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Los guardas rurales, esenciales en el monte durante el Estado de Alarma

"Nos enfrentamos a casos más graves de furtivismo"

Mientras casi toda la población guarda confinamiento, los guardas rurales son uno de los colectivos que velan por la seguridad en el medio rural. Tratan de mantener a raya a los furtivos y realizan mantenimientos esenciales en las fincas y cotos.
guardas rurales furtivismo La labor del guarderío rural es fundamental para mantener a raya a los furtivos.

Los guardas rurales, tras el último decreto publicado por el Gobierno, son considerados personal esencial durante el presente Estado de Alarma. Este colectivo de seguridad privada es considerado auxiliar de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por lo tanto, siguen desarrollando funciones de vigilancia y protección de personas y bienes en fincas rústicas, así como en las instalaciones agrícolas, industriales o comerciales que se encuentren en ellas.

Víctor Villalobos, representante del Sindicato de Guardas Rurales de la Federación de Trabajadores de la Seguridad Privada en Andalucía, es uno de esos vigilantes que trabajan a destajo mientras el grueso de la población guarda confinamiento en casa. Junto a sus compañeros y demás cuerpos de seguridad, sale al campo a evitar que impere el desconcierto. En Cazavisión hemos hablado con él para que nos cuente cómo esta la situación en el campo.

Robos y furtivismo

Según nos explica, los guardas son muy conscientes de a qué se enfrentan estos días, posiblemente “a una oleada de robos y a que se agraven los casos de furtivismo”. Villalobos no quiere ser alarmista, pero avisa que la situación “no es muy halagüeña”. Defiende que, en los momentos de crisis, es cuando algunos valoran esta profesión como algo más que un gasto superfluo: “es necesaria y una medida de incentivar el desarrollo en el medio rural y en los cotos de caza con una sostenibilidad”.

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El colectivo no España a los riesgos del coronavirus. Los guardas están reclamando más medidas para los encargados de la seguridad en los controles de acceso de fincas agrícolas o ayuntamientos rurales, que en muchos casos todavía siguen sin disponer de medios de protección contra el COVID-19. Los trabajadores del sector son considerados como un colectivo con baja probabilidad de riesgo, por lo que desde el sindicato “estamos comprometidos para llevar ante el Gobierno la reclamación de Seguridad Privada en general para ser considerados personal de riesgo”.

A pesar de la situación excepcional que vive el país, el personal de seguridad en el medio rural no baja el nivel de alerta. Junto al resto de cuerpo, los rurales se coordinan para estrechar el cerco a los delincuentes. El trabajo codo a codo con la Guardia Civil y la Policía es fundamental. Además, están en permanente contacto con los Centros Operativos de Servicios (COS).
 
En el mundo rural, la presión que ejerce el coronavirus no es tan alarmante como en los grandes centros urbanos. No obstante, Víctor Villalobos reconoce que va habiendo cierto temor en estos lugares. “Los ciudadanos cada vez más son más conscientes de tomar las medidas de prevención oportunas y aún con el problema de encontrar guantes o mascarillas, la gente ingenia con sus propios medios”, nos comenta el guarda.

Fundamentales en el mantenimiento de los cotos

Con las restricciones de movimiento y confinación, muchas fincas de agricultores, ganaderos o cotos de caza ven restada su atención. Debido a ello, los propietarios recurren a los servicios de vigilancia, “ya que es fácil para los malhechores detectar movimientos de vehículos y esconderse”.

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Pero la labor del guarda rural va más allá de la simple vigilancia. Este personal ejerce (ya no solo en tiempos de crisis), labores de mantenimiento, instalación y cuidado de bebederos y comederos, control de alimañas… Este trabajo cobra ahora especial importancia. Tras las últimas medidas tomadas por el Gobierno, los socios no pueden desplazarse a los acotados y son los guardas quienes se ponen manos a la obra.

“Si el campo no produce, la ciudad no come”

Esto quiere decir además que, tal y como nos confirma Víctor, en los pueblos rurales hay un “respeto absoluto” durante el Estado de Alarma. “Los ciudadanos hacen lo justo y necesario para el mantenimiento de la ganadería y la agricultura y después se van a sus casas a cumplir con el confinamiento preventivo”, detalla el guarda.

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Desde su situación, Villalobos muestra el agradecimiento del colectivo al mundo rural en general, y recuerda que “sin todos ellos no podríamos vivir. Más esencial que el trabajo de nuestros ganaderos y agricultores no hay nada”. Además, lanza una idea que debe calar en la sociedad y que muchas veces se olvida: “si el campo no produce, la ciudad no come”.

Por último, manda un mensaje a la ciudadanía en general para que tome “las medidas oportunas para evitar contagios. “Estamos para servirles y darles el descanso merecido, cuando el propietario de la finca no esté, nosotros velamos por sus intereses”, incide una vez más Víctor Villalobos.