Pasar al contenido principal
Todo lo que hay que saber para triunfar en nuestros aguardos cochineros

Luna, viento y jabalíes en espera

La luna y sus fases son algo así como el abecedario de todo esperista. Ningún cazador de jabalíes en aguardo que se considere como tal ignora este aspecto y sale al monte sin tener en cuenta la influencia lunar.
Esperas_ECC57_G Jabalí macho en una charca.

Las mejores fechas para esperar en verano son aquéllas en las que la luminosidad de la luna oscila entre el 55 y el 65 por ciento, tanto en fase creciente como en el ciclo menguante. En cuanto a este mes de agosto, señalar a título informativo que la luna fue llena el domingo 10, teniendo luna nueva el lunes 25. Convendría que no pasásemos por alto el lugar que ocupa el satélite mientras ponemos en práctica un aguardo, ya que su luminosidad podría proyectarse sobre nosotros y delatar nuestra presencia por cualquier brillo (arma, visor, prismáticos, cara, etc.). En esas esperas amparados en la luz de la luna trataremos de tener a ésta siempre en la espalda, evitando que en su entrada el cochino nos detecte. Mientras que en las noches de buena luna el jabalí toma las sombras para impedir ser localizado, en las de poca o nula visibilidad obrará de manera contraria, saliendo a los espacios abiertos sin importarle cruzar rastrojos o barbechos al saberse seguro merced a la oscuridad reinante.

El viento es otro de los elementos fundamentales cuando de cazar cochinos en espera se trata. En estas fechas, debido a las diferencias térmicas cuando empieza a anochecer, el viento produce revocos de lo más imprevisibles que pueden arruinar nuestro aguardo al anunciar nuestra presencia al jabalí, el cual no tardará en bufarnos y gruñirnos, dándonos la grupa con su rápido y famoso tornillazo. Hay que tener presente durante toda nuestra estancia en el puesto la dirección del aire, y si ésta es constante en la cara y rostro, todo irá bien. En caso contrario, lo mejor es abandonar la espera o cambiar de posición en busca del medio aire. Por tanto, resulta crucial conocer los vientos dominantes en cada puesto de aguardo, pues las condiciones quedarán siempre supeditadas a la dirección e intensidad del viento en las horas en que realizamos la espera.

A los puestos de aguardo no siempre les prestamos la atención que merecen, cuando lo cierto es que tienen una gran responsabilidad tanto en los éxitos como en los fracasos de los ‘lunáticos’. Al igual que señalábamos nuestra preferencia por lo natural en cuanto a comederos y bañas, lo mismo nos decantamos por la naturalidad de los puestos, para lo cual conviene estudiar muy bien las querencias de los guarros y buscar qué es lo mejor que nos ofrece el entorno a modo de sitio para sentarnos (el acondicionamiento de una mata, el uso del muro semiderruido de un antiguo corral de pastores, la cruceta de un buen árbol, las piedras de un risco cercano...). En caso de que el lugar no nos ofrezca opciones de garantía, tendremos que recurrir a torretas, puestos de caza portátiles, etc., aunque siendo conscientes siempre de que los jabalíes recelan mucho ante las alteraciones producidas en sus espacios y que tardan lo suyo en acostumbrarse a ellas, familiarizándose primero las piaras y ejemplares jóvenes, hasta que también terminen por hacerlo los machos adultos y viejos.       

Como último apunte, subrayar que ubicarse antes de ponerse el sol y luego permanecer en espera durante el tiempo que cada querencia demande está sólo en la mano del que ejecuta el aguardo. Las querencias naturales nunca se deberían cazar como las artificiales, ni las esporádicas, por breves, deben ser planteadas como aquéllas con tradición por estar muy tomadas. La cuestión no es estar más tiempo en el campo, sino esperar el tiempo adecuado con calidad en las formas de practicar la caza nocturna.

(Texto: J. M. G. y J. M. R. / Fotos: Shutterstock y Félix Sánchez)