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Claves de seguridad a tener en cuenta en monterías y batidas

A raíz de los dos accidentes mortales acaecidos en tierras gallegas el pasado fin de semana, Francisco Chan nos recuerda en este artículo las normas básicas de seguridad que deben observarse en cualquier montería, batida o gancho en el que participemos.
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Un accidente es un cúmulo de circunstancias que llevan a causar un daño físico tanto personal, como en las posesiones y vidas de terceros. El accidente en la caza se produce cuando la inexperiencia, la imprudencia, el desprecio al otro y la falta de disciplina se juntan. La mala suerte, el imponderable, o la desgracia natural por si solas producen poquísimos casos de daños. Es cuando se suman la mala suerte y la imprudencia cuando hay víctima seguro. ¿Cuáles son las causas más comunes de accidentes en la caza?

a) Transporte de armas, enfundado y desenfundado. Quiero en este apartado señalar los accidentes que se producen por negligencia al haber guardado o transportado armas cargadas fuera del campo donde se ejerce la acción venatoria, aquel que transporta un arma cargada en un coche, es un negligente, un furtivo o ambas cosas. En los recechos, que son acciones de caza individual, al margen de tropezones o resbalones, los pocos accidentes que suceden son cuando enfundamos o desenfundamos el arma, ya llegados al coche. Ese arma, evidentemente debería haberse descargado antes y portarla con la recamara abierta, máxime cuando estas operaciones de enfundado y desenfundado se realizan siempre en posición horizontal, lo cual provoca que cualquier disparo accidental hiera, con seguridad, al compañero o al guía.

b) Accidentes en el hogar. También se producen accidentes en el hogar al dejar las armas fuera de los obligatorios armeros de seguridad. Debieran, evidentemente sus llaves estar escondidas. Si quedasen al alcance de los niños, la posibilidad de tragedia estaría servida. Aunque la actual reglamentación solo obliga a custodiar los rifles en un armero homologado, el sentido común nos dicta que ese mismo tratamiento se lo debemos de procurar a las armas de ánima lisa.

c) La falta de formación. El manejo inapropiado de un arma de fuego es en muchas ocasiones por falta de formación. ¿Cuántas veces hemos escuchado de un veterano conejero que lleva cuarenta años con la escopeta en la mano y nadie le da clases?... Yo más de una. Uno de los problemas es la falta de instalaciones y campos de tiro homologados para que los cazadores de mayor puedan practicar, regular sus miras, recibir cursos, etc. Los sesenta mil cazadores gallegos, en esta cuestión jamás han costado un duro a la Administración.

Rompiendo un mito: el rebote de proyectiles

La capacidad de rebote de un proyectil depende de que conserve energía después de impactar. La energía depende a su vez de que concurran dos circunstancias, una que dicho proyectil conserve velocidad suficiente y otra que conserve su masa.

En el caso de los rifles con puntas deformantes para caza, es difícil que el proyectil conserve su masa, una vez haya impactado en la tierra, raro es el caso en el que encuentran el proyectil entero. En el caso de los rifles, aparte del disparo fortuito, que en ello están a la par con el uso de la escopeta, el incidente más habitual, es el alcance por disparo perdido a gran distancia. Esta es la mayor precaución que hay que tener en cuenta junto con el disparo al viso.

Es pues falso que las balas de rifle sean más propensas al rebote que las de escopeta. Estas últimas al ser más lentas y pesadas conservan su masa y por poca velocidad que lleven, su energía residual es suficientemente letal en el rebote. Así, debemos tener un especial cuidado al disparar a una pieza de caza cuando tenemos un compañero en un plano superior.

Armas enfundadas

La  mejor defensa es un ataque, y la mayor seguridad durante el camino a los puestos, es que las armas estén enfundadas. La legislación en Galicia, por ejemplo, no tiene previsto esta cuestión. He visto como en ocasiones alguno de los que se dirige al puesto, no solamente lleva el arma desenfundada, incluso llegan a presumir de tenerla cargada por si acaso. Sería rarísimo -yo no lo he visto nunca-, que un jabalí saliese mientras se colocan los puestos. Si eso ocurriese ¿Qué haría alguien con un arma desenfundada y cargada? Seguramente disparar, poniendo en peligro a todos sus compañeros, evidentemente.

