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La importancia de conocer el terreno cuando se caza en la montaña

Rebecos en rececho de primavera

En estas fechas, cuando los careos suelen variar dependiendo de la mayor o menor cantidad de alimento en cada paraje, las especies suelen sestear para poder advertir nuestra aproximación, de ahí la importancia de intentar entrar a la caza desde arriba.
Rebecos_Primavera_G Rebaño de rebecos comiendo en un escenario de montaña en primavera.

Las cuestiones principales no son otras que ver sin ser visto, ni oído, y tampoco olfateado, lo que es frecuente cuando cazamos en ascenso. Otra cuestión que también favorece el hecho de cazar por alto es la mejor disposición en el momento de disparo, pues la panorámica es mayor.

Si partimos de la base de que el rececho de alta montaña es una modalidad de caza individual y, por ende, practicarla más de uno se considera multitud, lo primero que debemos evitar al iniciarlo es que se adose a nosotros el personal de apoyo, que en realidad nunca es necesario. En rececho, la caza la debe buscar el cazador, mientras que el guía debe indicar el camino. Nadie duda de que este último pueda prestar su apoyo localizando caza, pero en este cometido nunca se debe entender que nosotros no cazamos y que la misión, por tanto, de nuestro acompañante es cazar para nosotros. Puedo afirmar que son muchos los guías que avistan la caza bastante antes que el cazador porque son conocedores del terreno, pero siendo así, por su profesionalidad, no manifiestan la localización de la pieza, con el único fin de que el cazador no se relaje y pierda el entusiasmo de ser él el protagonista del rececho.

Como rececho de montaña, el del rebeco, sarrio o isard tiene muchas servidumbres previas, y todo cazador que acuda a la alta montaña, aparte de condición física y mental, debe estar en posesión de un equipo adecuado para las cotas de altitud donde tendrá lugar su cacería. La no valoración del esfuerzo implica, una vez en la montaña y tras unos esfuerzos iniciales a los que no estamos habituados (principalmente por no dosificarnos), esa natural manifestación en la que mareos, vómitos y vértigos son lo que, en principio, llamamos “mal de altura”.

Hacernos un mapa del desnivel a salvar en nuestro rececho no resulta complicado, pues es cuestión de un análisis de las curvas de nivel en los planos. Todo ello nos dará una idea de la inclinación y de la dificultad del paraje, obteniendo sobre el papel datos útiles como veredas, fuentes, refugios y los caminos más comunes de acceso. El conocimiento de estos datos nos reafirma sobre el terreno, por lo que si somos acompañados por un práctico, esta información previa nos ayudará a interpretar más rápidamente la estrategia o la lógica que se pretende acometer en el rececho.

Recechar con una idea aproximada del cazadero nos va a servir para evitar que los aires nos descubran. No se debe olvidar que en las praderas alpinas, cazar consiste en andar y mirar. También es positivo descifrar si en las laderas con arbolado conviene recechar en un horario distinto, según estén orientadas al norte o al sur.

El conocimiento exacto del terreno, cuando se rececha en la montaña, es vital para el cazador, así que si no asumimos esto, todo logro en nuestra salida puede ser más cuestión de la casualidad que de una verdadera estrategia, y por tanto muy alejado de aquel otro que está basado en el estudio de las auténticas querencias de los animales y de sus horas de estancia en ellas.

(Texto: J. M. R. Villanueva / Fotos: Shutterstock y Félix Sánchez)