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Buena de jabalíes y venados y cada vez con mayor protagonismo de gamos y muflones

Balance de la temporada montera

Acabamos de dejar atrás un nuevo curso montero, el 2014-15, por eso nos parece oportuno hacer el siguiente balance -tal vez algo apresurado- de lo que ha dado de sí esta temporada de monterías.
Balance_Montero_G El venado ha sido uno de los grandes protagonistas de la campaña montera.

De nuevo el jabalí, a lo largo y ancho de nuestra geografía, ha mandado en las juntas de carne de la mayoría de citas monteras, demostrando que es la especie más abundante de nuestra caza mayor (ocupa cada vez más espacios que antes no le eran propios y sus tasas de crecimiento anuales son altas) y la que más seguidores tiene tanto en batida como en montería. Su temporada, después de miles de jornadas con él como protagonista exclusivo o acompañado de venado, muflón o gamo, ha sido buena en cantidad, especialmente tras la irrupción del frío en los cazaderos. En relación a la calidad de los trofeos, podemos definir esta campaña cochinera como normal, habiéndose cobrado bastantes machos de excelentes defensas, aunque éstos siempre nos parezcan pocos dentro del total de capturas.

Venados, muflones y gamos

No cuenta con las poblaciones de jabalí, pero aun así el venado cumple con creces llegado el tiempo de las monterías. Sus densidades han aumentado una barbaridad en los últimos años, lo que le ha llevado a colonizar nuevos territorios en abierto. Así las cosas, el concurso montero del cervuno hoy en día resulta más que notable, y la temporada 2014-15 ha sido fiel reflejo de ello, sobre todo su primera mitad, donde se abatieron muchos y bonitos venados en las citas serranas del centro y sur peninsulares. Puede que la sequía padecida durante algunos meses de 2014 afectase a los trofeos de esta especie, aunque no tanto como para afirmar que esta campaña de caza del venado ha sido mala en el plano cualitativo. Quizá cuernas algo más delgadas, quizá trofeos no tan bien rematados, sin embargo no como para echarse las manos a la cabeza por el desplome de la calidad. A todo lo anterior hay que sumar la caza de ciervas en montería, cada vez más generalizada y que suma mucho de cara a los rendimientos totales anuales de esta especie.

Desde la irrupción de la crisis, de forma progresiva, merced a la reducción de la demanda montera y a la consecuente bajada del precio por cazar en esta modalidad, muflones y gamos han comenzado a popularizarse y a tener un papel de mayor trascendencia en el cómputo global del curso de caza mayor. En el ejercicio venatorio que acabamos de dejar atrás han estado a buen nivel tanto en número de abates como en calidad de trofeos, ofreciendo algunas monterías memorables principalmente en los dos primeros meses de la temporada. Esperemos que la tónica de estas dos especies siga en línea ascendente, pues tanto su mayor accesibilidad a economías cazadoras más modestas como sus buenos registros cinegéticos están contribuyendo a poner a ambas en el buen lugar que les corresponde.

Sobre crisis, accidentes y rehalas 

La crisis no se ha ido. Eso es cierto, sigue golpeando al mundo de la caza en general y al de la montería en particular, por lo que cualquier balance ha de entenderse siempre dentro de la coyuntura marcada por la crisis socioeconómica. ¿Ha habido algo más de alegría montera con respecto a años anteriores? Seguro que sí, aunque no como para afirmar que las dificultades han sido superadas, ya que los precios, a pesar de reducirse de nuevo en líneas generales, no han impulsado lo suficiente la demanda de caza en esta modalidad. El panorama actual no es el mismo que el de hace tres o cuatro años, es mejor, y tampoco es el de hace diez años, es peor y costará acercarse a él, por lo que hasta que nuestra economía ofrezca mejores números, bueno será que el sector montero avance, por poco que sea.

No son muchos los accidentes acaecidos en monterías, ésa es la verdad, pero por pocos que sean, nos deben hacer reflexionar sobre las necesarias medidas de seguridad a tener en cuenta cada vez que acudimos a un puesto. En el ya pasado ejercicio montero hubo que lamentar accidentes, algunos con trágicos desenlaces en forma de cazadores muertos, pero éstos sobre todo se produjeron en las batidas cochineras del norte, en las que habría que extremar la precaución y prudencia por desarrollarse en escenarios de orografía más abrupta y con vegetación más espesa.

El no concurso, el no acudir a los puntos de suelta por parte de las rehalas durante la campaña 2014-15, podría haberse considerado otro accidente, aunque éste de distinta naturaleza a los antes referidos. Menos mal que el denominado “conflicto de las rehalas” tuvo una solución satisfactoria al acercar sus posturas el Ministerio de Empleo y Seguridad Social y la Mesa en Defensa de la Rehala y la Montería Española, pues de no haberse llegado a un acuerdo entre las partes, el golpe habría sido mortal para rehaleros y rehalas en particular y para el entramado montero en general, ya que no olvidemos que sin rehalas no hay monterías, igual que no hay batidas sin jaurías o recovas.

(Texto: José María García / Fotos: Francisco Fernández y Félix Sánchez)