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En monterías, recechos y aguardos

Noviembre, un gran mes de caza

Pocos meses hay tan completos como noviembre, que nos ofrece las más variadas opciones venatorias tras todas o casi todas las especies que componen nuestra caza mayor, y además con el añadido de unas magníficas perspectivas en las diferentes modalidades.
Noviembre_Venatorio_G Imagen de un cazador a punto de disparar en un rececho de alta montaña.

Con la llegada del penúltimo mes del año y los fríos que trae aparejados, se da por concluido el periodo otoñal de recechos a los cérvidos (sobre todo a venados y gamos tras la berrea y la ronca) y se inicia el que tiene como protagonistas a los bóvidos, tanto los que ocupan los cazaderos más altos (rebecos y machos monteses) como los que habitan desde la llanura adehesada hasta la media montaña (muflones y arruís), cuyo celo, a grandes rasgos, se enmarca en estas semanas. Obviamente, ciervos y gamos se seguirán cazando a rececho en algunos lugares hasta que las fechas así lo permitan, mientras rebecos, ‘machos’ o arruís ya pudieron abatirse en septiembre y octubre y se seguirán cobrando en diciembre y enero. Aquí nos referimos a la tónica general, aquélla más secundada por los aficionados porque arroja mejores resultados cinegéticos, lo que nos lleva a afirmar que noviembre, en lo que a recechos se refiere, es más proclive para ir tras las especies que ahora comienzan sus respectivos tiempos de amores, nuestras cabras y carneros.

Nada que ver los aguardos nocturnos otoñales con los veraniegos en el aspecto cuantitativo de aficionados que los ponen en práctica. Las noches son más largas y el frío no perdona, por lo que los puestos sólo estarán ocupados por esos ‘lunáticos’ que saben de las muchas posibilidades que ofrece la nocturnidad en este tiempo si lo que esperamos son viejos ejemplares solitarios. La buena montanera en muchas zonas y los primeros temporales colocarán a los jabalíes a las puertas del celo, lo que implicará que los grandes machos, esos macarenos que tanto nos atraen y que tan pocas veces podemos meter en los visores, vayan acercándose progresivamente a las piaras en busca de hembras con las que aparearse poco tiempo después. La espera del lobo es otra alternativa venatoria que noviembre pone a nuestro alcance, lo que sucede es que los precios de los permisos siguen muy altos, inaccesibles para muchos bolsillos. Y si a este hándicap le sumamos la dificultad propia del aguardo a este astuto animal, la opción del lobo queda bastante reducida en cuanto a cazadores que la practican.

Sin embargo, el plato fuerte de noviembre lo constituyen sus monterías y batidas, las cuales, después del más que aceptable comienzo de temporada, se presuponen muy buenas tanto en el aspecto de los resultados a cosechar como en el de la demanda de puestos. Consultadas no pocas organizaciones de monterías y batidas, la tónica expuesta es que en esta temporada 2014-15 se está notando el comienzo de la recuperación de la economía española. La sombra de la crisis sigue siendo muy alargada, pero al menos en estos primeros compases de la campaña se respira un ambiente más positivo, sobre todo después de los notables tapetes de reses exhibidos en las citas que abrieron el ejercicio, algunas de ellas bien pasadas por agua. Las perspectivas monteras para las próximas semanas son francamente buenas en líneas generales, con venados aguantando el tipo, gamos y muflones dando alegrías allí donde están presentes y unos guarros más centrados y que arrojarán mejores porcentajes de capturas en las juntas de carnes.

(Texto: José María García / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, Shutterstock, Félix Sánchez y Francisco Fernández)