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Entrevista al fundador y presidente honorífico de la ACE antes de estallar la crisis del coronavirus en España

Pablo Ortega: “Esto del corzo se ha convertido en una mesa de juego en la que todos hacen trampas”

Qué pena que hoy, 1 de abril, a causa de la pandemia del coronavirus, que tiene en jaque a nuestro país y al resto del mundo, no estemos desafiando al temporal para dar comienzo, en buena parte de España, a una nueva temporada de caza del corzo.
Entrevista_Pablo_Ortega_G Durante una jornada de rececho a los Capreolus.

Es una lástima, sí, pero nada comparable con el sufrimiento que estamos padeciendo por culpa del coronavirus, aislados en nuestras casas por el Estado de Alarma mientras miles de héroes no dejan de salvar vidas y de velar porque todo siga funcionando a pesar de la excepcionalidad del momento.

Sin embargo, a la espera de que se reduzcan los contagios y los fallecimientos y se incrementen los casos de personas recuperadas, a la espera de que esa maldita curva comience a aplanarse, hoy, 1 de abril y como homenaje a esa campaña corcera que no se va a abrir ni tiene visos de hacerlo en el corto plazo, vamos a recuperar una entrevista que realizamos hace un mes al fundador y presidente honorífico de la Asociación del Corzo Español, Pablo Ortega, antes de que la pandemia pusiera todo del revés y la actividad cinegética quedara suspendida en España.

Obviamente, sobre todo las preguntas y respuestas relacionadas con el desvede corcero de abril, que desgraciadamente no se va a producir, éstas quedan desactualizadas y carentes de sentido en cierta medida, aunque en lugar de extractarlas para que la entrevista no quede tan descontextualizada, las mantenemos porque las palabras de Ortega siempre enseñan algo y porque, además, nos sirven para saber qué hubiera ocurrido en este mes de haberse abierto el ejercicio de caza del Capreolus capreolus. (*)

ACE, libros e Instagram

¿En qué se parece y en qué se diferencia la Asociación del Corzo Español de hoy, a la fundada por usted hace veinte años? 

El panorama corcero en España es hoy muy distinto al de hace veinte años. El reto en el año 2000 era dar a conocer el corzo, un recién llegado a muchos territorios, y marcar un camino para que su gestión y aprovechamiento no cayeran en los errores cometidos antes en nuestro país por ejemplo con el venado, como la excesiva artificialización o la contaminación genética. Hoy, el Capreolus capreolus es una especie bien consolidada entre nosotros que, además de a esos problemas, debe enfrentarse en muchas zonas a los derivados de excesos de densidad. 

Logotipo de la ACE.

A nuevos tiempos, nuevos retos, pero la ACE sigue siendo un referente ineludible en todo lo que con el corzo en España tiene que ver, como lo prueban las investigaciones del Proyecto Oéstridos, sobre las miasis del corzo, que tanto preocupan a los cazadores, o el incomparable Proyecto Aequilibrium, acerca de la dieta alimenticia de la águilas reales del Centro de España durante el período de cría, mediante el que, tras tres años de investigación, se ha podido constatar que las crías de corzo representan un porcentaje mayoritario de la biomasa consumida por estas rapaces. 

Van camino de cumplirse dos años de la publicación de sus Más Cosas de Corzos. ¿Cómo ha sido la acogida de este segundo libro en el que usted pide un "necesario cambio de rumbo" en relación a la especie?

En lo que a las ventas se refiere, las cifras son más que satisfactorias en relación con las esperables en un libro de caza, que no es un best-seller de Dan Brown. Puedo mencionar que incluso, como consecuencia del éxito de este libro y ante las peticiones de bastantes lectores, me he visto obligado a reeditar por tercera vez el primer título (Cosas de Corzos), ya que la segunda edición se hallaba agotada desde años atrás.

Libros 'Cosas de Corzos' y 'Más Cosas de Corzos'.

