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Fue abatido por Carlos Blanco, quien ya en 2013 abatiese otro magnífico ‘peluca’ en Urbión

Cazan un impresionante corzo en peluca negra en Las Batuecas

Ya son varios los corzos en peluca cuya caza compartimos con vosotros en esta página, el último de ellos, cazado por nuestro amigo Carlos Blanco el 11 de octubre, de la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas (Salamanca) y con un extraordinario trofeo.

Aunque en elcotodecaza.com quizá algunos lo recuerden por la excepcional hembra de cabra montés que abatió el año pasado (15 de octubre) en la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas, Carlos Blanco es un cazador al que nos une una especial relación desde hace tiempo, cuando Alberto Aníbal-Álvarez aún estaba con nosotros y dimos cuenta del cobro, por parte de este cazador abulense, de un increíble corzo en peluca en la soriana Reserva Regional de Caza de Urbión.

Fue la revista hermana Caza Mayor, de la que Blanco es un fiel seguidor, la que asombró al sector venatorio con las palabras y fotos de aquella cacería soriana, pues si bien los casos de ‘pelucas’ en la actualidad parecen más frecuentes y su abate es muy valorado por los corceros de nuestro país, hace tan sólo cinco años o bien había menos machos con esta singularidad y eran más difíciles de encontrar, o su caza no tenía tanta repercusión como ahora.

Con la guardería de Urbión, junto al extraordinario 'peluca' cobrado por Carlos Blanco.

Sobre el cazador

A tenor de lo anterior, con dos excelentes ‘pelucas’ en su haber y una cabra montés que también sorprendió a propios y extraños por su enorme longitud, además de otra cabra con un cuerno enroscado, pudiera parecer que Carlos es un cazador de ‘rarezas’, y tampoco es el caso.

Apasionado corcero desde hace muchos años, con cotos en Soria y Ávila, este cazador también muestra predilección por los venados en berrea, recechándolos desde hace 12 años en el cuartel 3 de la Reserva de Urbión, y la caza de machos monteses y cabras, llevada a cabo en los últimos tiempos en la Reserva de Las Batuecas, además de las duras perdices tras las cuales sale en un coto cercano a Madrigal de las Altas Torres.

Curiosa cabra montés de Las Batuecas, con un cuerno enroscado.

¿Por qué corzos en Las Batuecas?

Teniendo en cuenta que el plato fuerte de Las Batuecas son las cabras monteses, la curiosidad nos lleva a preguntar a Carlos Blanco por su interés en recechar en esta Reserva también los corzos, a lo que responde que, el año pasado, durante un permiso de monteses, pudo ver un corzo en peluca al que denomina “peluquín” (su trofeo constaba de una vara en el lugar de un cuerno y una masa en forma de bola sustituyendo al otro), así como otro macho multipunta, lo que le decidió a adquirir dos permisos de esta especie para 2018 en el portal de subastas de caza de las Reservas de Castilla y León (subastasdecaza.com).

El corzo, en el precioso lugar del abate.

La historia de este ‘peluca negra’

Para Blanco, la consecución de este extraordinario trofeo se debe a la labor de la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas en general y al exquisito trabajo de su guardería en particular, dentro de la cual se encuentran Ignacio Martín Viñas y Ana Belén Sánchez, con quienes Carlos cazó en 2017 la cabra montés a la que nos hemos referido anteriormente.

Desde que Nacho lo descubriera en abril en su cuartel de Monsagro, donde se han dado algunos casos de ‘pelucas’, el guarda se interesó mucho por este ejemplar, que vivía en un espeso brezal de gran altura y al que, a pesar de sus esfuerzos, sólo vio en cinco ocasiones durante cinco largos meses.

El impresionante trofeo, visto desde ambos lados.

Sin embargo, a pesar de los fugaces y escasos avistamientos, Martín Viñas pudo valorar que se trataba de un corzo viejo, con un acusado deterioro físico, y de trofeo sobresaliente por su rareza.

Carlos entra en acción

Pues bien, en la recta final de la temporada corcera en Castilla y León era cuando Carlos tenía el permiso de caza, por lo que antes de llegar a este emblemático cazadero salmantino, el celador le puso en antecedentes sobre este macho singular, que tras el verano había empeorado su estado físico y se veía obligado a salir a comer a la pista que atraviesa el brezal, lo que había permitido a Nacho controlar aún más los movimientos del animal (encame, cagarruteros, entradas y salidas…).

El cazador nos confiesa que tuvo suerte en las fechas de su permiso, ya que se aprovechó de la larga labor del guarda y de que el corzo, que con seguridad no pasaba este invierno, se tornase más visible.

Carlos y Nacho, felices con la pieza abatida.

Así las cosas, en la tarde del 11 de octubre, después de una lluvia que paró y permitió ver incluso el sol, a las seis Carlos localizó un animal en un claro dentro del brezal a gran distancia y, si bien pensaba que se trataba de una cabra montés, le dijo a Nacho bromeando: “¡ahí está el corzo!”, a lo que el guarda, tras tantos meses en pos del mismo, contestó que “no está la cosa para bromas”.

Pero era cierto, lo que veían a través de los prismáticos era el ‘peluca’ de marras, así que mientras Nacho permanecía en el lugar para dar indicaciones a Carlos sobre la entrada y si el corzo se movía, nuestro cazador, con su Blaser R8 del 7 mm. RM, visor Swarovski Z8 2,5-18x56 y munición Norma punta de plástico de 175 grains, fue ganando metros al macho hasta colocarse a una distancia de 200 metros.

Preciosa imagen del corzo en peluca en el cazadero salmantino.

Con el bicho de frente mordisqueando unos brezos, Carlos Blanco aguardó tumbado a que le diera el costado para asegurar el tiro, lo cual hizo después de un movimiento para sacudirse el agua de lluvia, escuchándose a continuación la detonación y provocándole el proyectil, perfectamente colocado, una muerte instantánea.

Blanco había quedado tumbado en el suelo disfrutando de esos instantes, por lo que los gritos del guarda le asustaron pensando que el ‘peluca’ se había levantado y emprendido la huida. Pero no se trataba de gritos de alarma, sino de alegría al ver recompensado su trabajo con el abate del corzo.

La sensacional y oscura peluca, vista desde atrás.

El corzo en sí

Además de encontrarse esquelético (Carlos nos habla de un cuerpo de 12 kilos y de 4,2 kilos de cabeza, por lo que no se explica cómo con semejante cuello -lo abarcaba con una mano- y tan delgado, era capaz de soportar semejante cabeza), el animal evidenciaba ser viejo, unos 7-8 años, con unas muelas completamente lisas.

Segundo corzo en peluca abatido por el cazador abulense Carlos Blanco.

Respecto al trofeo, con esa espectacular y dura ‘peluca’ negra que le impedía ver por el ojo izquierdo y parcialmente por el derecho, os dejamos que seáis vosotros quienes lo juzguéis a partir de las muchas fotos que acompañan estas líneas, a las cuales ponemos punto final felicitando a Carlos Blanco por este increíble corzo en peluca abatido, al celador Nacho Martín por su gran profesionalidad y a la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas por su magnífica gestión venatoria.  

(José María García Medina)  

Nota. Bajo estas líneas tenéis el vídeo de nuestro canal de televisión temático Cazavisión con el lance al corzo en peluca que Carlos Blanco abatió en la Reserva Regional de Caza de Urbión en 2013.