La importancia de la emisora y los chalecos reflectantes

La emisora nos permite intercomunicarnos con nuestros compañeros. Pero su principal función es la coordinación y la seguridad. Por la emisora escuchamos la orden de comienzo de la batida, la información de la suelta. También oímos la orden de recoger, de descargar las armas y esperar a que el postor, jefe de la armada o simplemente el compañero responsable nos recoja.

Otro elemento de seguridad es el uso del chaleco de seguridad en batidas y monterías, ya sea naranja o amarillo El naranja es el más visible para el ojo humano y el que más nos camufla ante un suido. Se usa el amarillo porque un pequeñísimo porcentaje de la población son daltónicos, y estos no ven bien el naranja, en cambio sí distinguen perfectamente el amarillo. Eso sí, un chaleco de seguridad para caza nunca debe llevar una banda reflectante, eso sí que resulta un auténtico faro.

La seguridad en la colocación de las posturas, deberes del montero y sus responsabilidades

Las normas básicas de seguridad en ganchos batidas y monterías, a estas alturas debieran ser conocidas por todos.

En primer lugar, respetar las normas e indicaciones del jefe de cuadrilla, cuya función y responsabilidad quedan comprometidas porque es la persona responsable cuando firma la lista de cazadores. Este deberá de asegurarse que el cazador que se anota, esté en posesión de toda la documentación, seguros incluidos necesarios para el ejercicio responsable de la caza.

Muchas de las cuestiones necesarias para una jornada de caza mayor segura, ya las hemos ido desgranando con antelación. Aquí nos centraremos en respetar unas pautas muy básicas:

  • No moverse del puesto que se nos indica. El postor que ha colocado nuestra armada nos recogerá.
  • No disparar en línea de nadie, no disparar hacia la mancha que se está batiendo.
  • Usar siempre chaleco de seguridad y hacerse ver con los puestos adyacentes antes de empezar la cacería.
  • Entrar y salir del puesto con el arma descargada y enfundada.
  • Identificar perfectamente la pieza de caza, no tirando al taraneo o al bulto y asegurarse que la bala se entierra.
  • No sacar el seguro hasta el momento inmediatamente anterior al disparo.
  • No intentar mejorarse, ni disparar a una pieza lejana que le cumple a otro compañero (no es de gente cabal cortar la caza).

En cuanto a la colocación de los puestos, ésta debe hacerse siempre de forma que el ángulo de tiro le quede claro a cada puesto. Entre ellos, y aprovechando accidentes orográficos, no debería existir la posibilidad de alcance de un disparo.

Nunca colocar los puestos de las armadas en zigzag, ni en forma de círculo disparando a hacia la mancha rodeada. Tampoco situarlos en las zonas de seguridad (100 metros a las viviendas, y 50 metros a las vías principales).

En la mayor parte de los casos, si la mancha es pequeña y es preciso rodearla, o armar un cortafuegos o camino ancho, es necesario que los tiradores se coloquen de espaldas a la mancha que estamos batiendo, disparando a pieza pasada. De esta forma nuestros proyectiles cada vez se alejarán más de los compañeros que están en línea, a derecha o izquierda. Si lo hiciésemos al contrario, cada disparo se acercaría más a nuestros compañeros, o incluso podríamos disparar sobre los perreros que están monteando dentro de la mancha. Esto no se debería confundir con el manido concepto de la prohibición de disparar a línea de retranca.

Asimismo, en cuanto a la colocación de carteles de señalización de las batidas, es responsabilidad del jefe de batida no olvidar que el monte, además de por nosotros, también es usado por más gente. Así, será preciso colocar en todas las entradas de la mancha a batir carteles provisionales anunciadores de que se está realizando una batida; tanto por el bien de terceros, como por nuestra comodidad para evitar que importunen el desarrollo del lance.

Bien, solo me resta pedirles que pongamos todo esto en práctica, para que nunca sea alguien de nuestro entorno al que vayamos a echar de menos.

(Texto: Francisco Chan Méndez. Fotos:Alberto Aníbal-Álvarez y Miguel Ángel Romero Ruiz).