Respecto de la influencia que pueda estar teniendo el mensaje que con Más Cosas de Corzos (www.cosasdecorzos.com) se pretende sembrar, no soy probablemente yo la persona que mejor puede juzgarlo. El pulso que percibo en Instagram es que ese “necesario cambio de rumbo” que preconizo, dejando de lado la caza ciegamente trofeísta para evolucionar hacia una caza de gestión, ligada a las necesidades de conservación, salud y bienestar de la especie, ya va calando en bastante gente, joven fundamentalmente. 

Hace un año puso usted en marcha la campaña o iniciativa #corzocumplido. ¿Qué valoración hace de la misma?

Se trata, en efecto, de una campaña para concienciar de lo indeseable que resulta que desde el 1 de abril salgan miles de cazadores al campo todos los fines de semana con el único objetivo de cazar el trofeo con mejor cuerna posible, sin hacerse pregunta alguna sobre su edad o sobre la idoneidad de su retirada del medio

Corzo cumplido.

Es evidente que cazar un corzo joven y con futuro aquí o allá, en una especie abundante como es el caso, carece de relevancia, pero cuando son miles los ejemplares de esas características que al cabo del año se abaten, y además una temporada tras otra, la selección negativa que sobre la población se ejerce resulta innegable. Con esa campaña pretendo concienciar de que, como medida general, resulta más adecuado respetar los ejemplares jóvenes y centrar el esfuerzo de caza en los maduros y en decadencia

Después de volver a 'vaciarse' en su segunda obra sobre el corzo, hemos visto a un Pablo Ortega recorriendo un camino más fotográfico y audiovisual en su cuenta de Instagram, con celebradísimas aportaciones y muchos seguidores. 

La relativa persistencia en el tiempo, pues llevo ya año y medio de actividad, de mi incursión exploratoria en Instagram (@portegamartinse debe, sobre todo, a que he ido descubriendo que es una buena manera de llegar a la gente joven, en cuyas manos estará sin duda el futuro de la actividad cinegética

La caza, si quiere pervivir, requiere un cambio de enfoque, y ese sólo pueden dárselo las nuevas generaciones, que salen al mundo con ojos limpios, ganas de luchar y voluntad de aprender. La gente madura somos por naturaleza refractarios a evolucionar y rechazamos que nadie venga a decirnos cómo hacer las cosas. Tratándose de caza, esa actitud de cerrazón resulta quizá aún más marcada. «¡Que me vengan a mí con lecciones…!».

Macho y hembra de corzo fotografiados por Pablo Ortega en primavera.

Me considero un analfabeto en redes sociales (no tengo Facebook ni Twitter, por ejemplo), pero en Instagram –donde caí empujado por mi hijo menor– me ha parecido descubrir un mundo en el que buscan referencias los jóvenes, aunque estas casi no existen. Casi todo es inmediatez y carencia de contenido. La inmensa mayoría de los perfiles, incluso los que tienen muchos miles de seguidores, ocultan un interés comercial espurio o están hechos para que el autor se mire al ombligo y cultive su ego. 

La vida me ha enseñado que el tiempo separa siempre a la larga el grano de la paja, sedimenta lo bueno y aventa lo accesorio, y por ello ahí estoy, con la intención de transmitir y enseñar algo de lo que sesenta años han dado de sí. 

Ello no quita para que siga considerando que la literaria es una labor de mayor calado y enjundia, para la que no sé si tengo especiales dotes pero sí innegable vocación. Así que continúo en ella y así, por ejemplo, confío en poder terminar pronto un libro de relatos de caza, que lleva ya varios años enquistado en mi ordenador.

Los problemas del corzo

Los precios de los corzos y de sus cotos en algunas zonas especialmente señaladas no han dejado de subir y se han situado a unos niveles desorbitados o prohibitivos a juicio de muchos aficionados. ¿Es la especie la principal perjudicada de una forma de pensar y proceder no exenta de perversiones? 

Como escribo en Más Cosas de Corzos, esto del corzo se ha convertido en muchas zonas en una mesa de juego en la que todos –Administración, ayuntamientos arrendadores y cazadores arrendatarios– hacen trampas, que justifican en que los demás las hacen. Y esto, desgraciadamente, es verdad la mayoría de las veces. Participar en esa timba resulta imposible para el que quiera ir por derecho. Lo he vivido, de forma más o menos cercana, una y otra vez, lo suficiente para ser pesimista sobre su posible solución. 

