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Trucos para cazar en aguardo nocturno teniendo en cuenta el alimento disponible

Esperas de jabalí y comida

Durante estos meses de verano se autorizan en los cotos de caza aguardos nocturnos a los jabalíes por daños en la agricultura en los que se trata de cobrar o espantar el mayor número de animales.
JabaliEspera_2016_G Jabalí macho a la caída de la tarde.

Tendremos, de esta forma, dos opciones en las esperas al jabalí: abatir lo primero que nos entre, que siempre estará bueno en la cazuela, y dejando bien claro que el límite estaría en no disparar sobre una guarra seguida de crías, o buscar un ejemplar que valga la pena, aun reconociendo que ésa no es la forma ideal de paliar los daños agrícolas.

Centrados en la comida

Como en cualquier método de caza, estudiaremos la comida que en estos meses consumen los cochinos para así intentar ‘ganarles la partida’. Es el momento justo de que entren a las siembras de cereal, de las que, cronológicamente, granan primero las avenas, que lo hacen a últimos de abril o primeros de mayo. Este tipo de grano gusta mucho a los guarros y, por ello, los tendremos a tiro. Después granan las cebadas, que no les gustan tanto, y en junio y julio, los trigos, que les apasionan, diferenciando muy bien si son mochos o con raspa. Más tardíos son los centenos, que tampoco son sus preferidos. Ahora bien, dependiendo de la zona y de la existencia de otras comidas, tomarán mejor o peor cada uno de los alimentos citados, y os puedo asegurar que, bien estudiado el asunto, en cualquiera de ellos podréis cobrar un buen cochino.

En esta época no entrarán -o lo harán muy mal- a los cebaderos artificiales, llamando así a los que les pongamos nosotros, sea un montón de piedras tapando el cebo, un barril agujereado o un expendedor automático.

Claves en las siembras

Tendréis registradas con anterioridad las entradas y salidas, las lindes y las veredas dentro del sembrado. Comprobad, si es posible, los aires dominantes en la atardecida y, de acuerdo con todo ello, elegid el sitio donde os colocaréis. La tarde del aguardo, con las necesidades fisiológicas satisfechas lejos del puesto, llegaréis a él en silencio absoluto y limpiaréis con los pies el suelo de piedras, hojarasca y todo lo que pudiera hacer ruido durante la espera. Ya sentados cómodamente en vuestra silla, cargad el arma, dejadla a mano y comprobad con el polvo de talco que el aire baja de la sierra y que os está dando en la cara. Normalmente, al oscurecer, siempre suele hacerlo así, lo que es imprescindible para esta forma de caza mayor... ¡y para todas las demás! Cuando todavía haya luz, memorizar las matas, arbustos y piedras que de noche pueden parecer bultos sospechosos y confundiros.

A partir de ahora, recordad las dos máximas fundamentales de una espera: quietud absoluta y silencio total. El resto son cuentos chinos que no se ajustan al verdadero espíritu de esta modalidad de caza mayor. Como digo muchas veces, son ‘adornos’ del guiso que no afectan mucho al sabor principal, que debe ser el emocionante aguardo al jabalí con todos nuestros sentidos alerta. En estas circunstancias y por esa relajante quietud, nos puede invadir la somnolencia, pero el esperista no llega a dormirse del todo; está en una especie de duermevela en la que el oído sigue trabajando al cien por cien, avisando en cuanto percibe algún sonido que delate la aproximación del cochino.

(Texto: A. M. G. / Fotos: A. A.-Á. y Autor)