestro hijo realice al campo, por supuesto sin arma, no sean antes de 10 años aproximadamente, ya que el esfuerzo que exige al cazador podría confundir al chaval, viendo este deporte como algo agotador físicamente, tapando ese esfuerzo los atractivos que la caza le ofrece.

En estas primeras salidas es importantísimo que el padre transmita al hijo su experiencia, narrándole cuanto ocurra a su alrededor, tratándole como si de una persona mayor se tratase. Haciéndole partícipe, seguro surgirá dentro de él el gusanillo de la caza para toda su vida.

Conociendo la escopeta

Antes de llegar a tener su primera escopeta, es clave que el padre transmita al futuro cazador que la seguridad en la caza es algo primordial, haciéndole ver que, aunque la caza es un divertimento, éste se realiza utilizando armas de fuego en las manos y que no son un juguete, por lo que todas las medidas de seguridad empleadas serán pocas y que tan sólo poner el seguro de la escopeta no es suficiente para evitar posibles accidentes.

Lo primero que tenemos que explicar a nuestros hijos es que la escopeta es un arma diseñada para tirar a un objeto en movimiento, por lo que la forma de utilizarla poco o nada tiene que ver con la forma de emplear una escopeta de aire comprimido. En el tiro de precisión hay que saber quedarse totalmente quieto al disparar, mientras que, con la escopeta, hay que saber controlar el cuerpo para no pararnos en ningún momento hasta después de que el tiro se haya producido.

Ya con la escopeta en las manos, empecemos por enseñar a nuestro hijo la forma correcta y segura de cargar un arma. Otro factor a tener en cuenta en la carga de un arma es el de tratarla con cariño, de forma que no la forcemos. Un punto fundamental hasta que el joven coja experiencia es el cargar la escopeta con un solo cartucho, pues la mayoría de los accidentes de caza se producen con el segundo tiro.

Encare, visión binocular y adelantos

El encare de un arma es algo que si se enseña bien desde el primer momento contribuirá a evitar el grave problema de levantar la cara. Para ello es fundamental que a nuestro hijo le digamos que cuando una escopeta se encara, se hace llevándola a la cara, y no primero al hombro. Es muy común oír el consejo de “apóyate bien la culata en el hombro para que no te pegue”. Si sigue esto al pie de la letra sólo conseguiremos que apoye  muy bien la escopeta en el hombro, pero la mayoría de las veces olvidará apretar la cara sobre el lomo de la culata.

Desde los primeros tiros debemos acostumbrar a nuestros hijos a disparar con los dos ojos abiertos (visión binocular). Antes de dar este consejo es fundamental que comprobemos que el ojo director es el mismo del pómulo de apoyo de la culata.

Otro punto es educar a nuestro pequeño a que intente abatir sus piezas de caza a base de apuntar bien, no disparando a lo loco, confiando en que con alguno de sus cartuchos derribarán la perdiz o el conejo al que estén apuntando.

El adelanto en el tiro de escopeta es el principal caballo de batalla para el cazador. En un principio, con que les indiquemos que orienten la punta de la escopeta medio metro por delante de la pieza será suficiente para despertar el instinto del adelanto.

La ética de la caza

Un punto importante es hacerles ver que una buena cacería no se puede medir por la cantidad de piezas cobradas, sino por la belleza de los lances, la compañía de buenos amigos cazadores o, simplemente, porque nuestras retinas hayan podido disfrutar de la belleza de la naturaleza.

El cazador es uno de los mayores amantes y defensores de la naturaleza y, cómo no, de los animales. Por ello, es muy importante que los padres aprendamos a transmitir y fomentar el amor por ellos, y una forma de hacerlo es educando a los chavales a que una pieza abatida nunca se debe abandonar en el campo sin más, aunque no vayamos a hacer uso de ella después de muerta.

Rutinas al finalizar la jornada

Una buena costumbre que mi padre me inculcó de jovencito era que al llegar a casa, después de una larga jornada en el campo, había que limpiar el arma para protegerla de la humedad, o simplemente, de los efectos perjudiciales que la pólvora provoca en el interior de sus cañones. Esto me creaba una disciplina de trabajo y para comprender mejor que toda diversión tiene que ir acompañada de un esfuerzo, para de esta forma valorarla y disfrutarla aun más.

Como no todo el mundo tiene la experiencia suficiente o las cualidades pedagógicas más apropiadas, es siempre interesante, sobre todo en lo que a coger una buena técnica de tiro se refiere, llevar a los chavales desde jovencitos a una escuela de tiro para que adquieran unas buenas formas y así evitar esos malos vicios que todos tenemos adquiridos en nuestra juventud y que tan difíciles de quitar son con el paso de los años.

(Texto y fotos: Gonzalo Gómez Escudero).