No me importa contar –porque sigo creyendo en aquello de que “la Verdad os hará libres“– que el año pasado perdí un coto que yo gestionaba, de manera modélica, desde hacía veinte años, ante una oferta que puso sobre la mesa 5.445,00 euros por cada precinto de corzo. Ese coto tiene cuatro precintos, habiendo cazado yo solo dos ejemplares en cada una de las dos temporadas previas. En ninguna de ellas, ni en 2017 ni en 2018, pude encontrar más ejemplares que cumpliesen los criterios de abate que yo me había establecido, así que devolví a Medio Ambiente los precintos correspondientes.

Corzo cazado por Pablo Ortega.

Creo que hacen falta pocos datos más para entender que lo que ha ocurrido en ese territorio, además de un disgusto personal para mí, no puede ser objetivamente bueno para la caza ni para la conservación del recurso

¿Sigue siendo, en su opinión, el método o modelo de precintos el mejor de los posibles para controlar las capturas de esta especie en la actualidad? 

La respuesta a esta pregunta va muy ligada a la anterior. El sistema de precintos forma parte de ese círculo vicioso de las cosas. Alguien paga 5.445,00 euros por un precinto porque cuenta con cazar varios animales al amparo de un solo plástico. 

El titular del territorio, en una sorprendente pero extendida estrechez de miras (pues se trata de la riqueza natural de su propio entorno), acepta cobrar, justificándose en el libre mercado, un precio que sabe que inevitablemente conducirá a la infracción y la picaresca. Y la Administración, tan excesivamente intervencionista en otros aspectos de nuestras vidas, se pone irresponsablemente de perfil, aún a sabiendas de que un territorio adjudicado a esos precios va a ser esquilmado sin remedio, con perjuicio también para todo su entorno y para la riqueza natural que debería tutelar. 

Bella imagen del braco alemán de Ortega, junto a un corzo cumplido tras su abate.

Otra carencia del actual sistema de precintos es que no contempla la caza de animales selectivos. Es cierto que el calificativo de “selectivo” es poco objetivo y depende en buena medida de criterios personales, y que emitir precintos para ese tipo de corzos podría abrir la puerta para que algunos intentasen justificar con ellos la caza de casi cualquier animal, pero lo cierto es que en el campo se encuentra uno de vez en cuando –y cada vez con mayor frecuencia– con ejemplares cuyo abate es necesario y recomendable, bien sea por edad, enfermedad, heridas o lesiones. Disponer solo de precintos de macho y de hembra no ayuda en ese sentido a una correcta gestión.

Lo mismo puede decirse en relación con la asignatura pendiente que es la caza de ejemplares juveniles, que en otros países constituye un tercio de las capturas anuales y en España, con las densidades alcanzadas en bastantes zonas, ya sería también necesario establecer para una adecuada gestión de la población. Así como las hembras –corzuelas– pueden ser legalmente cazadas con los precintos de hembra en su época, no ocurre lo mismo con los añales. ¿Y quién gasta varios precintos de macho en quitar unos cuantos de estos de su coto, como probablemente sería hoy necesario y recomendable?

¿Cómo de preocupados debemos estar ante la cada vez mayor presencia de Hypoderma actaeon en corzos? ¿Puede ser tan peligrosa como Cephenemyia stimulator?

La verdad es que con este parásito la experiencia es corta, pues las primeras noticias de su existencia nos llegaron a la ACE hace tan solo cinco años, en 2015. Poco después constaté yo personalmente la existencia de Hypoderma en una corza que desollé ante los asistentes a las I Jornadas de Corzas que se desarrollaron en Guadalajara el 8 de febrero de 2016.

Ante la evidencia, en la ACE se puso en marcha, dentro del Proyecto Oéstridos, el mecanismo de recogida y análisis de datos, que llevó pronto a la identificación concreta de la especie de díptero por parte de la Dra. Morrondo y su equipo de la Universidad de Lugo

Corzo macho.

