Pasar al contenido principal
UNA OPCIÓN VENATORIA ESPAÑOLA DE PRIMER NIVEL

Gamo: caza en rececho y montería

El gamo es una opción cinegética de primer nivel, a rececho o en montería, con un trofeo tan bello como el que más y unas cacerías que destapan a un animal que venderá cara su vida y colmará las expectativas venatorias de los cazadores más exigentes.
Reportaje_Gamo_G Espectacular imagen de un gamo 'roncando' dentro del monte.

Menos mal que por fin al gamo le quitamos el sambenito de especie facilona y con poco aliciente cinegético. Y lo hicimos porque la mayoría de los que así pensaban, o no habían cazado un gamo en su vida y hablaban a la ligera, o habían tenido experiencias poco edificantes que, en cualquier caso, no justificaban el descrédito de la caza de este cérvido. El salvajismo del gamo está fuera de toda duda, sobre todo  en áreas abiertas o en grandes extensiones cerradas, donde puede desarrollar su naturaleza silvestre y explotar sus mecanismos de supervivencia. En cuanto a la facilidad de su caza, es un argumento que se desmonta solo si la persona que lo expresa se toma la molestia de recechar gamos de norte a sur y de este a oeste en nuestro país, además de intentar hacerse con alguno en montería o batida. Cambiará de opinión incluso habiendo gozado de algunos lances que podrían considerarse sencillos. Y en relación al atractivo o aliciente venatorio, ¡venga ya! Sólo ese singular y hermosísimo trofeo y la espectacular capa que luce el gamo cautivan al más exquisito cazador. Añádanle un comportamiento de todo menos domesticado en la práctica totalidad de áreas donde puede abatirse la especie, así como unas cacerías en las que el aficionado habrá de emplearse a fondo para cobrar su ‘paleto’, y no entenderán el porqué de la mala prensa pasada de este cérvido en España.

En las fechas en las que nos encontramos, con el gamo en plena época de celo, también conocida como ronca, y la temporada montera abierta en todas las autonomías españolas, podremos elegir si practicar su caza a rececho en los acotados cuyo aprovechamiento cinegético se lleva a cabo casi en exclusiva bajo esta modalidad, o decantarnos por aquellas monterías en las que esté contemplado su abate, ya sea en solitario o compartiendo lances con venados, jabalíes y muflones. La primera de las opciones, el rececho en la ronca, es una auténtica gozada, buscando nuestro ejemplar ayudándonos de los ronquidos de los machos y teniendo siempre muy presentes a las gamas y a su vigilancia constante. Se trata de una cacería con una estrategia cinegética muy similar a la empleada con el venado en la berrea, y como en el caso de su pariente mayor, resulta conveniente no apurar demasiado el celo al objeto de que las cuernas no se encuentren muy dañadas como consecuencia de las continuas luchas entre los machos dominantes o de mayor jerarquía y portadores de grandes trofeos. Respecto a la segunda posibilidad venatoria, la montería, señalar que también es una delicia tratándose de cobrar gamos, aunque en algunos cazaderos la cosa se complica cuando los animales, al sentirse presionados, empiezan a agruparse en ‘pelotas’, con los mejores ejemplares bien tapados en mitad de las mismas mientras se desplazan y van pasando por los puestos, ante la desesperación de unos monteros que no pueden seleccionar y disparar en las mejores condiciones.

Dos sucintos apuntes antes de terminar. El primero, que la calidad de las cuernas de nuestros gamos se ha visto algo resentida debido a la sequía padecida hasta mediados de septiembre. Obviamente, este aspecto será más evidente en el grosor, longitud y número de puntas y tamaño de palas de los machos de áreas abiertas, aquéllos que no gozan de la aportación humana de agua y comida que reciben sus congéneres en espacios cercados. El segundo, la enorme oferta que existe en otros países europeos para cazar esta especie, tras unos ejemplares con cuerpos y trofeos generalmente mayores a los que podemos encontrar en nuestro país.  


(Texto: José María García / Fotos: Shutterstock y Nicolás D. Piñeiro)