Pasar al contenido principal

Abundancia de corzos y jabalíes en el tercio norte peninsular

Nuestro colaborador Miguel Ángel Romero reflexiona y aporta datos sobre el gran número de jabalíes y corzos existentes en el norte de España que, aunque no lo parezca, puede resultar una maldición para los dueños de los cotos.
jabalí y corzo

Alguien pudiera pensar que esto es una bendición, pero no es así. En muchos lugares, la abundancia supera la capacidad del medio y se producen accidentes y daños que los titulares de los cotos no pueden pagar. Y si no se pagan los daños, viene el juzgado y embarga al titular del coto. Por eso, en varias comunidades, los titulares de los cotos no quieren responsabilidades de tamaña envergadura. Lo malo es que el jabalí está criando durante todo el año y al corzo lo mueve demasiado el lobo.

Las batidas al jabalí

Vuelvo a insistir en que el grave problema que tenemos en el norte de España es la falta de relevo generacional, tal y como también pueden ver en un unas desactualizadas estadísticas estatales que debieran de renovar. Estadísticas que no van más allá del año 2007. Estadísticas que se refieren a las licencias. Un cazador no sólo tiene una licencia. No. Quien más y quien menos cazamos en más de una autonomía. Licencias en las que, además de la cadencia de la edad, repercutirá la crisis internacional. Cuando digo internacional, lo digo porque muchas pertenecen a esos extranjeros que vienen por acá a cazar. También hay muchos que tienen licencia por mantener el arma, pero que no cazan, además de los tiradores de plato y otros. ¡Quedamos cuatro! Y eso repercute en todo. Mientras algún memo quiere obligar a dar batidas efectivas, nos encontramos muchísimas veces con que no tenemos con quien darlas y mucho menos quien se meta a batear el monte por donde les es difícil pasar hasta a los perros. Por estos lares, el monte se ha cerrado como consecuencia de no extraerse las suertes foguerales y de reprimirse con dureza la ganadería extensiva. A los ganaderos de reses sueltas se les acosa a través de los precios y por si queda alguno, no se procede adecuadamente con una cabaña de lobos totalmente sobredimensionada.

El monte del norte no es como el de Despeñaperros para abajo, por donde, en la mayoría de ellos, el perrero camina entre los olivos, las encinas o los alcornoques sin hacerse un rasguño. Cuando vienen a perrear aquí y se encuentran con estos montes tan tupidos, no entran ni perros ni perreros. Llegará el momento en el que sólo se podrán cazar jabalíes a la espera. Cosa poco efectiva, por cierto. Y si no que se lo pregunten a los dueños de los grandes maizales donde se meten los jabalíes y no salen para nada porque dentro tienen de todo (agua, comida, revolcaderos). Luego, los juramentos del dueño de la finca cuando la cosecha allá por Semana Santa, llegan nítidos al Cielo. Hombre, se les saca con chapapote y otras delicadezas, pero no está el horno para bollos. Yo mismo era de los que creía que eso de ir a la espera era pan comido. ¿Pan comido?... Ni les cuento mis peripecias y mis cientos de días que me he venido a casa de vacío a sabiendas de que los he tenido a pocos metros y hasta los he olido. Fíjense si ciertos prebostes serán tozudos,  que hay autonomías en las que no dejan entrar a los bateadores en las manchas armados. Y no dejan a sabiendas de que si te metes por un paso de jabalíes, como se den la vuelta, estás perdido. Jamás se debiera de poner a nadie a decidir sobre Caza sin conocerla en todas y cada una de sus  modalidades. Esto no es rellenar un legajo administrativo.

El corzo

Lo miremos por donde lo miremos, el corzo es una bendición divina que nos ha caído como agua de mayo. Lo que ocurre es que hay ciertos santones que -como les decía antes- se empeñan en burocratizar una caza que cada vez va a más sin que por ello se pueda colgar medallas ningún “cojogestor” provincial. Venga ya.

Hubo una época en la que se controló con guías, precintos, papeleo, sorteos y la madre que lo parió. Pero eso ya pasó. Miren ustedes, en vez de acojonar con la burocratización, lo que hay que hacer es enseñar a que los cazadores tengan en el corzo una alternativa a la caza menor. Para ello lo primero que hay que enseñar es que eso de la “trofeitis” para un cazador normal está, cuando menos, fuera de lugar. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que si le da por ahí, no abata un par de corzos con buenas cuernas para adorno de su casa. Pero hay que educar para que se abatan hembras y los que están sin formar, todo ello en beneficio de una cabaña de mayor calidad.  Ah, y todavía no sé a santo de qué no se aprovecha la carne del corzo siendo, como es, un manjar de los más exquisitos. Sobran revistas con trofeos y faltan otras que fomenten valores de otro tipo.
La trofeitis ha traído un furtivismo de cabezas cortadas que miedo me da decirlo, pero si quieren les hago una relación de los últimos aconteceres. Jamás entenderé a quien, sin ser suyas, cuelga unas cuernas en casa.

Al daño inmisericorde de los furtivos, hay que añadir la rabia que tienen a los corzos los cazadores de batidas de jabalí por llevarse a los perros y porque ellos consideran que no son trofeos dignos. Es más, hay hasta quienes educan a los canes para que no se vayan detrás de ellos y de los zorros (cosa difícil, por cierto) y otros que les endosan un tiro y ahí se quedan para beneficio de zorros, buitres y lobos. Este es un tema difícil de arreglar sobre todo cuando no se llevan los perros atraillados. A mí no se me ocurre otra solución que la de concienciar a los jabalineros para que, si no hay más remedio, obren en consecuencia disparando sin ningún miramiento, pero que lo eviten en la medida de lo posible a fin de dar cuartel a otros compañeros de afición. Todo es posible si se quiere. Al cazador lo que no se le puede es imponer por narices una cosa imposible de reglar.

Qué no pasa nada. Qué corzos hay a patadas. Qué los accidentes en las carretera se suceden y que algún día (por desgracia no muy lejano) habrá que abatirlos por imperativo legal. Que sin llegar a eso, la cosa se puede arreglar con buena voluntad entre cazadores dejando fuera a esos falsos profetas que han demostrado sobradamente ser unos impostores.

(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Autor y shutterstock).