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Movimiento, distancia, estrés y espesura, factores muy a tener en cuenta

Consejos para acertar con la mejor bala en montería

La caza en montería y batida es ciertamente peculiar; extendida y habitual en la Península, fuera de ella su repercusión es mínima, salvo en algunos países concretos del centro de Europa, y ni si quiera en éstos su difusión se acerca a la de nuestro país.
Disparo_Montero_G Disparando en montería e imagen de dos proyectiles, uno deformado tras el tiro y otro intacto.

Buena parte de los proyectiles están pensados, diseñados y fabricados para la caza a rececho, modalidad en la que se dispara sobre animales tranquilos y parados, a distancias medias o largas, y en las que el cazador tiene la posibilidad y la obligación (al menos moral) de buscar el momento perfecto y la posición del animal idónea para efectuar un disparo limpio y certero a una zona vital (conseguirlo ya es otra cosa), mientras que en montería y batida resulta prácticamente imposible buscar circunstancias ni tan siquiera parecidas, siendo el estrés tanto en los animales como en los cazadores el pan nuestro de cada día, viéndonos además obligados a disparar casi siempre sobre animales en movimiento, generalmente a distancias cortas o muy cortas, y en algunas ocasiones medio enmontados.

Tanto el estrés, como la corta distancia de tiro, como el movimiento del blanco, como la posible presencia de vegetación (jaras, retamas, aliagas…) hacen que el proyectil adecuado para esta modalidad de caza deba cumplir una serie de requisitos diferentes a los del proyectil adecuado para la caza a rececho; buscaremos por ello balas duras, hablando siempre en términos relativos, ya que todos los proyectiles de caza, salvo los blindados para la caza de paquidermos, están diseñados para deformarse tras el impacto, pero unos obviamente más que otros.

Proyectil montero

Con proyectiles duros solventaremos en gran medida los tres primeros problemas: para empezar no malgastaremos buena parte de la energía de la bala tratando de provocar un shock que difícilmente conseguirá ser definitivo en un animal estresado, sino que la utilizaremos en romper huesos, en desgarrar tejidos de forma directa, que si bien no suele provocar una muerte tan fulminante, sí asegura ésta, aunque se produzca a algunos metros de distancia.

En segundo lugar conseguiremos la expansión adecuada del proyectil a la corta distancia de disparo propia de la montería, ni más ni menos de la debida, pues esa dureza que pudiera parecer excesiva quedará contrarrestada con la alta velocidad de impacto a tan pocos metros de distancia.

El tercer problema, el de los disparos sobre animales en movimiento sobre los que no podremos buscar habitualmente la posición óptima (cruzados), y que se pueden presentar cuarteados, de frente, de culo o en la posición que sea, quedará también en parte solventado, pues si encontramos exceso de masa o de dureza por impactar en huesos importantes, con una bala dura tendremos muchas posibilidades de seguir alcanzando órganos vitales al no perder tanta masa y al no deformarse tanto la bala como para frenar su penetración.

Para finalizar, el problema del desvío del proyectil por el roce con la vegetación lo reduciremos buscando proyectiles poco aguzados, con la punta más chata o redondeada que la de los típicos spitzer, los proyectiles de punta afilada, tan recomendables para conseguir trayectorias más tensas, pero que a corta distancia no supone ventaja alguna, y que puede suponer un problema al desviarse mucho al menor roce con la espesura.

(Texto: IA Sánchez / Fotos: A. A.-Á. y Autor)