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Lo que hemos de tener en cuenta si queremos hacernos con un macareno

Jabalí en espera: cómo valorarlo

En las esperas nocturnas de jabalí la valoración se hace con un poco más de tiempo que en montería o en batida, sobre todo si tenemos la experiencia y la calma suficientes para dejar cumplir bien al animal.
ValorarCochino_Espera_G Vista desde un puesto de espera en verano y jabalí macho al atardecer.

Aquí el volumen del cuerpo y su fisonomía se convertirán en los principales parámetros en los que nos fijaremos. Pero en los aguardos nocturnos, a no ser que el jabalí entre cuando todavía tenemos la suficiente luz como para verlo con claridad y poder valorar su trofeo, el comportamiento del animal nos dará muchas pistas sobre él. Los machos grandes cuentan en su haber con una dilatada carrera de éxitos en sus enfrentamientos con el hombre y por ello han aprendido una serie de pautas o tretas que ponen en juego cada uno de los días de su vida, no bajando nunca la guardia.

El jabalí viejo casi nunca entrará a primera hora; le gusta tomarse su tiempo y hasta que la noche no está bien avanzada no suele comenzar sus andanzas por la campiña. Ha aprendido que la oscuridad es un buen aliado y por ello la usa en su beneficio. Continuamente hace paradas en su cotidiano deambular con el fin de tomar el aire y escuchar cualquier ruido, por pequeño que sea. Cualquier ligera brisa que le traiga un olor poco conocido o inquietante le será suficiente para darse la vuelta y cambiar de ruta, aunque lo que le esté esperando sea muy suculento; si el gran jabalí ha detectado algo no entrará, prefiere pasar hambre que correr el mínimo riesgo.

Las maneras del animal cuando entra al comedero o a la baña constituyen otro factor a valorar. Los buenos ejemplares han llegado a serlo precisamente por las muchas precauciones que toman antes de realizar cualquier movimiento, de manera que si estamos de espera y nos entra un cochino de forma franca y sin la menor precaución, en principio habremos de dudar de la bonanza de su trofeo. Por el contrario, si vemos que se toma su tiempo para entrar, coge aire repetidamente y nos tiene con el corazón en la boca una eternidad, ese jabalí puede ser el que todo cazador va buscando.

Los grandes machos van siempre solos, alejados de las piaras -a excepción de la época del celo-, y como mucho llevan a un escudero que les irá abriendo camino e indicando la presencia de algún riesgo. Su comportamiento siempre es más cauto, dando muy pocas veces la cara en comederos y bañas. Y cuando lo hacen será ya noche cerrada. Suelen ser los primeros en encamarse, siendo difícil que el día les sorprenda fuera de la cobertura del monte. Cuando ya confiado entra al puesto, no se separará mucho del monte, pues sabe perfectamente que éste es su cobertura. Buscará las zonas más oscuras, donde la luz sea más escasa, y si las abandona lo hará por muy poco tiempo, volviendo enseguida a la seguridad de la oscuridad. En este caso no debemos precipitarnos, esperemos a que vuelva a dar la cara, y cuando lo haga no perdamos tiempo y resolvamos el lance con prontitud, ya que en cualquier momento un ruido al movernos o un revoque del aire puede dar al traste con muchas horas de espera. Afortunadamente, en las esperas hay una serie de factores exteriores que pueden dar una idea muy aproximada del jabalí que entra en una baña o comedero.

Alrededor de las bañas y los comederos el jabalí tiene la costumbre de restregarse, con el fin de aliviarse del martirio que le producen los cientos de parásitos que pululan por su cuerpo. La altura de los restregones en los árboles nos dará una idea del tamaño del cuerpo del jabalí, aunque no de su sexo. Cuando el jabalí grande se restriega en los troncos, muchas veces deja marcada la impronta de sus navajas. Y es que al restregar su cabeza, éstas rozan el tronco del árbol y quedan marcadas, siendo este dato muy a tener en cuenta, ya que nos indica que se trata de un macho adulto. El tamaño de las huellas que deja en las proximidades es otro factor que nos ayudará a averiguar su tamaño y cuyo detenido estudio antes de realizar la espera nos ahorrará mucho tiempo.

Por último, si tenemos comederos de piedra, el tamaño de las piedras que es capaz de levantar nos puede dar una idea de la bondad del jabalí que entra; cuanto mayores sean las piedras que levante, mayor se supone que es su fortaleza y por tanto su tamaño. Todos estos indicios pueden indicarnos con mayor o menor grado de seguridad el tipo de animal con el que nos vamos a encontrar.

(Texto: A. A.-Á. / Fotos: Autor y A. M. G.)