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Cómo gestionar la paridera en cotos y fincas de caza mayor

Junio es importante a la hora de gestionar la paridera de la finca, pues nos acercamos a los calores del verano y con ello a la escasez de agua, comida y problemas sanitarios. Por ello, veamos qué podemos hacer para afrontar esta situación como gestores.
Ciervos

Habrá quien piense que el mes de la paridera es abril, y también los habrá que digan que es junio o, incluso, marzo. Todos ellos pueden tener razón, ya que la paridera varía de unos cotos a otros y no sólo por las diferentes latitudes de sus respectivas ubicaciones, sino por factores tan simples y a la vez tan complejos como la climatología, el fotoperiodo o el tipo de alimentación y su disponibilidad en la época cercana al celo.

Salvo en algunos ejemplares que lleven retraso en la gestación, en junio debemos tener en el campo toda la paridera, ya que es fundamental aprovechar los últimos momentos de abundancia en el coto para afrontar con garantías el tórrido verano.

De la paridera obtenemos una información fundamental para estudiar el comportamiento de la población. Podemos conocer la edad con que se produce el parto, analizar las tasas de natalidad, detectar problemas de consanguinidad o establecer la pubertad en hembras jóvenes.

El mes de junio se convierte pues en un mes crucial para la gestión de nuestro coto. Las virtudes y defectos de nuestra paridera no sólo tienen un origen genético. La comida y el agua son factores determinantes que marcarán el futuro de las crías y, a su vez, estas crías marcarán el futuro de nuestro coto.

La alimentación

La paridera es el momento del año más exigente en cuanto a alimentación se refiere; debemos garantizar una correcta alimentación de las hembras para que la gestación concluya correctamente y para que la manutención de sus crías, a través de la leche, sea satisfactoria.

La teoría nos dice que si el año ha sido lluvioso, como éste lo ha sido, durante el mes de junio todavía tendremos gran cantidad de brotes en nuestros arbustos, pasto abundante y siembras sanas dispuestas para ser aprovechadas “a diente”. Pero los calores empiezan y, en cuestión de una semana, los pastos se agostan y el alimento empieza a escasear.

En cotos con posibilidades de cultivar en regadío siempre es interesante el establecimiento de un alfalfar u otro cultivo forrajero que nos permita aportar algún alimento fresco a nuestras reses. La gran ventaja de esta opción es que, si no necesitamos el forraje, lo podemos vender y obtener un buen precio por él. Como desventajas, las ya conocidas por todos: elevado gasto hídrico, mano de obra y maquinaria.

Cultivar distintas variedades

Si no tenemos la suerte de disponer de un regadío, la situación cambia notablemente y debemos tender a una rotación de parcelas que nos permita racionar el alimento y repartir, de forma uniforme, la presión que las reses ejerzan sobre cultivos, pastos y monte.

Lo ideal sería dividir el coto en cuarteles homogéneos provistos de zona de monte, pastos y siembras. Las zonas de labor se pueden organizar mediante parcelas sembradas con pradera polifita de secano (trébol, festuca, ray-grass, dactilo…) que abrimos y cerramos según su nivel de aprovechamiento. De esta manera, y siempre que realicemos un manejo adecuado (un abonado al año y mantener las parcelas cerradas en el momento del semillado) tendremos praderas permanentes que nos proporcionarán alimento todo el año y, sobre todo, en los momentos más críticos.

No debemos olvidar que, tratándose de secano, estamos a expensas de la climatología, pero si conseguimos racionar el alimento del coto, podremos sobreponernos más fácilmente a los periodos de escasez.

Para poder disponer de un sistema adecuado de protección de siembras, bien sea por medio de malla cinegética o bien por pastores eléctricos, debemos solicitar permiso a las correspondientes administraciones. Lo ideal es que nuestro sistema de rotación de cultivos y sus correspondientes protecciones queden contemplados en el Plan Técnico de Caza.

Otra de las fórmulas para garantizar el alimento en los momentos de máximas necesidades es proporcionarlo en forma de ensilado. Hoy en día existen empresas que cultivan forrajes en zonas húmedas, los siegan, los transportan hasta nuestra finca y, una vez allí, nos preparan el silo para que lo aprovechemos cuando sea necesario. Siguiendo una serie de instrucciones, el forraje puede permanecer años en el silo; de esta forma, siempre tendremos la “nevera llena” y podremos aportar alimento fresco cuando lo necesitemos.

Proporcionar agua mediante charcas

Para que los animales del coto puedan beber y refrescarse debemos distribuir estratégicamente una serie de charcas; las características constructivas de las charcas son muy variables y dependen de factores como el tipo de terreno, la capacidad y, sobre todo, lo que queramos o podamos gastarnos.

En cualquier caso, necesitamos construir un vaso lo más impermeable posible para evitar pérdidas por filtración. La impermeabilización puede conseguirse, en terrenos más o menos arcillosos, mediante compactación del vaso. En terrenos arenosos deberemos impermeabilizar mediante film plástico o mediante aportes de tierra de menor granulometría que compactaremos hasta alcanzar el fin deseado.

En cuanto a la capacidad de la charca, es preferible construir charcas de dimensiones reducidas y llenarlas más frecuentemente. De esta forma, siempre tendremos agua limpia y limitaremos las pérdidas por evaporación. El sistema de llenado de la charca dependerá, lógicamente, de las posibilidades de obtención de agua.

Una forma habitual, en zonas donde el agua no se encuentra fácilmente, es realizar un sondeo o pozo cercano al punto donde se localice la charca; cada sondeo o pozo irá provisto de una bomba y estará conectado con la charca (o charcas) mediante una tubería enterrada que llegará hasta el vaso. El suministro eléctrico de la bomba lo conseguimos mediante un clásico generador (diésel o gasolina) o mediante una pequeña placa solar conectada a la bomba.

Si la orografía de la finca nos lo permite, es interesante plantear la instalación de un depósito de regulación desde el cual, por gravedad, podamos bastecer los diferentes aprovechamientos de la finca.

La densidad del coto

Para alcanzar el equilibrio entre la densidad de animales y el potencial trófico o pastable del coto es fundamental coordinar la paridera con las capturas de la temporada de caza.  Nuestro objetivo es alcanzar una densidad de 1-3 reses cada 10 hectáreas y una relación entre sexos de 1:1 (un macho por cada hembra).

Conocer datos como el número de crías y la relación entre sexos es fundamental, ya que en función de los resultados debemos organizar los cupos de cara a la siguiente temporada. Una vez estabilizada la población, las capturas deben ser iguales o cercanas a la paridera.

En situaciones de poblaciones excesivas, el deterioro del coto crece exponencialmente. Si este es nuestro caso, deberemos hacer lo posible para disminuirla antes de que el calor y la escasez de agua y alimentos pongan en peligro el monte, como consecuencia del sobrepastoreo.

Para ello es interesante que durante los meses de escasez intentemos realizar captura en vivo del sobrante de población y venderlo para repoblar otros cotos. Si cebamos dentro de un capturadero, los animales entrarán fácilmente para conseguir el alimento que no consiguen fuera y podremos gestionar la población seleccionando por edades, sexos y especies los animales que queramos sacar.

(Texto: P. Rodríguez Pinilla. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, Shutterstock y Archivo).