Esta especie no era Hypoderma diana, como se había pensado en un principio, sino Hypoderma actaeon, propia de las reses cervunas –los conocidos “barros” –, que por alguna razón había dado el salto de especie hospedadora, lo cual constituyó una relevante novedad científica. Desde entonces, la epidemia se ha extendido muchísimo en la zona Centro, pudiendo decirse que una gran mayoría de los animales de Guadalajara o Soria, por ejemplo, están hoy infestados por ese parásito

La particular benignidad del pasado invierno ha contribuido probablemente a que la intensidad y extensión de la miasis haya alcanzado niveles desconocidos, habiéndose constatado la existencia de  ejemplares con más de cincuenta larvas debajo de la piel. En principio este parásito no resulta mortal para los corzos (como tampoco para los venados), aunque tasas de infestación tan elevadas debilitan lógicamente al animal, además de que el agujero en la piel que cada larva practica es una posible entrada de infecciones. 

Sobre la temporada corcera que iba a ser y que, por el momento, no será (*)

Después de tantos años cazando corzos, ¿cómo afronta Pablo Ortega esta nueva temporada 2020? 

El gran atractivo de la caza es, en mi opinión, la incertidumbre, y la apertura de una nueva temporada equivale al “hagan juego, señores”, que vocean los croupiers de los casinos cuando van a hacer girar la ruleta. Es evidente que los años hacen ver todas las cosas de manera diferente, que cada vez exige uno más para considerarse verdaderamente premiado y que hay nubarrones tanto en mi horizonte corcero personal como en el general de nuestra actividad, pero aún me queda dentro algún resquicio de ilusión porque la bola se pare en la casilla escogida por mí. Y la ilusión lo es todo en este negocio. Si faltase, no habría dinero para hacernos madrugar como madrugamos los corceros, por ejemplo

¿Se atrevería a hacer un pronóstico general de qué pueden encontrarse los corceros españoles en sus cotos durante esta campaña venatoria?

La otoñada tibia y con bastante bellota en muchas zonas y el invierno templado que de manera generalizada hemos vivido en nuestro país, han hecho que este año los corzos, tanto machos como hembras, lleguen a la primavera en condiciones físicas óptimas

Rececho de corzo.

Un buen indicador del estado corporal de un animal es la grasa en riñón, y en febrero hemos podido comprobar, por ejemplo, que la generalidad de las corzas abatidas en las jornadas de caza llevadas a cabo presentaban unas reservas llamativas, superiores a las de años anteriores. Los animales no se han visto, pues, obligados a consumir esas reservas de energía para luchar contra el frío o las escaseces de alimento habituales otros años

La calidad de la cuerna de los machos, que como es bien sabido se forma en invierno, depende en buena medida de la capacidad que un determinado individuo tenga en cada momento para movilizar recursos excedentarios, no estrictamente necesarios para su supervivencia. Desde ese punto de vista, se puede pronosticar que, en lo relativo a los trofeos, esta será una buena “añada”. Las observaciones realizadas en el campo en el mes de marzo así parecen confirmarlo.

De los muchos y buenos consejos que usted puede ofrecer a cualquier apasionado de la caza de este cérvido, ¿cuál elegiría para un mes tan significado como abril? 

A fuer de ser sincero, he de decir que no es abril el mes que prefiero para cazar corzos. En estas fechas de inicio de temporada, y a poco que se haya dedicado algo de tiempo a labores de observación y control en campo durante las semanas previas a la apertura, los animales resultan en general demasiado predecibles y vulnerables, constituyendo limitado reto para el cazador que prefiera lo difícil

Los de abril son corzos “facilones”, que saldrán casi indefectiblemente a su hora al puntal de la siembra al que se hallen aquerenciados. Eso, y el hecho de que la cuerna adolezca aún de falta de belleza (por su color desvaído y sus perlas sin pulir), hacen que yo prefiera la caza del corzo más adelante, cuando los animales ya tienen su trofeo bien formado y el monte les ofrece mayor defensa.

Abril, en mi opinión, debería ser sobre todo un mes para la “gestión”, pues es el más adecuado para localizar y dar caza a ejemplares ancianos y en decadencia, que más adelante muchas veces desaparecen.